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Royal Porthcawl Golf Club (Gales)

6 de mayo de 2016 2 comentarios

Nos ponemos el traje de gala (en Gales, claro) para visitar uno de los links más puros y mejores del mundo, el campo de Royal Porthcawl, en la costa de Glamorgan al oeste de Cardiff. El traje de gala, digo, en sentido figurado, porque en abril es más aconsejable ir bien abrigado: aquí hace mucho frío y mucho viento. Y puede salir el sol igual que te puede caer una granizada heladora. En la foto, el magnífico par 5 hoyo 5.

Hoyo 5 RP

Es difícil encontrar un terreno links con mejores vistas que este, donde, gracias a la ausencia de grandes dunas y a una disposición ligeramente inclinada hacia el mar, en cada hoyo se pueden ver las aguas del canal de Bristol. Y de estas aguas viene un viento huracanado y que hace que la experiencia de golf sea de las más duras que uno se puede encontrar. Estamos en un links puro y duro: duro porque aquí se sufre. Aviso a ese turismo de golf amante de las vueltas en buggie de golf por campos manicurados, sol y bonitas vistas: este no es vuestro campo. Este es un vídeo promocional del campo.

El club fue fundado en 1891 con 9 hoyos. En 1895, Ramsey Hunter creó un recorrido de 18 hoyos. En 1909 el rey Eduardo VII le otorgó el título de Royal. Posterior a su diseño dos arquitectos míticos han modificado ampliamente el recorrido: Harry Colt en 1913 y Tom Simpson en 1933.

El routing no dispone los hoyos en un esquema de mariposa o lazo, con hoyos de ida y vuelta como es costumbre, sino que los hoyos van cambiando de dirección, con lo cual sopla el viento de manera diferente en cada hoyo. Como es norma en los campos clásicos, los tees de salida siempre están admirablemente ubicados muy cerca de los greenes del hoyo anterior pero sin molestar en absoluto.

Aquí todo conspira contra el jugador: aunque no hay casi rough (salvo cuando lo hay, que es selvático), hay zonas de tejos (gorse) en los hoyos centrales. Los búnkers son profundos y dan una enorme sensación de naturalidad. Y los greenes son ondulantes, rápidos y duros como si fueran de cemento, y a menudo cuentan con escapatorias naturales deliciosas y temibles. Realmente difícil puttear en estos greenes. Y claro, el frío y el viento.

Los dos primeros hoyos son sendos pares cuatro paralelos a la costa con el viento proveniente de la izquierda. El hoyo 1 nos expone a todo el recorrido del par 4, con amenazadores bunkers en los costados.

Hoyo 1 Royal Porthcawl

El magnífico hoyos 2 tiene un tiro de salida hacia el viento con un fuera de límites por todo el borde izquierdo de la calle. En la foto panorámica se puede ver el green del hoyo 1 (izquierda) y la calle del dos en la derecha.

Hoyo 2 RP

El green también cuenta con la playa por detrás del green, por lo que resulta imprescindible no pasarse.

Hoyo 2 RP

El hoyo 4 es el primer par tres, un tiro muy largo a un green muy complicado.

Hoyo 3 RP

El primer par cinco es el hoyo cinco; con el viento de cola conseguiremos tirar a green de dos, un green elevado y alargado en lo alto de una duna y con una entrada preciosa.

Hoyo 5 entrada RP

Tras ascender la duna, y muy cerca del green tenemos el tee del hoyo 6. Entramos en una zona con más vegetación, los clásicos tejos de los links británicos. Desde el tee no se ven más que un montón de bunkers pequeños bombardeados por toda la calle de este par 4, y la duda es qué dirección elegir para no caer en estas trampas. Más problemas aguardan: con viento a favor, cómo diablos se para la bola en este green cruzado, con un bunker trasero en el mismo que atrae todas las bolas como un enorme imán.

Hoyo 6 Salida RP

El hoyo 7 es una pequeña joya, quizá el más icónico del recorrido. Un par tres muy cortito con un green alargado, super curvado y totalmente rodeado de 6 búnkers pequeños.

Hoyo 7 Royal Porthcawl

El siguiente hoyo 8 es un par cinco, dogleg hacia la izquierda, donde la calle está bordeada de un pequeño muro de piedra que naturalmente marca un fuera de límites. El green, en una duna ascendente, está bien protegido por bunkers, aunque el peligro está en el segundo tiro, que debe superar dos bunkers de calle que ocupan toda la calle, muy cerca del muro.

Hoyo 7 calle RP

Como todo buen links clásico, el tee del hoyo 9 sobrevuela el green del 8. Es un par 4 corto, en dogleg hacia la izquierda, y con muchas montañitas, valles y bunkers por el camino.

Hoyo 9 RP

El 10 nos enfrenta a un tiro desde las alturas a una calle serpenteante, con el canal de Bristol al fondo. El viento en contra hace más complicado el tiro.

Hoyo 10 RP

Tras un par 3, el hoyo 12 es un par 5 con una salida semiciega pero recta. No es mala oportunidad de birdie, con el viento a favor, si conseguimos tirar recto.

Hoyo 12 RP

En el hoyo 13, un difícil y precioso par 4 en descenso hacia el mar, nos cayó una granizada heladora. Una estaca marca la dirección al green desde el tee de salida. Gran hoyo de golf.

Hoyo 13 RP

El hoyo 14: un extraordinario par 3, con un green muy difícil de capturar, y bien protegido por muchos bunkers.

Hoyo 14

Los hoyos 15 y 16 son sendos pares 4 de gran dificultad y escasa fotogenia. El 17 es un par 5 en ligero dogleg hacia la derecha. Conseguí llevar la bola al green de dos golpes (con huracán a favor). Por último, el hoyo 18 es un hueso tremendo hacia el mar, un par 4 recto y en descenso.

Hoyo 18 RP

En el año 2014 se disputó, por primera vez en Gales, un major, el Senior Open Championship. Royal Porthcawl fue testigo de la paliza de Bernhard Langer, que sacó 13 golpes al segundo clasificado Montgomerie, la mayor diferencia conseguida en un grande.

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Estatuas de golf

11 de noviembre de 2015 Deja un comentario

A veces ir a un campo de golf es como ir a un museo. Y no me refiero a los venerados links. Una de las cosas que más solera da a un campo es vestirlo con una placa conmemorativa, un cartel o incluso una estatua; en esta generación selfie, donde todo el mundo tiene un móvil en el bolsillo, las estatuas son mucho más fotogénicas que un prado verde con una bandera al fondo. Así que, señores responsables de campos, pongan una estatua junto al green del 18.

Por ejemplo, en Tralee, un gran links irlandés, ¿Quiere usted que se sepa bien claro que Arnold Palmer ha diseñado el campo de golf? Nada mejor que una estatua en tamaño real, para dar la oportunidad del selfie de turno.

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En Ballybunion, otro links de los mejores, se recuerda la partida de un gran jugador, un caballero dentro y fuera del campo y que falleció trágicamente y se convirtió en una leyenda.

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Waterville, un campo links muy activo en esto del marketing, es un festival de placas y estatuas. ¿Se muere usted por comunicar que en su campo también jugaba regularmente Payne Stewart? Una placa sería poca cosa: estatua al canto.

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La más famosa estatua de Payne Stewart, recreando la celebración de un putt, es la que preside la entrada en el campo de Pinehurst, que fue donde ganó su US Open en 1999.

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Sigamos en Waterville: ¿Y que pasa con el diseñador del campo? ¿Acaso no merece otra estatua? Pues se pone otra y punto.

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¿Cómo se puede hacer recordar al jugador que pisa un terreno sagrado? Explicando la historia del hoyo más famoso del campo. La historia es estremecedora.

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¿Hay proezas que deben ser recordadas? No hay problema: otra placa más.

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Y otra placa más recordando el punto más escénico del campo.

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En Killeen Castle hay una estatua icónica del diseñador del campo haciendo un swing.

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Aunque el gesto más recordado de Jack Nicklaus lo podemos ver inmortalizado en el Salón de la Fama de Georgia.

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O en Muirfield, Ohio, el campo del Oso Dorado, enseñando a un niño.

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O en Valhalla, en Louisville, Kentucky, como diseñador, con Dwight Gahm, el fundador del campo.

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La estatua más fea que he visto nunca es la de Pete Dye en la entrada del Teeth of the Dog, en República Dominicana. La verdad es que él nunca fue un adonis.

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En España, obviamente rendimos homenaje a Seve Ballesteros con dos estatuas: Una en Santa Marina que recrea su swing.

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Y otra en Pedreña donde se recrea, quizá con menor fortuna, su triunfo en el Open Championship.

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Añado la estatua más fea, extravagante y ridícula que he visto nunca. Está en el campo de golf de Las Matas (el Nuevo Club de Campo). Un tipo sin ropa haciendo un swing.

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Un amigo me envía una placa del Glen Abbey Golf Club, en Ontario, Canada, con la hazaña del jugador más ilustre que ha pisado sus calles.

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Lo curioso de la placa es que no recree el golpe con el que ganó el torneo, uno de los más famosos de su carrera, golpe del año en el PGA Tour del 2000; desde un bunker de calle Tiger dispara un hierro 6 de 195 metros.

 

 

Portmarnock Golf Links, Irlanda

25 de noviembre de 2013 1 comentario

Decir Portmarnock es nombrar un lugar mítico en Irlanda para el golf, aunque hay dos campos con este nombre. Portmarnock Golf Club es un campo de 1894, con una mística especial por su historia y por ser considerado uno de los mejores links de Irlanda. Hoy comento el otro campo, Portmarnock Golf Links, un links moderno (abierto en 1995) y diseñado por un golfista famoso pero poco ligado a Irlanda o los links: el alemán Bernhard Langer. El campo está asociado a un hotel, y es el lugar ideal para cerrar un viaje de golf por Irlanda: su localización a 20 minutos del aeropuerto lo hace perfecto para cenar en su buen restaurante, dormir, disfrutar de una vuelta tempranito, darse una ducha, comer y volar. Y todo por menos dinero de lo que piden en el Portmarnock viejo y famoso por un green fee.

En la foto, la calle del hoyo 1 con el único árbol del recorrido. Más a la derecha yace un cementerio, en el que reposan los restos de John Jameson IV, un gran hombre ligado a la destilería de whisky dueña del club.

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El campo es un links y como tal da la sensación de haber estado años ahí. Es asombrosa la sensación de naturalidad que existe. Se nota un cierto orden en la colocación en los bunkers, más que nada por su ubicación estratégica y su construcción. Nos encontraremos dunas, desniveles, el mismo tipo de calle dura y ondulada y greenes con muchas caídas y a un gran nivel. Este es el green del 1.

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Algunas casas salpican la vista del hoyo 2, aunque su ubicación no supone ningún peligro para sus habitantes, no como ocurre en demasiados campos españoles, nacidos en pleno boom inmobiliario. Este es el approach al green del 2, donde como vemos tenemos bunkers para elegir.

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El hoyo 3 es un par 3 de unos 150 metros. Dependiendo del viento podemos pegar desde un hierro 7 hasta una madera 3. Esta es la gracia de los links. Al fondo, el hotel del golf.

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Los siguientes dos hoyos discurren en el mismo sentido. El hoyo 4 es un par 5 de casi 500 metros, por lo que si el viento sopla en contra el reto puede ser brutal. Por lo demás es una calle bastante ancha y recta con 8  bunkers cerca del green.

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Después de un par 4 recto, el hoyo 6 es otro par 5 en sentido contrario al hoyo 4. La calle gira un poco hacia la derecha. Y muchos arbustos a los lados de los que permiten la entrada de bolas, pero no la salida.

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El hoyo 8 es el primer hoyo notable, un dogleg precioso entre dunas hacia la izquierda. Hay que poner la bola en calle en el sitio preciso para tener visibilidad a un green muy protegido por dunas.  Los pot bunkers de calle no suelen ser excesivamente duros y permiten jugar hacia el green.

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El hoyo 9 es un par 3 precioso junto al mar, donde disparamos a un green sin bunkers pero elevado.

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El hoyo 11 es para mi el mejor par 3 del recorrido, un precioso tiro desde lo alto, casi desde la orilla del mar, a un green inclinado y bien protegido por bunkers.

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El campo cuenta con una serie final de hoyos extraordinarios. En el hoyo 14, un par 5, Langer esconde literalmente un enorme bunker en el medio de la calle. Si sopla el viento la bola puede aterrizar mansamente en esta trampa de arena, sólo visible cuando estas junto a ella.

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El hoyo 15 es un dogleg hacia la izquierda extraordinario, porque obliga a tener un segundo tiro quizá semiciego y que debe sortear muchos peligros.

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El hoyo 16 es un par 4 maravilloso en dogleg, a un green bien protegido por una serie escalonada de bunkers.

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Otro gran par 3 al terminar, el hoyo 17. Langer sitúa el green en alto y coloca un bunker en su parte izquierda. Cualquier bola no precisa puede terminar en las escapatorias del green.

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Jugamos un par 4 paralelo a la playa y con salida en alto desde dunas a una calle que gira ligeramente. Este es el magnífico green del 18, un buen hoyo para terminar este links.

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Marina Bay Golf Club, Singapur

30 de julio de 2013 1 comentario

Singapur es un país muy curioso. William Gibson definía a este país-ciudad como “Disneylandia con pena de muerte”. En comparación con su vecina Malasia, Singapur es un oasis de limpieza, orden y riqueza. Esta diferencia es más sorprendente si pensamos que Singapur fue fundado hace muy pocos años, en 1969. Pero como todo nuevo rico, para muchos resulta un país algo artificial, sin alma. Para lo que nos ocupa en este blog, Singapur es un interesante destino de golf: en sus algo más de 700 km2 podemos encontrar más de 10 campos de golf. Desde lo alto del famoso Sands Sky Park y junto a decenas de enormes buques esperando atracar en puerto, se extiende el campo de golf de Marina Bay.

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En las escasas horas disponibles en mi viaje por la zona, mi intención era jugar en alguno de los campos con más nombre del país: el Serapong de Sentosa, sede del Barclays, el Tanah Mera o el Laguna National, también campos muy famosos. Pero los campos suelen ser privados y piden precios prohibitivos para jugar: en Sentosa, por ejemplo, unos 700 dólares de Singapur (algo más de 400€). Singapur empieza a ser muy caro hasta para los habitantes de Singapur, aunque paguen un máximo de 16% de impuesto de la renta. Con más tiempo, al parecer lo mejor es irse a jugar a Malasia. Me recomendaron Marina Bay por ser un campo público (el único de Singapur), barato (menos de 100 euros), muy cercano y por gozar de unas vistas privilegiadas del skyline de la ciudad.

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Marina Bay es un campo con una configuración muy similar a la de los links. Cada ondulación del terreno, árbol, bunker o green ha sido preparado para imitar los links británicos. El campo fue abierto en 2006 y lleva la firma del arquitecto sudafricano Phil Jacobs, un diseñador que trabajó con Gary Player durante muchos años hasta independizarse en el 2003. Evidentemente no es un links, puesto que la hierba es diferente, la superficie es más blanda y los 96 pot bunkers están totalmente prefabricados: sus paredes son de un plástico blando muy curioso. Es un campo jugable a cualquier hora del día o de la noche: cuenta con farolas que iluminan todo el recorrido. En la foto, el green del hoyo 1, con la la casa club y la red del campo de prácticas en la parte izquierda y un pot bunker en la parte final del green. Este green está protegido por un arroyo ubicado en su parte frontal, también típico de los links.

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Estuve a punto de no poder jugar, porque me pidieron un “certificado de handicap”. Menos mal que tenía el móvil y pude acceder a la web de la Federación Española y mostrar mi handicap al caddy master. Como es habitual en Asia, el golf se juega en buggy: el calor y la humedad hacen muy complicado jugar andando, excepto claro los valientes del Asian Tour. En el hoyo 3 la calle discurre paralela a una macro construcción de un túnel que unirá Singapur con la isla de Sentosa, y que pasa por debajo del campo. Hay cientos de grúas trabajando y mucho ruido, algo no habitual en un campo de golf.

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Las calles son bastante anchas y el peligro es caer en uno de los 96 pot bunkers que salpican todo el recorrido. También es peligroso si la bola viene a reposar en un arbusto fuera de calle. Según me explicó mi compañero de juego, es el lugar que las cobras eligen para descansar. Un incentivo muy interesante para ir recto.

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Como se puede ver las calles estaban perfectamente mantenidas y siempre con la ondulación típica de los links.

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Paralelo al hoyo 5 impresiona la vista de la bahía, con centenares de enormes buques esperando para entrar en este inmenso puerto. No conviene despistarse porque los pot bunkers abundan y además están bastante mal rastrillados.

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El hoyo más significativo del campo es el par 3 hoyo 13, un green en isla ubicado a unos 130 metros del tee. El tiro está enmarcado por la reconocible vista de Singapur y el espectacular hotel Marina Bay Sands.

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Los últimos hoyos del recorrido los jugamos bajo la luz de las focos. Curioso como el vuelo de la bola se ve muy bien aunque a ratos desaparece. Las caídas están bien visibles aunque resulta un poco raro jugar así.

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En el hoyo 16 del recorrido me sorprendió ver un búnker gigantesco en medio de la calle, quizá un homenaje al muy similar Shell’s Bunker del Old Course en St Andrews. Que me perdone Old Tom Morris por la comparación, aunque también la hacen los gestores del campo en su web.

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Estamos ante un campo curioso, divertido, relativamente fácil y amable en un entorno espectacular: un buen campo público que mejora la zona y permite unas horas de sano y revitalizante esparcimiento nocturno.

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Royal Portrush Golf Club (Valley Course), Irlanda del Norte

19 de julio de 2013 1 comentario

Ya he comentado en un post anterior el extraordinario Dunluce Course de Royal Portrush, obra maestra de Harry Colt. Pues ese gran campo tiene otro aliciente semioculto para ir a jugarlo: podemos aprovechar la tarde para jugar el otro campo del complejo: el Valley Course, por 25 libras. Desde el tee del Calamity Corner podemos ver parte del trazado. La verdad es que sufriendo los rigores y las dunas del Dunluce, el campo parece un links más soso, plano y fácil.

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Pero en cuanto entras en el Valley te das cuenta de que estás en un links de extraordinaria categoría, al mismo nivel o superior de otros links más renombrados. Claramente los locales no lo promocionan para jugarlo ellos solos. El recorrido, como su nombre indica, está metido en una especie de valle entre las dunas del Dunluce y las que separan al campo de la playa. No tendremos vistas al mar, pero tampoco sufriremos con tanta intensidad los rigores del viento. Se trata de un recorrido de Harry Colt de algo más de 6000 yardas, par 69 (par 71 desde las barras de pro, en las que dos pares 4 se transforman en pares 4). Esta es la salida del 1:

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El green del hoyo 2 está pegado al tee del 17 del Dunluce. De hecho ambas calles se cruzan.

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Las calles son más o menos rectas, aunque algún dogleg encontramos, y lucen la misma superficie rugosa de los links, el rough penalizador, los greenes duros y algún búnker (aunque bastantes menos que en su hermano mayor). Y todo en un puro entorno links de dunas.

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Otra protección habitual es la de los bosques de arbustos que se tragan las bolas atrevidas. Este es el green del hoyo 4, el único par 5, cuya calle se puede ver en la primera foto del post.

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Los dos mejores hoyos del campo son los 5 y 6, los más cercanos a la playa. El 5 es un par 4 corto de algo menos de 300 metros, con salida en alto y dos pot bunkers bien visibles desde el tee. Un green también con mucho movimiento. Es difícil encontrar hoyos con un aspecto más natural.

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El hoyo 6 es un serio par 3 de 205 metros y en alto. El green es semiciego y está tapado por la duna natural, que actúa de anfiteatro del mismo. Un gran par 3.

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El hoyo 7 es el handicap 1 del campo, un par 4 de 400 metros bastante recto. La calle se estrecha mucho por lo que si no tenemos la bola en calle tendremos un tiro ciego a green.

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Este es el green del hoyo 9, que goza de la protección de una calle moldeada y de un buen bosque de arbustos al fondo.

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Este es otro hoyo extraordinario el 12, que cuenta con una calle ondulante como una montaña rusa y en dogleg. El poste ayuda a apuntar a este buen green.

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Greenes y bunkers que serían muy famosos en otros lugares.

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El hoyo 18 es un precioso par 3 de 155 metros desde alto a un green movido protegido por varios pot bunkers. Al lado está el campo pequeño de pares 3 entre dunas, un pitch and putt links con una pinta preciosa.

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Royal County Down (Championship Links), Irlanda del Norte

5 de julio de 2013 5 comentarios

En mi último viaje de golf por Irlanda he podido conocer dos campos excepcionales: Royal Portrush y Royal County Down. Ríos de tinta derramados y miles de pintas de cerveza testigos de cómo miles de golfistas debaten hasta la extenuación y durante décadas una cuestión golfística fundamental: cuál es mejor de los dos. Para muchos, incluido Golf Digest, Royal County Down es el mejor campo del mundo fuera de Estados Unidos. Un links salvaje, la mejor combinación de belleza estética y brutalidad golfística. No es casualidad ver la misma firma en ambos campos: Old Tom Morris y Harry Colt.

Leo que el primer trazado de 18 hoyos lo realizó Old Tom Morris (1890), aunque el campo es prácticamente obra del capitán del campo George Combe (a principios de siglo) y posteriormente por Harry Vardon (en dos visitas, 1908 y 1919) y por Harry Colt (1925). La huella de Colt es reconocible en los pares 3 del recorrido. Donald Steel hizo algunos cambios a los hoyos 16 y 18 en 1997. Pese a la intervención de los diseñadores, la sensación predominante es que estamos en un links absolutamente natural, una reliquia victoriana perfecta. Quizá el links más salvaje que he jugado. El triunfo de la civilización sobre la selva. En un emplazamiento privilegiado, con vistas a las montañas de Mourne, el campo luce una orografía muy accidentada entre dunas, lo cual obliga a ir muy recto desde el tee de salida. Además muchos tiros son ciegos, por lo que si no estamos finos podremos perder muchas bolas. Muy aconsejable jugar con caddie o con alguien que conozca el campo, o en su defecto con un stroke saver. Encontraremos en este paseo entre dunas muchos bunkers con barbas, infinidad de arbustos de todos los colores, vistas increíbles y unos greenes fantásticos, muy duros como es norma en links. Aunque para un campo con esta fama y con este precio, la velocidad de los greenes que jugamos fue muy lenta e impropia de su categoría. Esta es la vista desde la calle del 1, que está prácticamente pegada a la playa de la bahía de Dundrum.

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Los primeros nueve hoyos son caviar puro, 9 joyas durísimas. El hoyo 1 es un par 5 franco, recto y sin demasiados problemas atacando a un green alargado. Es básico empezar bien porque estamos en uno de los hoyos más sencillos del recorrido.

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El hoyo 2 discurre recto y paralelo a la playa. Primer drive ciego aunque a una calle ancha. La gracia está en que si no estamos en el centro de la calle no veremos el green, que queda tapado por dunas. Un enorme bunker también aterroriza al golfista pusilánime. La foto es mala porque en cada hoyo tuvimos una estación diferente: aquí pasamos del verano al otoño-invierno. Hay que tener mucha paciencia y ropa cómoda para todas las condiciones posibles.

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El green del 2, además de varios bunkers cercanos que lo escoltan, está bien elevado en un área con abundantes caídas y escapatorias. No me quiero imaginar lo que es este campo con greenes rápidos: una masacre.

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Esta maravilla es el grandioso hoyo 3, par 4 natural donde los haya, con al menos 10 bunkers totalmente naturales. Como siempre la calle es el sitio donde hay que estar. Es un hoyo fantástico porque tienes miles de formas para llegar al green, pero sólo con la bola larga en la izquierda uno tiene visión del green en su segundo tiro.

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Si hasta ahora hemos tenido el viento a favor, el hoyo 4 lo jugamos con viento en contra. Un espectacular par 3 de 180 metros, con el sello de Harry Colt, que sobrevuela desde un tee elevado un mar de jaras y arbustos y con las montañas al fondo.

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El green del 4 es largo y estrecho. Está escoltado por 9 bunkers en su parte frontal y derecha. El Stroke Saver dice que como todos los greenes en este campo, los putts que caen del frente hacia el fondo tienen a caer hacia el mar.

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El hoyo 5 nos enfrenta a otro drive ciego en el que hay que apuntar a una piedra blanca y rezar. Aquí el problema no es sólo que el tiro sea ciego, sino que la calle va en diagonal. Nuevamente la ondulada calle parece bombardeada de bunkers por todas partes.

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Otro par 4 sigue con salida semiciega. El green es quizá el más pequeño del campo. No hay que pasarse nunca del green porque la duna se tragará la bola.

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El hoyo 7 es el par 3 más corto del recorrido. El green está elevado por lo que el viento azotará bien. Hay que tirar la bola a la parte frontal del green por la derecha, porque si no se marchará por las escapatorias que tiene a la izquierda o al fondo y el par será muy complicado.

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Otro hoyazo sigue: el 8 es un par 4 ascendente muy largo, con bunkers protegiendo la salida tanto con viento a favor como en contra. Un green estrecho y elevado y con muchas caídas.

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Y para terminar, el hoyo quizá más famoso del campo, no por su salida que es ciega, sino por lo que se ve al llegar a la cima. Una salida muy curiosa, única; hoy no se diseñan hoyos así. Un poste marca la línea a seguir: hay que pegarle duro y por esa línea para tener esperanzas de llegar a la calle.

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Desde la cima se extiende la calle ligeramente hacia la izquierda. Podemos admirar la casa club enmarcada en las montañas. Dos bunkers y una duna protegen la entrada del green a unos 40 metros del mismo, aunque parezcan mucho más cercanos al green. Una primera vuelta gloriosa y que me castigó con dureza.

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Comento algunos hoyos de la segunda vuelta. El hoyo 11 es otra salida completamente ciega y donde un poste marca la línea para superar una duna y llegar a una calle que gira ligeramente a la derecha. Lo que no contamos es que las barras no estaban en su sitio teórico: 4 drives perfectos y 4 bolas a un rough denso y complicadísimo.

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Seguimos hacia el segundo par 5 del recorrido. La calle hay que visitarla para tener opciones. Desde el segundo tiro vemos el green y varios bunkers escalonados hacia el, recibiendo las bolas que no vayan muy rectas. Hay que pensárselo dos veces para atacar este green desde lejos.

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Para mi, el hoyo 13 es el mejor del campo. Un dogleg de izquierda a derecha maravillosamente estratégico. Ante nosotros una calle ancha y alcanzable con madera. Podemos intentar ganar metros y visibilidad del green por la izquierda, pero si cerramos la bola en exceso nos espera un rough selvático. Si decidimos tirar por la derecha en dirección al bunker de calle, nos quedará un tiro ciego y muy largo al green.

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Desde la esquina del dolgeg avistamos el green, protegido por la izquierda por un bunker (hay otro en la derecha que no vemos). Podemos ver las barbas de los búnkers, que penalizan de verdad. Este green, metido en un anfieteatro de dunas, es diabólico y hacer tres putts es la norma. El arco iris apareció para enmarcar este prodigioso hoyo.

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Esta es la vista del hoyo 13 desde detrás del green, donde se puede ver lo amplia que es la zona derecha del green, y por la derecha elevada, la calle del hoyo 15.

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Después de un hoyo así uno se quedaría a jugarlo de nuevo, pero nos toca otro extraordinario par 3, desde un tee elevado. Un bosque de pinos encuadra el golpe de un green muy difícil de puttear (otra vez). Los tres hoyos finales retornan en dirección a las montañas. El hoyo 15 tiene un tiro precioso a una calle ascendente que luego gira hacia la derecha. Hay que hacer volar la bola y conseguir avanzar para tener oportunidad de llegar al green de dos golpes.

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El hoyo 16 es un par 4 corto y llegable por los muy pegadores (no es mi caso). Mucho ojo con los arbustos de la derecha o izquierda porque perdemos bola seguro.

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El hoyo 17 nos enfrenta a un par 4 ligeramente ascendente. Si pegamos la bola bien podemos acabar en un pequeño obstáculo de agua en medio de la calle (que no se ve desde el tee de salida).

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Para terminar, un par 5 exigente donde hemos de negociar desde el tee de salida 18 bunkers que acompañan a la calle. Curiosamente el green no necesita bunkers, le basta con las caídas tremendas que tiene y por un arbusto que lo protege en su parte izquierda. Un final duro para este gran campo de golf.

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La primera victoria de Seve en Royal Lytham & St Annes

17 de julio de 2012 2 comentarios

El Open Championship vuelve a Royal Lytham & St Annes. Un links venerable y curioso, donde no se ve el mar y sí carreteras, vías de ferrocarril y muchas casas victorianas de ladrillo rojo. No es el campo más bonito del mundo. Faldo dijo que es como jugar en una pequeña ciudad. Fue diseñado por George Lowe, el primer profesional del club, en 1886 y remodelado por Harry Colt al inicio de la década de los 20. Al igual que en Royal County Down, Colt fue llamado para reemplazar los greenes planos y hundidos en superficies algo más elevadas. Colt cambió varios greenes de sitio y creó nuevos tees de salida, añadiendo los doglegs que tanto le gustaban. En la foto, el icónico hoyo 18.

El campo parece un campo minado por bunkers: hay más de 200, es decir, algo más de 11 bunkers por hoyo. Algunos son profundos, muy profundos, como muestra Pablo Larrazábal en esta foto.

El campo es el único de la rotación del Open que empieza en un par 3. También es famoso por su final: 5 hoyos durísimos comparables a los de Carnoustie. Bernard Darwin escribió que “el campo es una bestia, pero una bestia justa”.

En este campo fue donde Bobby Jones consiguió su primer Open Championship en 1926. Una placa celebra un famoso golpe desde una zona arenosa en el hoyo 17 (foto de aquí)

Tony Jacklin consiguió la primera victoria británica en 18 años en el Open de 1969, Gary Player ganó su tercer Open en 1974, Tom Lehman ganó en 1996 y David Duval en el 2001, aquel en el que Ian Woosnam empezó su ronda con 15 palos. Pero sobre todo este links es especial porque Severiano Ballesteros ganó dos Opens, en 1979 y 1988.

Su primer grande en Royal Lytham & St Annes lo consiguió un sábado de junio de 1979. Ya había quedado segundo en Royal Birkdale tres años antes en un Open Championship. Pero esta victoria fue la primera europea (no británica) en un Open desde 1907.

La victoria fue épica porque en la última jornada Seve empleó el driver en 9 salidas y sólo cogió una calle. En un campo como Lytham, con tanto bunker, es decir, con tanto bogey y doble bogey esperando al jugador errático, lo que hizo Seve es estratosférico. No tuvo el mejor lie en muchos segundos tiros, y sin embargo ganó con claridad.

Durante el torneo su bola cayó en 15 bunkers, y en 14 de ellos recuperó con sólo un putt. Y con el sand wedge con el que salió tan bien de bunker fue con el que hizo birdie desde un aparcamiento en el 16.

Y ese es el último y asombroso putt. Como dice el comentarista, la bola parecía que tenía un imán hacia el hoyo.