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Marina Bay Golf Club, Singapur

30 de julio de 2013 1 comentario

Singapur es un país muy curioso. William Gibson definía a este país-ciudad como “Disneylandia con pena de muerte”. En comparación con su vecina Malasia, Singapur es un oasis de limpieza, orden y riqueza. Esta diferencia es más sorprendente si pensamos que Singapur fue fundado hace muy pocos años, en 1969. Pero como todo nuevo rico, para muchos resulta un país algo artificial, sin alma. Para lo que nos ocupa en este blog, Singapur es un interesante destino de golf: en sus algo más de 700 km2 podemos encontrar más de 10 campos de golf. Desde lo alto del famoso Sands Sky Park y junto a decenas de enormes buques esperando atracar en puerto, se extiende el campo de golf de Marina Bay.

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En las escasas horas disponibles en mi viaje por la zona, mi intención era jugar en alguno de los campos con más nombre del país: el Serapong de Sentosa, sede del Barclays, el Tanah Mera o el Laguna National, también campos muy famosos. Pero los campos suelen ser privados y piden precios prohibitivos para jugar: en Sentosa, por ejemplo, unos 700 dólares de Singapur (algo más de 400€). Singapur empieza a ser muy caro hasta para los habitantes de Singapur, aunque paguen un máximo de 16% de impuesto de la renta. Con más tiempo, al parecer lo mejor es irse a jugar a Malasia. Me recomendaron Marina Bay por ser un campo público (el único de Singapur), barato (menos de 100 euros), muy cercano y por gozar de unas vistas privilegiadas del skyline de la ciudad.

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Marina Bay es un campo con una configuración muy similar a la de los links. Cada ondulación del terreno, árbol, bunker o green ha sido preparado para imitar los links británicos. El campo fue abierto en 2006 y lleva la firma del arquitecto sudafricano Phil Jacobs, un diseñador que trabajó con Gary Player durante muchos años hasta independizarse en el 2003. Evidentemente no es un links, puesto que la hierba es diferente, la superficie es más blanda y los 96 pot bunkers están totalmente prefabricados: sus paredes son de un plástico blando muy curioso. Es un campo jugable a cualquier hora del día o de la noche: cuenta con farolas que iluminan todo el recorrido. En la foto, el green del hoyo 1, con la la casa club y la red del campo de prácticas en la parte izquierda y un pot bunker en la parte final del green. Este green está protegido por un arroyo ubicado en su parte frontal, también típico de los links.

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Estuve a punto de no poder jugar, porque me pidieron un “certificado de handicap”. Menos mal que tenía el móvil y pude acceder a la web de la Federación Española y mostrar mi handicap al caddy master. Como es habitual en Asia, el golf se juega en buggy: el calor y la humedad hacen muy complicado jugar andando, excepto claro los valientes del Asian Tour. En el hoyo 3 la calle discurre paralela a una macro construcción de un túnel que unirá Singapur con la isla de Sentosa, y que pasa por debajo del campo. Hay cientos de grúas trabajando y mucho ruido, algo no habitual en un campo de golf.

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Las calles son bastante anchas y el peligro es caer en uno de los 96 pot bunkers que salpican todo el recorrido. También es peligroso si la bola viene a reposar en un arbusto fuera de calle. Según me explicó mi compañero de juego, es el lugar que las cobras eligen para descansar. Un incentivo muy interesante para ir recto.

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Como se puede ver las calles estaban perfectamente mantenidas y siempre con la ondulación típica de los links.

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Paralelo al hoyo 5 impresiona la vista de la bahía, con centenares de enormes buques esperando para entrar en este inmenso puerto. No conviene despistarse porque los pot bunkers abundan y además están bastante mal rastrillados.

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El hoyo más significativo del campo es el par 3 hoyo 13, un green en isla ubicado a unos 130 metros del tee. El tiro está enmarcado por la reconocible vista de Singapur y el espectacular hotel Marina Bay Sands.

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Los últimos hoyos del recorrido los jugamos bajo la luz de las focos. Curioso como el vuelo de la bola se ve muy bien aunque a ratos desaparece. Las caídas están bien visibles aunque resulta un poco raro jugar así.

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En el hoyo 16 del recorrido me sorprendió ver un búnker gigantesco en medio de la calle, quizá un homenaje al muy similar Shell’s Bunker del Old Course en St Andrews. Que me perdone Old Tom Morris por la comparación, aunque también la hacen los gestores del campo en su web.

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Estamos ante un campo curioso, divertido, relativamente fácil y amable en un entorno espectacular: un buen campo público que mejora la zona y permite unas horas de sano y revitalizante esparcimiento nocturno.

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Gene Sarazen, el inventor del sand wedge

5 de septiembre de 2012 Deja un comentario

He leído en Golf Digest una historia arrebatadora que combina a un genio de golf, un director de cine americano y muchas dosis de suspense, emoción y final feliz.

El genio del golf es Eugeni Sarazini, más conocido como Gene Sarazen, uno de esos nombres míticos de la década de los 20 y 30. Gene Sarazen ganó 7 majors, siendo uno de los pocos jugadores que ha ganado todos los majors (además de Ben Hogan, Gary Player, Jack Nicklaus y Tiger Woods). En la foto, Hogan, Sarazen, Player y Nicklaus.

Gene Sarazen es quizá más conocido porque su nombre se menciona durante el Masters de Augusta: Da nombre a uno de los puentes de Augusta National, el que los jugadores cruzan al salir del hoyo 15, en recuerdo de un albatros suyo en la última jornada del Masters de 1935, en el hoyo 15, que le sirvió para empatar con Craig Wood y ganar el torneo en el playoff.

Pero Gene Sarazen es el inventor del sand wedge, o el sand iron como él lo llamó. Su amigo, el director de cine americano Howard Hughes le enseñó a pilotar un avión, y Sarazen se fijó en cómo la cola del avión se ajustaba hacia abajo durante el despegue para facilitar la maniobra. A Sarazen se le ocurrió que podía hacer lo mismo con sus palos, y pidió a su fabricante, Wilson, media docena de niblicks (lo que hoy serían hierros 9). Sarazen estuvo probando soldar diferente cantidad de material en la base del palo hasta encontrar una que permitía salir de un bunker con mayor facilidad. La idea era que la suela del palo golpeara primero la arena antes que el filo, permitiendo deslizar el palo por la arena y evitando que el palo se clavara. Además el peso extra permitía mayor potencia para sacar la bola. Fue el primero que jugó los golpes de bunker sin apuntar a la bola, atacando la arena del bunker unos centímetros antes de la bola. Esta técnica es la que sigue vigente hoy, como explica Luke Donald.

Sarazen usó el palo por primera vez en el Open Championship de 1932, en Prince’s Golf Club, manteniéndolo en secreto durante las rondas de prácticas. Como en una buena historia de Hollywood, Sarazen ganó el torneo y alegró para siempre la vida del golfista que visita un bunker.

La primera victoria de Seve en Royal Lytham & St Annes

17 de julio de 2012 2 comentarios

El Open Championship vuelve a Royal Lytham & St Annes. Un links venerable y curioso, donde no se ve el mar y sí carreteras, vías de ferrocarril y muchas casas victorianas de ladrillo rojo. No es el campo más bonito del mundo. Faldo dijo que es como jugar en una pequeña ciudad. Fue diseñado por George Lowe, el primer profesional del club, en 1886 y remodelado por Harry Colt al inicio de la década de los 20. Al igual que en Royal County Down, Colt fue llamado para reemplazar los greenes planos y hundidos en superficies algo más elevadas. Colt cambió varios greenes de sitio y creó nuevos tees de salida, añadiendo los doglegs que tanto le gustaban. En la foto, el icónico hoyo 18.

El campo parece un campo minado por bunkers: hay más de 200, es decir, algo más de 11 bunkers por hoyo. Algunos son profundos, muy profundos, como muestra Pablo Larrazábal en esta foto.

El campo es el único de la rotación del Open que empieza en un par 3. También es famoso por su final: 5 hoyos durísimos comparables a los de Carnoustie. Bernard Darwin escribió que “el campo es una bestia, pero una bestia justa”.

En este campo fue donde Bobby Jones consiguió su primer Open Championship en 1926. Una placa celebra un famoso golpe desde una zona arenosa en el hoyo 17 (foto de aquí)

Tony Jacklin consiguió la primera victoria británica en 18 años en el Open de 1969, Gary Player ganó su tercer Open en 1974, Tom Lehman ganó en 1996 y David Duval en el 2001, aquel en el que Ian Woosnam empezó su ronda con 15 palos. Pero sobre todo este links es especial porque Severiano Ballesteros ganó dos Opens, en 1979 y 1988.

Su primer grande en Royal Lytham & St Annes lo consiguió un sábado de junio de 1979. Ya había quedado segundo en Royal Birkdale tres años antes en un Open Championship. Pero esta victoria fue la primera europea (no británica) en un Open desde 1907.

La victoria fue épica porque en la última jornada Seve empleó el driver en 9 salidas y sólo cogió una calle. En un campo como Lytham, con tanto bunker, es decir, con tanto bogey y doble bogey esperando al jugador errático, lo que hizo Seve es estratosférico. No tuvo el mejor lie en muchos segundos tiros, y sin embargo ganó con claridad.

Durante el torneo su bola cayó en 15 bunkers, y en 14 de ellos recuperó con sólo un putt. Y con el sand wedge con el que salió tan bien de bunker fue con el que hizo birdie desde un aparcamiento en el 16.

Y ese es el último y asombroso putt. Como dice el comentarista, la bola parecía que tenía un imán hacia el hoyo.

Karsten Solheim, el inventor del palo de golf moderno

24 de mayo de 2012 Deja un comentario

Hablar de Karsten Solheim (1911-2000) es hablar de Ping y de la Solheim Cup, la Ryder Cup femenina. Un torneo que proyectó y patrocinó desde 1990. Pero Solheim, miembro del Salón de la Fama de Golf, llegó hasta ahí porque fue un inventor y emprendedor absolutamente decisivo en la historia de los palos de golf. Le debemos todos muchos birdies. Leí sobre él en un libro de David Owen, “My Usual Game”. Su historia es fascinante.

En esta foto vemos a Karsten Solheim en su almacén de putters de oro. Cada vez que un jugador gana un torneo profesional importante con un putt de Ping, se fabrican dos putters bañados en oro: uno se lo mandan al jugador y otro lo guardan en este almacén. Si uno gana un major con un Ping, los putters son de oro macizo.  Llama la atención su barba de chivo: ha sido llamada la “octava maravilla de Arizona”. Solheim se la puso en los 70 despues de un accidente de trafico en India y ya se convirtió en su seña de identidad.

Solheim era noruego aunque su familia emigró a Estados Unidos cuando Karsten tenía 2 años, en 1913. Empezó trabajando como zapatero en el taller de su padre. Después de graduarse como ingeniero, consiguió un empleo como vendedor de bobinas de aluminio. Luego trabajó en una fábrica naval y en Ryan Aeronautica, donde colaboró en el diseño del primer jet. También pasó por General Electric donde participó en el diseño de los primeros televisores portables. Y no tocó un palo de golf hasta que tenía 42 años.

En 1954 unos amigos suyos de General Electric le propusieron jugar al golf, y se enganchó en seguida. Solheim jugaba de manera aceptable pero siempre estaba muy frustrado porque no metía un putt. Como buen ingeniero, se dio cuenta de que los putters de aquella época tenían el peso totalmente repartido sobre la superficie del putter y eso tendía a complicar su estabilidad. Decía que patear así era como jugar al tenis con una raqueta de ping pong. En lugar de quejarse, se embarcó en el diseño de un putter diferente.

Solheim añadió unos pesos a su putter en las puntas y pronto empezó a enchufar muchos más putts. Jugando un partido en su club con un pro, éste le sugirió que explotara su idea y sacara al mercado un nuevo putter. Esa misma noche trazó el diseño de un putter y lo llevó a un soldador, que le fabricó el primer putter más o menos serio de su vida. Cuando puso una bola en el green y pateó, escuchó un sonido agudo, nítido y diferente: PING. El putter ya tenía nombre. Mucho más comercial que “Karsten Manufacturing”. Lo llamó “Ping Anser”; él quería “Answer” pero no cabía en el putt así que su mujer le quitó una W.

El primer putter que desarrolló fue en 1959. Durante los primeros ocho años de su vida como empresa, la sede de la empresa fue el garaje de su casa de Phoenix, Arizona. No tuvo mucho éxito comercial hasta que Julius Boros lo metió en su bolsa y gano el Phoenix Open en 1967. Otros profesionales como Gary Player o Jack Nicklaus empezaron a usar putters de Ping y a ganar torneos. Ping history

Solheim diseñó en 1961 su primera línea de hierros y en 1969 empezo a fabricarlos. Eran palos feos y caros pero tiraban la bola mas recta y con mejor control. En tres años capturó un 40% de cuota de mercado. Sus ideas y su perseverancia le llevaron desde un garaje a convertirse en una de las marcas más vendidas del circuito.

Se habla mucho de los emprendedores de Sillicon Valley y sus garajes. Pues también en el golf tenemos emprendedores de éxito: genios que desde un garaje han revolucionado una industria y han construido un imperio a base de curiosidad, innovación, trabajo y mucha persistencia.