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Posts Tagged ‘Rees Jones’

Hoyos Clásicos: el hoyo Cape

19 de marzo de 2015 6 comentarios

FF_holes_13-1El hoyo Cape, o el hoyo “cabo” en castellano, es un diseño muy repetido en todos los campos del mundo. Es el típico hoyo riesgo-recompensa, que ofrece muchas posibilidades desde el tee de salida para el jugador. Si queremos acortar hacia el green, más posibilidades de acercanos a la bandera con un hierro corto, pero más riesgo de irnos al agua. Ir por zona segura tiene el inconveniente de tener que tirar con un hierro largo a un green pequeño y rodeado de agua. En la foto, el diseño del Falcon’s Fire Golf Club, firmado por Rees Jones, que es un diseñador famoso por sus hoyos Cape. Estaremos ante un par 4 de media distancia donde el green pueda ser alcanzado por los pegadores. El problema es que el green está bien protegido por un obstáculo de agua que lo rodea. Además la calle abraza también otro obstáculo de agua. El jugador suele tener una línea diagonal de ataque a la calle, y puede arriesgar a acercarse más al green, pero con el peligro de irse al agua.

El primer Cape famoso es el 14 del National Golf Links of America, la obra maestra de Charles Blair Macdonald, dicen, porque jugar este campo privado es casi imposible. Este concepto original incluía también un green protegido por obstáculo de agua, aunque la mayoría de los Capes modernos no cuentan con este elemento de diseño. El tiro a green tiene la gracia, además, de tener un stance siempre difícil. Foto de aquí.

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Un ejemplo de Cape moderno, notable y famoso es el 18 del TPC de Sawgrass, la sede del The Players, obra fetiche de Pete Dye.

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Dónde jugar al golf en Atlanta

16 de abril de 2014 Deja un comentario

Jugar al golf en Estados Unidos puede ser una cosa muy fácil o muy frustrante, según se mire.

Fácil porque hay millones de campos de golf a precios muy asequibles repartidos por todos los estados. La oferta es abrumadora, y en los rankings de los mejores campos del mundo siempre más de la mitad están en suelo americano. Frustrante porque prácticamente todos los buenos y famosos, esos que figuran en las listas de mejores campos de golf del mundo, muchos de los que vemos albergar torneos o majors, son campos privados. Uno puede jugar en todas las sedes del Open Championship, pero en America los campos privados son del tipo “cerrado a cal y canto para visitantes”: sólo admiten a socios o a amigos de socios. Así que para jugar en Augusta National (en la foto) tienes que ser periodista deportivo, conocer a algún chaqueta verde o jugarlo en la PlayStation. También hay campos en los que se puede jugar muy conocidos (Pebble Beach, Bethpage Black, etc) pero o son muy caros (Pebble Beach, por ejemplo) o para jugar hay que, literalmente, dormir en el parking del campo para coger sitio (es lo que hay que hacer para jugar en Bethpage Black, en Nueva York).

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Estando por trabajo algunos días en Atlanta, estuve buscando en qué campo jugar. El primero de la lista es un campo que está en la ciudad: East Lake, la sede del Tour Championship, el campo de Bobby Jones, uno de los mejores campos del país. Escribí un correo para reservar un tee time. No hubo respuesta. Escribí otro más. Nada. Al final, gracias a mi insistencia, conseguí una respuesta: “No.” Campo sólo para socios o amigos de socios.

Un jugador local me aconsejó acercarme a las instalaciones del club, para explicar mi caso. No me dejaron ni entrar en las instalaciones. Esta verja sólo la cruzan los socios, amigo.

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Fui a un campo de 9 hoyos adyacente a East Lake para matar dos horas. El campo es obra de Rees Jones. Jugué con un caddie de East Lake, y me contó que el acceso al campo es prácticamente imposible. Ni siquiera admiten a nuevos socios. La gran mayoría de los socios son empresas, ejecutivos de las grandes corporaciones de Atlanta (CNN, UPS, Coca Cola, Delta…) y muchos despachos de abogados, consultores, etc. La verdad es que desde fuera, East Lake no parece gran cosa.

Bueno, pues quizá podamos probar en Peach Tree, otro mítico campo de la ciudad, obra de Bobby Jones y Robert Trent Jones. También privado. Cerrado.

Peach Tree

Lo intenté con Hawks Ridge, un ejemplo de arquitectura clásica obra de  Bob Cupp. Muy amablemente me dijeron que no. Y así con varios de los campos de la ciudad privados.

Así que uno se desanima porque piensa que no poder jugar estos campos con tanto nombre. Craso error. La oferta de campos, incluso públicos, es más que apetecible. Este fue el resultado de mi investigación:

  • Cuscowilla. Un diseño espectacular de Ben Crenshaw y Bill Core. Enclavado en un hotel de lujo, lo malo es que está a  1 hora y 20 minutos de la ciudad.
  • Bear’s Best: Una colección de los mejores hoyos diseñados por el Oso Dorado, Jack Nicklaus, en más de 200 campos por todo el mundo. Este sí es un campo público, relativamente barato (80 dólares) y situado a 45 minutos de la ciudad. Cuando llamé estaba completo.
  • The Frog at the Georgian, diseño de Tom Fazio, uno de los diseñadores más importantes de la ciudad. A 45 minutos.
  • Cobblestone: Considerado como uno de los mejores campos para jugar por la revista Golf Digest en la zona. A 35 minutos de la ciudad.
  • Stone Mountain: Muy cerca del centro, el complejo cuenta con dos campos de golf: El Stonemont (obra de Robert Trent Jones) y el Lakemont.  Ambos son dos campos preciosos, con esos altísimos pinos georgianos tan característicos de la zona (y que podemos ver en Augusta).
  • Rivermont: Otro campo precioso cerca de la ciudad

Al final me decidí por un campo diseño del rey, Arnold Palmer: Cherokee Run, situado a 40 minutos de Atlanta. Pero eso será en otro post.

 

The Charlie Yates Golf Course at East Lake, Atlanta (USA)

4 de abril de 2014 1 comentario

Jugar en East Lake (Atlanta) está al alcance de pocos humanos. Es un campo privado exclusivamente para socios o invitados de socios, así que si no conoces a algún afortunado jugador local, lo tienes crudo. Incluso muchos profesionales no han jugado nunca en este campo de Bobby Jones. East Lake es la sede del Tour Championship, quizá el torneo más exclusivo del PGA Tour (con permiso del Hyundai Tournament of Championship). En este torneo patrocinado por Coca Cola, se decide cada año la Fedex Cup y sólo juegan los 30 mejores jugadores del año.

Muy cerca del campo se ubica el campo público de 9 hoyos Charlie Yates. Evidentemente no es el mismo diseño, pero el terreno y arbolado nos da una idea de lo que puede ser su rico campo hermano. Originalmente con 18 hoyos, se ha reducido su recorrido para construir una escuela infantil sobre los segundos 9 hoyos. Tras un invierno duro, la hierba bermuda presentaba un aspecto marrón muy poco estético, aunque el campo se disfruta perfectamente.

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En el Charlie Yates destacan los greenes, a un buen nivel para ser un campo público. Me contaron que están mantenidos por los mismos greenkeepers que luego operan en East Lake. Greenes enormes, con una combinación de muchas caídas sutiles o abruptas. En la foto, el green del hoyo 9, con el campo de prácticas al fondo y la casa club.

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Estamos ante un recorrido par 30, con 6 pares 3 y 3 pares 4. Diseño de Rees Jones, el hijo de Robert Trent Jones, y autor, entre otros, del Golf Santader, Charle Yates es un campo bonito con varios obstáculos de agua en su recorrido. Este es el lago que hay que superar para alcanzar la calle del hoyo 6.

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Charlie Yates fue un jugador contemporáneo de Bobby Jones, del que aprendió a jugar al golf, y que ganó un British Amateur. También jugó en el primer Masters en Augusta en 1934, y asistió a todos los Masters, como socio de Agusta, hasta el año 2003. Murió en el 2005.

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Un recorrido en este campo entre semana me costó 15 dólares e incluye 18 hoyos. Si queremos ir con coche (como es habitual en USA), diez dólares más. Precios más que irrisorios para una vuelta agradable de menos de dos horas.

Golf Santander, Boadilla del Monte (Madrid)

24 de diciembre de 2013 6 comentarios

En la Ciudad Financiera del Banco Santander, en Boadilla, el banco construyó junto a sus oficinas centrales un campo de golf de 18 hoyos y par 72. Diseñado por el arquitecto Rees Jones, hijo de Robert Trent Jones, el campo es especial porque desde sus barras negras el jugador se enfrenta a 6.855 metros de campo, lo que significa que es el recorrido más largo de España.

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Para ser un campo reciente, el recorrido aparenta madurez: se nota que el banco no reparó en gastos en construir un recorrido de primer nivel: amplios movimientos de tierra producen greenes y calles onduladas; leo que se instaló un moderno sistema de drenaje y riego (las bocas de riego marcan las distancias a frente de green y hay muchísimas); cada hoyo cuenta con muchos tees de salida muy grandes, bunkers maravillosamente contorneados y multitud de árboles y plantas que bordean sus calles. La casa club es impresionante, los vestuarios excelentes, la tienda bien surtida y las instalaciones de práctica son sensacionales. El servicio es de primera: desde la recepción, donde te recogen palos y dan carro eléctrico de cortesía, hasta el mantenimiento impecable, con greenes rápidos y bunkers perfectos. El campo parece poco usado (supongo que porque entre semana se juega poco). No es un destino de golf habitual entre los aficionados de Madrid, cosa extraña porque es un campo que alberga muchos torneos asequibles en precio. Aún así no parece que el recorrido haya acogido torneos profesionales relevantes para los que está destinado.

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Cada hoyo cuenta con 6 enormes tees de salida diferentes. Jugué el campo desde amarillas hace algunos años y sufrí una longitud abrumadora. Con buen criterio, los responsables del campo han puesto las barras amarillas donde antes estaban las azules, y esto concede algo de respiro al jugador. Aún así es un desafío de golf de primer nivel: sigue siendo largo (en especial dos hoyos tremendos); los greenes están casi todos elevados y sin zonas de escapatoria; hay muchísimos bunkers, profundos, de los que penalizan, escoltando las calles y los greenes; se juegan bastantes hoyos con agua, que entra en juego, y algún fuera de límites. Eso sí: si algo no se le puede achacar a Rees Jones es que sea un campo injusto: desde los tees, casi siempre elevados, se ven claramente los peligros que acechan en cada hoyo. Prácticamente desde todos los tees se puede incluso ver el green. Salvo dos hoyos con doglegs, el resto son hoyos rectos (lo cual al final resulta algo monótono). Y los greenes, aunque tengan caídas, no son himalayas. En la foto, el green del 7.

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El hoyo 1 es un par 5 de casi 500 metros y en ligera cuesta arriba para empezar. Unos bunkers en la derecha penalizan el slice aunque protegen al jugador del fuera de límites que bordea al campo por ese lado. Cuando nos aproximemos al green, veremos varios bunkers protegiendo la entrada. Hay un efecto óptico interesante: el bunker de la izquierda no está junto al green sino que descansa muchos metros antes. Esto nos permite poder ir más seguros por este lado.

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El hoyo 2 es el primer par 4 largo: 400 metros a un green enorme que destaca por la protección dos bunkers en la parte izquierda: uno de calle y otro que cerca el green.

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El siguiente hoyo es un par 3 de un tamaño respetable. Si la bandera está al fondo del green, desde negras tendremos 235 metros, y desde amarillas algo menos de 200 metros. Profundos y cavernosos bunkers nos aguardan en los costados del green.

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El hoyo 4 une a su considerable distancia el hecho de que el green está cuesta arriba. Hay que pegar dos buenos golpes y no ser excesivamente ambicioso para acortar por la calle porque el bunker de la parte izquierda nos amenaza.

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Después de este hueso nos enfrentamos a un par 5 bastante más asequible. Nuevamente recto, tres buenos golpes que eviten los bunkers nos llevarán la bola a green. Hay que volar el bunker de calle que hay a la derecha para tener oportunidad de birdie.

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El hoyo 6 es el handicap 18 del campo: un par 4 corto, de 290 metros desde amarillas, pero que conviene respetar. El green está en una plataforma superior y no es muy ancho, por lo que hemos de precisar nuestro pitch para no visitar los bunkers tremendos que lo escoltan por delante.

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El segundo par 3 del recorrido es un precioso tiro a un green alargado y protegido por agua frontal y un bunker enorme al fondo. El tee está ligeramente en alto por lo que no conviene ir demasiado largo de palo para no pasarse.

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El hoyo 8 ofrece un respiro al jugador después del baño. Se trata de un par 4 recto, con un único bunker protegiendo la calle por su parte derecha.

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Para terminar la primera vuelta, el hoyo 9 es un ligero dogleg hacia la izquierda. Destaca un inmenso bunker profundo que amenaza al jugador por la parte izquierda y que tendremos que volar para llegar a green. Aunque por la derecha no iremos seguros: una ría discurre paralela a la calle. Nuevamente ligeramente en subida hacia un green pequeño y elevado.

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El hoyo 10 que inaugura la primera vuelta es un hueso terrorífico que lo tiene todo para amenazarnos. Es un par 4 muy largo (de casi 400 metros desde amarillas), en ascenso continuo. La salida nos amenaza con una ría que discurre por la parte derecha y cruza la calle entrando claramente en juego en la caída del drive. Si somos cañoneros y tenemos confianza podemos intentar cruzarla, pero para los mortales nos quedará un segundo tiro larguísimo con madera a un green que está escoltado por bunkers. Un gran hoyo de golf.

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El siguiente hoyo es un par 3 diseñado para castigar a los que cierran la bola en exceso. Un par 3 de distancia media y con un lago enorme en la izquierda que puede ser necesario volar si queremos arriesgar la bandera. Los más miedosos se las verán con otro precioso bunker profundo.

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Llegamos al 12, un monstruoso par 5 que desde negras luce la escalofriante distancia de 612 metros. Desde el tee la impresión es aterradora: fuera de límites y unos bunkers feroces por la derecha, agua por la izquierda. Una calle que se ve estrecha como un pasillo.

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Si conseguimos salir bien y pegar un buen segundo golpe, nos recibe un green en alto y con un aluvión de bunkers pequeños que protegen su entrada. Aquí sólo vale un buen approach desde las nubes al green. Sadismo del diseñador en estado puro.

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El siguiente hoyo nos ofrece un par 4 más corto y asequible a un green enorme, aunque protegido por agua en la derecha y bunkers en la izquierda. Los bunkers de calle también nos pueden causar problemas. No hay que relajarse.

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El 14 es un par 4 recto también que comparte su bunker de calle con el hoyo 9. El green es pequeño y está bien protegido por bunkers.

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El 15 es el primer dogleg del recorrido, un par 4 que gira hacia la parte derecha. Un buen drive por la parte derecha nos dejará un tiro asequible a un green en alto y de nuevo amenazado por profundos obstáculos de arena.

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El siguiente hoyo nos enfrenta a una salida también bien protegida por bunkers. El segundo tiro cuesta arriba no será fácil porque no tenemos clara la forma y profundida del green. El green tiene caída desde atrás hacia delante, por lo que recibirá correctamente.

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Otro par 3 en isla para casi terminar la vuelta. No es un tiro difícil porque no es excesivamente largo y el green es generoso. Lo normal es que nos pasemos de palo, pero nos tocará negociar un putt cuesta abajo.

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Para terminar el recorrido nos enfrentamos a un par 5 que no es especialmente difícil, salvo que queramos arriesgar a la hora de alcanzar el green. Desde una salida en alto el mayor peligro inicial son los dos bunkers de calle. Un lago protege la entrada del green por su parte izquierda. Por la derecha la propia ladera del monte, con un rough generoso, nos llevará la bola hacia la calle.

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Robert Trent Jones, el arquitecto estrella del siglo XX

15 de septiembre de 2012 15 comentarios

Golf's Magnificent Challenge

Acabo de terminar un libro de Robert Trent Jones titulado “Golf’s Magnificent Challenge“sobre su vida y obra. RTJ (1906-2000) fue el primer arquitecto de campos de golf vivo que entró en el Salón de la Fama de Golf, en 1987. Fue nombrado por la revista Golf Magazine como uno de los 100 Héroes del Golf del siglo XX. Un nombre muy conocido y no por nada: más de 500 campos de golf por todo el mundo, en al menos 40 estados de los Estados Unidos y 35 países, entre ellos España. Se dice que el sol no se pone en un campo de RTJ. Arquitecto, artista, agrónomo, enormemente prolífico, creo que fue el Karajan del diseño de campos.

Cuenta su hijo Rees que el día en se su padre descubrió la aviación, desapareció de su casa. Se pasó la vida en un avión: hacía 300.000 millas al año, y en toda su vida voló más de 8 millones de millas. Tomaba aviones como quien toma un taxi. Si perdía un vuelo, tomaba otro a algún otro sitio donde poder hacer algún negocio. Un vendedor nato, en cualquier punto del planeta. Para conseguir esto tenía una estupenda habilidad: era capaz de dormirse en cualquier sitio.

RTJ tenía bastante claras sus ideas sobre lo que era un buen campo. Por ejemplo: los tees y greenes más grandes posibles, que admitían más posiciones de bandera, además de tener un mantenimiento más sencillo. Incluía siempre lagos en sus diseño como hazards y como fuente de agua de riego. Antes de que Deane Bemman inventara los “Stadium courses”, con gradas naturales para el público, RTJ abogó por ellos. El primero en instalar tees variables que permiten adaptar el campo a la habilidad del jugador, los llamados tees aeropuerto.

Sus campos, definidos como terrenos mitad de ajedrez mitad campos de tiro con arco, son campos estratégicos, donde normalmente tendremos varias alternativas para llegar a green, y donde la línea más corta siempre tendrá más riesgo. Algunos le atribuyen haber inventado el “target golf”. Siempre encontraremos bunkers en la calle y bunkers en el green protegiendo los tiros del golfista. El golf, para RTJ, es un deporte donde la recompensa viene de la mano con el riesgo. Se dice que RTJ te deja el bogey fácil, par difícil.

Durante la era de RTJ la construcción de campos empezó a poder emplear grandes máquinas y movimientos de tierra. Aún así, RTJ pensaba en mantener la belleza del territorio, y en que sus campos fueran estética y paisajísticamente preciosos. Son obras de arte moderno a gran escala. Un campo de RTJ anima el espíritu más que las obras pictóricas de muchos artistas modernos.

Aunque nació en Inglaterra,  su familia se trasladó a Estados Unidos cuando él tenía 5 años. Fue el primer profesional de golf  en el campo de Sodus Bay Heights, cerca de Nueva York. Problemas de salud le apartaron de la alta competición. Solía decir que hay muchos arquitectos que no saben jugar y muchos jugadores que no pueden diseñar. Para ser un buen diseñador de campos, tienes que tener ambas habilidades.

Jones estudió en Cornell University diversos cursos relacionados con la que sería su profesión de arquitecto: arquitectura de paisajes, agronomía, horticultura, hidráulica, estadística, economía e incluso oratoria. Durante el curso diseñó los 9 hoyos del campo de Cornell (abiertos en 1941; en 1954 volvería para construir los 9 hoyos restantes; hoy el campo lleva su nombre).

Tras la universidad, se asoció durante 8 años al arquitecto canadiense Stanley Thompson y trabajó en ese país, y más tarde también en USA. Después de la guerra, trabaja con Bobby Jones en el Peachtree Golf Club de Atlanta. Para evitar que pensaran que eran parientes, fue entonces cuando empezó a firmar como “Trent”.

Desde aquí hasta su retiro, RTJ firma más de 500 campos de golf por todo el mundo. Entre los más famosos del mundo: Eugene Country Club en Oregon, Spyglass Hill en Pebble Beach, California, o Hazeltine National Golf Club en Minessota. También ha trabajado en el rediseño de algunos campos extraordinariamente famosos: Augusta National (1947 y 950), Congressional Blue Course (1959 y 1964), Oakland Hills (1950, 1972  y 1984), Baltursol (1952) o el Olympic Club (1954).

En España trabajó en la Costa del Sol (junto a Cabell B. Robinson) y nos ha dejado varias muestras de su obra: Valderrama, Sotogrande, Marbella Golf & CC, Los Naranjos, Las Brisas, La Cañada o los dos campos de Mijas Golf (Los Lagos y Los Olivos).

A finales de los 80 RTJ diseñó el proyecto de golf más grande de la historia (en esa fecha, luego los chinos lo han superado). El sueño del empresario David Bronner, que quería impulsar el turismo en Alabama y atraer a los jubilados para su retiro. El macroproyecto consistió en diseñar y construir 18 campos de golf, y en total 468 hoyos de golf  en 11 localizaciones diferentes: el Robert Trent Jones Trail.

Finalmente y tras unos problemas de salud, se retira a vivir a su casa en Fort Lauderdale, Florida, donde fallece con casi 94 años en el año 2000.

Sus hijos Rees Jones y Bobby Jones Jr. también son arquitectos de campos de golf.

Breve historia de los tees de salida

26 de junio de 2012 5 comentarios

Leo un libro de diseño de golf escrito por Rees Jones, hijo de Robert Trent Jones. “Golf by Design“. Uno de sus capítulos describe la apasionante historia de los tees de salida.

Las primeras normas del golf escritas, en Leith, Escocia hacia 1744, decían que “Deberás salir desde un punto situado a un palo de distancia del agujero.” Gradualmente las normas fueron modificadas y los jugadores se fueron ubicando en unas zonas de salida cercanas al green que servían como tees. Muchas de estas zonas estaban pobremente delimitadas; los jugadores debían simplemente salir de un punto situado a una serie de palos de distancia del hoyo. Los jugadores empleaban una montañita de arena o hacían un pequeño golpe en la tierra para crearse un punto elevado desde donde salir. Las áreas de tee empezaron a consolidarse como un pequeño cuadrado, pero éste no indicaba dirección de salida y alinearse era un reto importante.

Young Tom Morris y su Rose Club fueron los primeros en no cumplir la norma del R&A de salida a 12 palo de distancia del agujero. Algunos miembros del R&A pensaron: quiénes son éstos para desafiar estas reglas? Pero Old Tom Morris, greenkeeper del Old Course, entendió que construir tees separados haría sufrir menos los greens y aceleraría el ritmo de juego. En 1876 el Old Course ya tenía tees separados en cada hoyo. A finales del siglo XIX, el famoso jugador profesional y diseñador Willie Park, describe cómo deberían ubicarse las zonas de salida: “en zonas planas, si es posible, y con una cierta pendiente hacia arriba en la dirección de juego.”Willie Park sentaba las bases del tee moderno: más o menos plano, facilitando que el jugador mandara la bola al aire, y alineado en la dirección de juego. A partir de estas innovaciones, los arquitectos empezaron a entender la posición del tee de salida como un elemento importante en el recorrido.

El capítulo explica una innovación decisiva en la historia del golf que produjo el padre del autor, Robert Trent Jones: los tees de salida tipo “pista de aterrizaje”. Trent Jones solía colocar elementos en las áreas de aterrizaje de las bolas que forzaran al jugador a pensar en el tee. Sin embargo, estos elementos podían no entrar en juego según el nivel del jugador. La única forma de que estos elementos defendieran al campo sería variar el punto de salida. Así empezó, en la década de los 50, a diseñar tees como zonas alargadas y rectas que permitieran todo tipo de barras de salida para jugadores noveles, medios o expertos. Y desde entonces ya es habitual encontrar multitud de barras de salida en todos los campos modernos.

Cabell B. Robinson, un americano en Marbella

29 de abril de 2012 5 comentarios

Cabell B Robinson es un arquitecto norteamericano nacido en 1941 que ha desarrollado casi toda su carrera profesional en España. Sin duda uno de los grandes. Aunque hay muchos jugadores profesionales de golf que se pasan a ser diseñadores de campos (en España Seve Ballesteros, José Piñero, Txema Olazábal…incluso recientemente Miguel Angel Jiménez ha diseñado un campo en la República Checa), Cabell Robinson es diseñador profesional “pata negra” por formación. En Estados Unidos uno puede formarse en esta especialidad: después de estudiar Historia en Princeton, se graduó en la escuela de Diseño de Harvard y posteriormente obtuvo el título de “Arquitecto de paisajes” (Landscape Architecture) en Berkeley en 1967. Pertenece a la American Society of Golf Course Architects, el único miembro afincado en Europa. Y Golf Magazine le incluyó en el panel que elabora la lista de los 100 mejores campos de golf del mundo (vuelvo a presentarme voluntario para este panel).

En Harvard conoció a Rees Jones, el hijo de Robert Trent Jones, y  a raíz de esta amistad trabajó durante los veranos en el estudio de Trent Jones en New Jersey. Cuando terminó sus estudios se incorporó como arquitecto al estudio. En los tres años que trabajó en Estados Unidos, diseñó un complejo en Puerto Rico (Cerromar, Dorado Beach), un campo en Michigan (Oakland Hills) y en Nueva York (Crag Burn Club). Además viajó por todo Estados Unidos conociendo campos de golf, sobre todo los diseñados por Trent Jones.

En 1970 se convierte en el responsable de la oficina de Trent Jones para Europa, y se establece en la costa del Sol, en Fuengirola (como me apunta un amable lector). Allí permanece durante 17 años, hasta que en 1987 monta su propia oficina. El éxito de los diseños de Trent Jones en dos campazos como Sotogrande (1964) y Las Brisas (1968) hizo que llovieran los contratos. En los siguientes 17 años Trent Jones proyectó 25 campos en Europa, muchos de ellos en España, y Cabell Robinson estuvo implicado en todos ellos: Mijas Golf, Los Naranjos, Las Brisas, El Bosque (Valencia), Royal Golf d’Agadir (el espectacular campo sede del Open de Marruecos, en la foto), Quinta da Marinha, La Duquesa, Marbella Golf & Country Club y por supuesto Valderrama.

En 1987 se establece por su cuenta. Como diseñador principal, firma dos campos en La Cala de Mijas, en un terreno difícil. Posteriormente reconstruye Los Olivos, diseña La Reserva de Sotogrande (en la foto abajo), Santana Golf & Country Club y Valle Romano. Fuera de España destaca el campo portugués de Praia del Rey o el de Palheiro Golf en Madeira, los 27 hoyos de Golf Les Dunes en Agadir, el de Aphrodite Hills en Chipre, el Golf De Limere en Francia (Orleans), el Lugano Golf Club en Suiza, etc. Sus últimas obras maestras son Finca Cortesín y Las Colinas.

Robinson tiene fama de ser un arquitecto meticuloso, detallista, implicado en cada proyecto. No hace campos mediocres y rechaza encargos que no ve viables. Y sus campos no son copias unos de otros. Adapta al terreno que tiene el mejor diseño. Se ha convertido en una garantía de calidad, buen diseño, paisajismo y grandes rondas de golf.

En este video sobre Valleromano explica algunos de sus principios de diseño: le gusta construir campos con calles anchas, porque piensa en el amateur tipo, no en hacer campos para pros solamente. No le gusta poner bunkers u obstáculos de agua o de otro tipo que sean ciegos. Le gusta retar al jugador con segundos tiros tensos (describe Valleromano como un campo de segundos tiros). Greenes de tamaños variados y con formas diferentes que permitan posiciones de bandera complicadas. Y por supuesto el respeto por la flora y condiciones del lugar donde construye el campo, así como el uso de agua reciclada.

He leído una entrevista suya (aquí) en que defiende la profesionalidad y denuncia el intrusismo de muchos profesionales a la hora de ser diseñadores. Según Robinson, el diseñador es una mezcla de talento y formación. Los pros tienen a construir campos pensando en las zonas donde aterrizan las bolas, pero no en los problemas y obstáculos adyacentes que los jugadores amateurs ven. Además tienen a imitar los grandes hoyos que conocen, construyendo cosas que no son adecuadas por el terreno o su mantenimiento.

Hay excepciones, dice: Jack Nicklaus, por ejemplo, que se rodeó de gente capaz y aprendió el oficio. O leyendas del golf tan honestas como Arnold Palmer, que siempre deja claro que le pagan por el nombre y para pegar el primer drive de salida, pero no por diseñar. También se refiere a Seve, un diseñador pobre por culpa de los terrenos con los que trabajó para construir campos (véase Santa Marina o Los Arqueros). Según Robinson, hay sitios donde “ni Dios mismo” sería capaz de construir un campo decente. En la entrevista también aboga por hacer campos no pensados en super-pegadores, jugando con la posición de los tees de salida. Me parece una reflexión muy acertada contra el virus “Tiger Woods”: en el PGA Tour ya se han dado cuenta que no tiene sentido seguir alargando campos y dificultan los recorridos de otra manera.

Para mi, sus campos demuestran es que para ser buen diseñador no hay que ser pro, y que un jugador profesional no tiene porqué ser un buen arquitecto de campos. Un grandísimo diseñador casi español.