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Los Naranjos Golf Club, Marbella (Málaga)

9 de septiembre de 2013 3 comentarios

El club de golf de Los Naranjos está situado a escasos metros de otros dos grandes campos marbellíes: Aloha y Las Brisas, en un área conocida como el “Valle del Golf”. Aunque también podría estar situado a escasos metros de Estocolmo: en el bar del club los paneles anuncian los hoyos en 1 conseguidos desde su inauguración en 1977: un panel con más de 20 nombres suecos. Y en la web, el sueco Peter Hanson cuenta con una sección como héroe local.

No es un campo barato: en temporada baja (en verano) el club cuesta 118 euros dos greenfees, buggy incluido. Pero merece la pena conocer este diseño clásico de Robert Trent Jones. Aunque rodeado por urbanizaciones, éstas están a distancia suficiente para dejar respirar al campo con suficiencia. Un recorrido relativamente plano, aunque los primeros hoyos y el hoyo final cuentan con desniveles interesantes. El campo está perfectamente mantenido. Los bunkers abundan, pero no son excesivamente profundos o retadores. Como ejemplo, el bunker que protege al green del hoyo 16 en la foto.

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Comento algunos hoyos del recorrido. Para empezar un gran hoyo 1 nos espera: hoyo corto en ligero dogleg de derecha a izquierda, el drive no será necesario para dejar la bola a 100 metros del green en una calle que cae fuertemente. El segundo tiro sí que puede ser bastante ciego a un green que cae hacia el principio del mismo. Dos bunkers recogen las bolas de los pegadores muy ambiciosos.

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Seguimos a un par 5 sinuoso y relativamente plano al que llegamos a un green enorme y elevado. Un principio amable.

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El hoyo 3 es un par 4 largo con forma de U: tee y green están elevados a una calle recta y bastante ancha. Buena oportunidad para reventar la bola. Todo a la vista bajo la mirada de la montaña de la Concha.

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Volvemos hacia la casa club con un par 3 en bajada de unos 150 metros. Un arroyo cruza por delante del green pero sin realmente entrar en juego.

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El hoyo 6 es un par 5 muy interesante porque cuenta con un arroyo que rompe la calle por dos durante el tramo final del hoyo. El tiro de salida se hace a una calle ligeramente más elevada y que cae hacia la izquierda, por donde serpentea un arroyo. Jugamos a un green otra vez elevado. El hoyo 7 es un par 4 algo truquero. El tiro es ciego a una calle que desciende de forma vertiginosa hacia el green. Es el par 4 más difícil del recorrido.

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Jugamos otro par 3 mucho más largo (170 metros) y terminamos la primera vuelta con un par 4 en dogleg tremendo hacia la izquierda. El tiro a green es francamente bonito.

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La segunda vuelta está en un área diferenciada a los primeros 9 hoyos, aunque de similar carácter. Un recorrido bastante plano, con bastantes doglegs suaves, bunkers amables y greenes amplios. El 10, por ejemplo es un par 4 en dogleg hacia la derecha: si arriesgamos para acortar la calle podemos enredarnos con el abundante arbolado de la parte derecha. El bunker marca la línea a seguir (como casi siempre en los campos de RTJ).

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En la imagen vemos el par 4 hoyo 13, un hoyo recto con salida en alto y protegido por muchos árboles y bunkers en la parte derecha de la calle.

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Calles anchas salpicadas por pinos, palmeras y otros ejemplares que permiten utilizar el driver sin peligro. Esta es la calle del par 5, hoyo 14. Es el handicap 1: además de su longitud considerable (480 metros) y del fuera de límites en la izquierda, el green es de los más pequeños y alargados del recorrido.

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El par 4 hoyo 15 nos permite ejecutar un disparo a un green protegido por un bonito obstáculo de agua. Numerosos árboles en el recorrido que harán las delicias de los aficionados a la botánica.

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El hoyo 18 es un precioso final para terminar, similar al hoyo final de Aloha (aunque aquí el obstáculo de agua no entra tanto en juego en el drive de salida). Con el marco de la casa club y la presencia de un obstáculo de agua en la parte izquierda, el hoyo describe un dogleg hacia la izquierda.

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Desde la curva el hoyo sube hasta el green que descansa en un anfiteatro natural.

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Robert Trent Jones, el arquitecto estrella del siglo XX

15 de septiembre de 2012 15 comentarios

Golf's Magnificent Challenge

Acabo de terminar un libro de Robert Trent Jones titulado “Golf’s Magnificent Challenge“sobre su vida y obra. RTJ (1906-2000) fue el primer arquitecto de campos de golf vivo que entró en el Salón de la Fama de Golf, en 1987. Fue nombrado por la revista Golf Magazine como uno de los 100 Héroes del Golf del siglo XX. Un nombre muy conocido y no por nada: más de 500 campos de golf por todo el mundo, en al menos 40 estados de los Estados Unidos y 35 países, entre ellos España. Se dice que el sol no se pone en un campo de RTJ. Arquitecto, artista, agrónomo, enormemente prolífico, creo que fue el Karajan del diseño de campos.

Cuenta su hijo Rees que el día en se su padre descubrió la aviación, desapareció de su casa. Se pasó la vida en un avión: hacía 300.000 millas al año, y en toda su vida voló más de 8 millones de millas. Tomaba aviones como quien toma un taxi. Si perdía un vuelo, tomaba otro a algún otro sitio donde poder hacer algún negocio. Un vendedor nato, en cualquier punto del planeta. Para conseguir esto tenía una estupenda habilidad: era capaz de dormirse en cualquier sitio.

RTJ tenía bastante claras sus ideas sobre lo que era un buen campo. Por ejemplo: los tees y greenes más grandes posibles, que admitían más posiciones de bandera, además de tener un mantenimiento más sencillo. Incluía siempre lagos en sus diseño como hazards y como fuente de agua de riego. Antes de que Deane Bemman inventara los “Stadium courses”, con gradas naturales para el público, RTJ abogó por ellos. El primero en instalar tees variables que permiten adaptar el campo a la habilidad del jugador, los llamados tees aeropuerto.

Sus campos, definidos como terrenos mitad de ajedrez mitad campos de tiro con arco, son campos estratégicos, donde normalmente tendremos varias alternativas para llegar a green, y donde la línea más corta siempre tendrá más riesgo. Algunos le atribuyen haber inventado el “target golf”. Siempre encontraremos bunkers en la calle y bunkers en el green protegiendo los tiros del golfista. El golf, para RTJ, es un deporte donde la recompensa viene de la mano con el riesgo. Se dice que RTJ te deja el bogey fácil, par difícil.

Durante la era de RTJ la construcción de campos empezó a poder emplear grandes máquinas y movimientos de tierra. Aún así, RTJ pensaba en mantener la belleza del territorio, y en que sus campos fueran estética y paisajísticamente preciosos. Son obras de arte moderno a gran escala. Un campo de RTJ anima el espíritu más que las obras pictóricas de muchos artistas modernos.

Aunque nació en Inglaterra,  su familia se trasladó a Estados Unidos cuando él tenía 5 años. Fue el primer profesional de golf  en el campo de Sodus Bay Heights, cerca de Nueva York. Problemas de salud le apartaron de la alta competición. Solía decir que hay muchos arquitectos que no saben jugar y muchos jugadores que no pueden diseñar. Para ser un buen diseñador de campos, tienes que tener ambas habilidades.

Jones estudió en Cornell University diversos cursos relacionados con la que sería su profesión de arquitecto: arquitectura de paisajes, agronomía, horticultura, hidráulica, estadística, economía e incluso oratoria. Durante el curso diseñó los 9 hoyos del campo de Cornell (abiertos en 1941; en 1954 volvería para construir los 9 hoyos restantes; hoy el campo lleva su nombre).

Tras la universidad, se asoció durante 8 años al arquitecto canadiense Stanley Thompson y trabajó en ese país, y más tarde también en USA. Después de la guerra, trabaja con Bobby Jones en el Peachtree Golf Club de Atlanta. Para evitar que pensaran que eran parientes, fue entonces cuando empezó a firmar como “Trent”.

Desde aquí hasta su retiro, RTJ firma más de 500 campos de golf por todo el mundo. Entre los más famosos del mundo: Eugene Country Club en Oregon, Spyglass Hill en Pebble Beach, California, o Hazeltine National Golf Club en Minessota. También ha trabajado en el rediseño de algunos campos extraordinariamente famosos: Augusta National (1947 y 950), Congressional Blue Course (1959 y 1964), Oakland Hills (1950, 1972  y 1984), Baltursol (1952) o el Olympic Club (1954).

En España trabajó en la Costa del Sol (junto a Cabell B. Robinson) y nos ha dejado varias muestras de su obra: Valderrama, Sotogrande, Marbella Golf & CC, Los Naranjos, Las Brisas, La Cañada o los dos campos de Mijas Golf (Los Lagos y Los Olivos).

A finales de los 80 RTJ diseñó el proyecto de golf más grande de la historia (en esa fecha, luego los chinos lo han superado). El sueño del empresario David Bronner, que quería impulsar el turismo en Alabama y atraer a los jubilados para su retiro. El macroproyecto consistió en diseñar y construir 18 campos de golf, y en total 468 hoyos de golf  en 11 localizaciones diferentes: el Robert Trent Jones Trail.

Finalmente y tras unos problemas de salud, se retira a vivir a su casa en Fort Lauderdale, Florida, donde fallece con casi 94 años en el año 2000.

Sus hijos Rees Jones y Bobby Jones Jr. también son arquitectos de campos de golf.

Cabell B. Robinson, un americano en Marbella

29 de abril de 2012 5 comentarios

Cabell B Robinson es un arquitecto norteamericano nacido en 1941 que ha desarrollado casi toda su carrera profesional en España. Sin duda uno de los grandes. Aunque hay muchos jugadores profesionales de golf que se pasan a ser diseñadores de campos (en España Seve Ballesteros, José Piñero, Txema Olazábal…incluso recientemente Miguel Angel Jiménez ha diseñado un campo en la República Checa), Cabell Robinson es diseñador profesional “pata negra” por formación. En Estados Unidos uno puede formarse en esta especialidad: después de estudiar Historia en Princeton, se graduó en la escuela de Diseño de Harvard y posteriormente obtuvo el título de “Arquitecto de paisajes” (Landscape Architecture) en Berkeley en 1967. Pertenece a la American Society of Golf Course Architects, el único miembro afincado en Europa. Y Golf Magazine le incluyó en el panel que elabora la lista de los 100 mejores campos de golf del mundo (vuelvo a presentarme voluntario para este panel).

En Harvard conoció a Rees Jones, el hijo de Robert Trent Jones, y  a raíz de esta amistad trabajó durante los veranos en el estudio de Trent Jones en New Jersey. Cuando terminó sus estudios se incorporó como arquitecto al estudio. En los tres años que trabajó en Estados Unidos, diseñó un complejo en Puerto Rico (Cerromar, Dorado Beach), un campo en Michigan (Oakland Hills) y en Nueva York (Crag Burn Club). Además viajó por todo Estados Unidos conociendo campos de golf, sobre todo los diseñados por Trent Jones.

En 1970 se convierte en el responsable de la oficina de Trent Jones para Europa, y se establece en la costa del Sol, en Fuengirola (como me apunta un amable lector). Allí permanece durante 17 años, hasta que en 1987 monta su propia oficina. El éxito de los diseños de Trent Jones en dos campazos como Sotogrande (1964) y Las Brisas (1968) hizo que llovieran los contratos. En los siguientes 17 años Trent Jones proyectó 25 campos en Europa, muchos de ellos en España, y Cabell Robinson estuvo implicado en todos ellos: Mijas Golf, Los Naranjos, Las Brisas, El Bosque (Valencia), Royal Golf d’Agadir (el espectacular campo sede del Open de Marruecos, en la foto), Quinta da Marinha, La Duquesa, Marbella Golf & Country Club y por supuesto Valderrama.

En 1987 se establece por su cuenta. Como diseñador principal, firma dos campos en La Cala de Mijas, en un terreno difícil. Posteriormente reconstruye Los Olivos, diseña La Reserva de Sotogrande (en la foto abajo), Santana Golf & Country Club y Valle Romano. Fuera de España destaca el campo portugués de Praia del Rey o el de Palheiro Golf en Madeira, los 27 hoyos de Golf Les Dunes en Agadir, el de Aphrodite Hills en Chipre, el Golf De Limere en Francia (Orleans), el Lugano Golf Club en Suiza, etc. Sus últimas obras maestras son Finca Cortesín y Las Colinas.

Robinson tiene fama de ser un arquitecto meticuloso, detallista, implicado en cada proyecto. No hace campos mediocres y rechaza encargos que no ve viables. Y sus campos no son copias unos de otros. Adapta al terreno que tiene el mejor diseño. Se ha convertido en una garantía de calidad, buen diseño, paisajismo y grandes rondas de golf.

En este video sobre Valleromano explica algunos de sus principios de diseño: le gusta construir campos con calles anchas, porque piensa en el amateur tipo, no en hacer campos para pros solamente. No le gusta poner bunkers u obstáculos de agua o de otro tipo que sean ciegos. Le gusta retar al jugador con segundos tiros tensos (describe Valleromano como un campo de segundos tiros). Greenes de tamaños variados y con formas diferentes que permitan posiciones de bandera complicadas. Y por supuesto el respeto por la flora y condiciones del lugar donde construye el campo, así como el uso de agua reciclada.

He leído una entrevista suya (aquí) en que defiende la profesionalidad y denuncia el intrusismo de muchos profesionales a la hora de ser diseñadores. Según Robinson, el diseñador es una mezcla de talento y formación. Los pros tienen a construir campos pensando en las zonas donde aterrizan las bolas, pero no en los problemas y obstáculos adyacentes que los jugadores amateurs ven. Además tienen a imitar los grandes hoyos que conocen, construyendo cosas que no son adecuadas por el terreno o su mantenimiento.

Hay excepciones, dice: Jack Nicklaus, por ejemplo, que se rodeó de gente capaz y aprendió el oficio. O leyendas del golf tan honestas como Arnold Palmer, que siempre deja claro que le pagan por el nombre y para pegar el primer drive de salida, pero no por diseñar. También se refiere a Seve, un diseñador pobre por culpa de los terrenos con los que trabajó para construir campos (véase Santa Marina o Los Arqueros). Según Robinson, hay sitios donde “ni Dios mismo” sería capaz de construir un campo decente. En la entrevista también aboga por hacer campos no pensados en super-pegadores, jugando con la posición de los tees de salida. Me parece una reflexión muy acertada contra el virus “Tiger Woods”: en el PGA Tour ya se han dado cuenta que no tiene sentido seguir alargando campos y dificultan los recorridos de otra manera.

Para mi, sus campos demuestran es que para ser buen diseñador no hay que ser pro, y que un jugador profesional no tiene porqué ser un buen arquitecto de campos. Un grandísimo diseñador casi español.