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Archive for the ‘Uncategorized’ Category

El futuro del golf: el sótano

28 de febrero de 2018 Deja un comentario

Leo en el WSJ un artículo escalofriante de Brian Costa sobre el futuro del golf: el golf indoor que se juega delante de una pantalla con un trackman y un simulador gráfico. En Corea del Sur ya es más popular que el golf de verdad. Ya comenté que en un viaje a Corea descubrí una afición brutal, con muchos jugadores que dan bolas de forma incansable y que nunca han pisado un campo de golf.

En estos últimos años los simuladores de golf han crecido como setas. Golfzon cuenta ya con más de 5.500 locales y planea una fuerte entrada en Estados Unidos. Un fenómeno al que acompañan torneos y competiciones, donde jugadores pueden competir desde locales diferentes.

En paralelo el mundo de los e-sports está creciendo exponencialmente, y ya hay equipos semiprofesionales, espacio en medios, muchas marcas patrocinando torneos y un canal propio en Movistar+ donde ver partidos del FIFA o a gente jugar a League of Legends o CounterStrike. Hay mucha gente que es incapaz de estar 5 horas en un campo de golf. Para ellos, estos simuladores pueden ser una solución.

Yo me quedo con mis campos.

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Jon Rahm, el ascenso

25 de enero de 2018 Deja un comentario

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¿Nos tocarán las bolas?

20 de noviembre de 2017 1 comentario

Por fin los que mandan en el mundo del golf se han despertado, han saltado las alarmas ante el evidente declive del golf y van a afrontar el cambio más necesario en este deporte: bolas diferentes para distintos niveles de juego. Así lo asegura Brian Costa, en este artículo.

Ya lo avisaba el doctor Alister MacKenzie en 1934 en su libro The Spirit of St Andrews. Y lo recordaba de manera magistral Pablo Martín en este grandioso artículo “El suicidio del golf”. El problema es evidente: para albergar hoy un campo competitivo para los profesionales necesitas una cantidad enorme de terreno, lo que encarece los campos, tanto en construcción como mantenimiento. El juego se ralentiza. El golf como deporte se encarece. Y al final el golfista se quedan en casa. Hasta el propio Tiger Woods lo admitía hace algunas semanas en este podcast.

Cuando Tiger empezó en 1996, ningún jugador del PGA Tour hacía 300 yardas (274 metros) de media con el driver. Esta temporada han habido 43 jugadores con una media superior a estas 300 yardas. El US Open de 1896 se jugó en Shinnecok Hills, un campo cerca de Nueva York cuyo recorrido medía 4.044 metros. El Open vuelve a Shinnecok Hills en 2018, y el campo (no sé si se puede decir que es el mismo recorrido) tendrá  6.802 metros. Hoy cualquier campo del PGA Tour tiene que medir más de 6.600 metros. Si esto sigue así, ¿veremos campos de 7.000 metros?

Mike Davis, el Director Ejecutivo de la USGA, lanzó la idea en un simposio en marzo de 2017 de que hay que cambiar la bola “acorde con el nivel de juego”. Esto significaría bolas diferentes para los profesionales. Y en seguida se pusieron a trabajar con el Royal & Ancient para estudiar como bolas de menor distancia pueden afectar al golf. El R&A piensa que no es tan necesario. En los links, los campos se protegen bien con otras cosas que la distancia. Pero en breve veremos a alguien bajar de 60 en el Old Course. Y la realidad es que otros desportes han restringido los materiales sin mucho drama: el tenis, el beisball o el atletismo por ejemplo. Las jabalinas tuvieron que ser rediseñadas varias veces cuando los atletas se salían del campo. Y no pasa nada.

Hay mucha gente en contra de este cambio tan necesario. “No nos toquen las bolas”, dicen. De entrada, los rectores de Augusta, que van por libre, no quieren oir hablar de cambios, aunque Augusta sea ya irreconocible. Los fabricantes, los menos interesados en estos cambios, aunque el CEO de Bridgestone aboga por que todos jueguen la misma bola en torneos (naturalmente una suya). No entiendo porqué, todos los jugadores podrían jugar ProV1s si esto fuese diferencial. Otros sugieren limitar a los pros los palos que pueden emplear por vuelta, a los 6 -7 palos. Otros dicen que se cambia la bola para todos, amateurs y profesionales (cosa que a mi me parece evidente). Otras soluciones son todavía más ridículas: calles más estrechas, roughs más duros, más bunkers. Otros abogan por prohibir los drivers de titanio. Racismo metalúrgico: encontrarán otro material que conseguirá más distancias.

Para mi el cáncer del golf siempre ha sido el juego lento, las rondas de más de 4 horas y media. Es posible que bolas más cortas reduzcan el tiempo de búsqueda de bolas, o quizá el juego se ralentice. No lo tengo claro. Pero sí, para los pros, sin duda y por el bien de los campos hay que hacer algo para evitar distancias tan salvajes. Y si en lugar de pegar 220 metros pegamos 200, pues bienvenidos sean.

 

 

Erin Hills: el sueño de Bob Lang

15 de junio de 2017 Deja un comentario

Semana de US Open. Por primera vez el torneo más sádico del circuito se juega en Wisconsin, un estado interior rural, muy frío en invierno y con escaso pedigree golfístico. (No es el primer major: Whisting Straits ha acogido 3 torneos del PGA; es ese campo tan salvaje donde Dustin Johnson perdió un PGA ante Martin Kaymer en 2010.)

La historia más curiosa que he leído estos días es sobre un individuo llamado Bob Lang. Un empresario local dueño de una empresa de calendarios (relativamente pequeña, llego a facturar 65 millones al año) y con una cartera de propiedades inmobiliarias que se enamoró de una finca rural en Wisconsin y soñó con transformarla en un campo de golf sede del US Open.

Atraer el US Open no es tarea sencilla. Muchos millonarios han comprado y gestionado campos de golf sin conseguirlo, entre ellos un tal Donald Trump. Pero la USGA prefiere campos públicos clásicos con historia, tipo Pebble Beach o Pinehurst. Se requieren campos con capacidad para acoger una infraestructura fuerte: tiendas, hospitalidad…

Lang compró la mayor parte del terreno en 2001 por 2,7 millones de dólares. En 2004 le mostró el terreno a Mike Davis, director del US Open. Davis se maravilló con la finca y le transmitió su entusiasmo. Y Lang pidió un préstamo de 11 millones de dólares para comenzar las obras. En 2006 se abrió al público, con greenfees a 150 dólares. Se gastó 5 millones adicionales en comprar fincas adyacentes, para que nadie construyera en los límites y estropeara las vistas.

En 2008 la USGA le premió con el US Amateur. Lang decidió gastar 2 millones adicionales para construir nuevos bunkers.

Después de gastarse 26 millones de dólares en su campo, Lang se arruinó: tuvo que venderlo todo para pagar sus deudas, incluso el propio campo en 2009, a un tal Andy Ziegler, por 10 millones. Lang hoy vive de la Seguridad Social y de la generosidad de Ziegler, que le empleó como “consultor del campo”.

Los arquitectos de Erin Hills, por cierto, son Michael Hurdzan, Dana Fry y Ron Whitten. Hurdzan es el quinto arquitecto de la historia, con Jack Nicklaus, Arnold Palmer, Byron Nelson y Robert Trent Jones, Sr. en haber ganado el “gran slam” de los diseñadores de campos: el Donald Ross Award (otorgado por la Asociación Americana de Arquitectos de campos de golf), el Old Tom Morris Award (de la Asociación de Superintendentes Americana) y el Don A. Rossi Award (de los Constructores americanos). Dana Fry trabajó con Tom Fazio antes de establecerse por su cuenta, y ha trabajado mucho en Estados Unidos sobre todo. Ron Whitten ha sido editor de Golf Digest desde 1985.

Quinta do Lago South (Portugal)

11 de junio de 2017 1 comentario

El Algarve es lo que muchas zonas de España deberían haber sido pero no son. Un destino turístico de calidad que apuesta por campos de primer nivel, muy bien presentados y mantenidos. En mi último viaje tuve oportunidad de conocer los campos de Quinta do Lago, un complejo de lujo que, junto a Vilamoura y Vale do Lobo, forman el Triángulo de Oro del Algarve. Una zona tomada por británicos con alto poder adquisitivo. Alguno se ha traído hasta la cabina de teléfono, que en el tee del hoyo 18 sirve para pedir la comida.

Quinta do Lago fue fundado en 1971 por un visionario emprendedor brasileño-polaco, André Jordan, tres años después del fin del régimen de Salazar. Inspirado en Punta del Este, el proyecto no fue ajeno a las turbulencias políticas de la época: fue expropiado en 1975 y devuelto a sus dueños en 1981. El complejo es propiedad del millonario irlandés Denis O’Brien, aunque está  a la venta por unos 220 millones de euros.

El arquitecto americano William F. Mitchell diseñó 27 hoyos, que hoy son los 18 del campo South y los mejores 9 hoyos del campo North. Bill Mitchell importó la construcción americana de campos y sus greenes. Defendía un estilo arquitecónico más clásico con calles anchas, greenes grandes y muchos bunkers estratégicamente situados. Un estilo cuyo máximo exponente es Arnold Palmer, y alejado a cómo se hacen los campos hoy.

El Quinta do Lago South (cuyo nombre en inglés ya nos indica a qué público va dirigido el campo) es el más famoso de los tres campos del complejo. Seguramente el más caro de jugar, pero creo que a todos nos decepcionó un poco. Incluso el nuevo campo del Laranjal es mucho más interesante, aunque seguramente menos escénico. En la foto el hoyo 14 que es el más cercano a la playa.

Abundan las cuestas, las salidas en alto y los greenes elevados. El recorrido es una montaña rusa que exige estar en forma o, en su defecto, jugar en buggie (algo que me parece muy molesto). Abundan los tees en alto y greenes en alto, o bien hoyos ascendentes como el magnífico hoyo 17, un par 5 en subida precioso donde se sobrevuela el agua desde el tee de salida. Contra viento es un hueso.

El mantenimiento es impecable, con unos bunkers perfectos y greenes muy nobles. Los greenes son extraordinarios, sin caidas dramáticas pero todos con caídas sutiles que complican mucho el putt. En la imagen el green del hoyo 12, un par 5 extraordinario.

El campo es un jardín botánico y partes del mismo son reserva natural, y eso se nota por la cantidad de pájaros. Abundan las mansiones gigantescas. En el 4, además, hay una pequeña laguna que no se ve desde el tee y a la que te puedes ir si la pegas fuerte. Afortunadamente el rough está alto en esa zona.

El hoyo 1 es un par 4 relativamente ancho y en bajada. Ojo con los bunkers de la derecha. El green recibe con caídas de fondo a frente considerables por lo que mejor quedarse corto de bandera.

El hoyo 3 es un gran par 4 de 390 metros. La entrada está bien protegida por dos bunkers preciosos.

El 5 es un par 5 relativamente recto y que discurre entre pinos y mansiones. Otro green elevado con caídas sutiles y ojo a los dos bunkers protegiendo su entrada.

El 7 es un par 4 también en subida. Son una maravilla los greenes y sus defensas.

El 8 es un par 4 en dogleg hacia la derecha. Una salida muy complicada porque la calle se estrecha mucho y hay que tener una buena posición para tener tiro a un green en alto.

Incluso la calle no puede ser buen sitio si tenemos árboles en nuestro camino al green.

El hoyo 9 es un par 4 muy duro con salida y green en alto. La calle gira mucho hacia la izquierda. La casa club y el bar están literalmente pegados al restaurante bar por lo que este debería ser un duro hoyo 18 para terminar.

El hoyo 10 es un par 4 complicado. Un dogleg hacia la derecha con una calle que desciende y luego asciende bruscamente hacia un green elevado y grande. El green cae de fondo a frente.

El 11 es un par 3 con salida muy alta a un green que está a 190m, el clásico green himalaya que pide un palo menos.

El 13 es un par 4 en ligero dogleg a la izquierda. Cualquier bola que no esté en calle puede sufrir la influencia de los árboles.

El hoyo 15 es un par 3 relativamente largo y con agua en todo su frente. Un espectáculo mucho mejor si cogemos el green.

Golf El Fresnillo (Ávila)

8 de mayo de 2017 1 comentario

El golf El Fresnillo, enclavado en el complejo Naturávila, está en las afueras de Ávila a unos 120 km de Madrid. Es un campo relativamente joven, de 1999, y diseñado por el ingeniero Carlos Corsini, de la empresa Ibergolf, y que también cuenta con un diseño en Cáceres (Norba Club golf), además de haber construido otros campos en España como Aloha. Este es el green del 18 desde la zona de prácticas.

Pese a su juventud el campo está bastante arbolado y resulta un recorrido precioso. Es un campo amable, prácticamente llano, muy variado y muy divertido de jugar. Un campo noble, par 73, con una casa club amplia y donde se come muy bien.

Me parecieron divertidos y nobles los greenes, varios de ellos amurallados por una serie de montañitas que dan mucho juego. Supongo que será la forma de homenajear las murallas de la ciudad cercana.

Los primeros nueves resultan más sencillos que los segundos nueve hoyos. Hay una descripción muy buena de cada hoyo en la web del campo, con muchas fotos. El hoyo 1 es un par 5 cómodo para empezar bien la vuelta, con un fuera de límites por la izquierda y un green muy alargado y que recibe cuesta arriba.

Ya en el hoyo 2 encontramos agua por la derecha, aunque realmente no parece que pueda entrar en juego porque la calle abre mucho por la derecha.

Otro hoyo con murallas protegiendo el green, en un par 3 largo.

Pocos bunkers en el recorrido, pequeños y bien mantenidos.

Varios árboles que se han dejado en medio de las calles del 8 y del 15 que dan mucho juego. El del 8 te cierra el tiro si vas por la izquierda de calle.

El del 15 obstaculiza la caída del driver, obligando a elegir desde dónde tirar. Esta foto no es la vista desde el tee sino desde la parte derecha de la calle.

Este muro vegetal encuadra el tiro al green del hoyo 9, con la casa club al fondo. Un par 3 precioso con agua y no demasiado largo.

La segunda vuelta, ya desde un hoyo 10 larguísimo y muy recto, tiene una franja de hoyos (11 a 14) francamente complicados. Mucha agua en forma de rios y lagos que tienen imán para las bolas. En especial un hoyo 12 brutal. En la foto un par 3 hoyo 13, que también tiene agua por la izquierda.

El hoyo 14 es un precioso dogleg hacia la derecha donde hay que poner la bola en el sitio para poder ver el green, muy bien tapado por los árboles.

Otro green amurallado que te hará disfrutar, salvo que como yo hagas 4 putts.

En definitiva un campo divertido, noble, con hoyos estratégicos, hoyos más sencillos y una vuelta estupenda de golf.

 

 

 

The Twenty Ten – Celtic Manor Resort (Gales)

15 de julio de 2016 1 comentario

El resort de Celtic Manor, en Newport, al sureste de Gales, cuenta con dos hoteles de cinco estrellas, cabañas de lujo para alquilar, un spa, 6 restaurantes, locales para celebrar bodas, banquetes y conferencias, un campo de tiro con arco y un recorrido de cuerdas para ir de árbol en árbol como Tarzán. Y por supuesto tres campo de golf: el Roman Road Course, diseñado por Robert Trent Jones, el Montgomerie Course, obra de Colin Montgomerie, y el Twenty Ten, el primer campo del mundo diseñado expresamente para albergar una Ryder Cup: obviamente la del año 2010. Europa ganó 14,5 – 13,5, con aquel famoso hundimiento de Hunter Mahan para la victoria final de Graeme McDowell.

Diseñado por Ross McMurray, arquitecto de Panorámica en España, el campo aprovecha 9 hoyos ya existentes del campo de Wentwood Hills e integra 9 hoyos nuevos. Como todo campo Ryder está pensado para acoger grandes masas de gente bordeando los hoyos, con tres últimos greenes rodeados por anfiteatros naturales. Un campo con mucha agua.

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Estamos ante un campo plano (en sus 14 hoyos iniciales), muy movido, variado, que combina hoyos muy típicos de links con otros de riesgo recompensa muy marcados por la presencia de muchos lagos. Los greenes son grandes, ondulados y cuentan con muchas escapatorias muy curiosas. Recuerda mucho al golf americano, un tipo de campo muy moldeado. Lo que pasa es que no estamos en Florida, sino en Gales, y por ello el mantenimiento de las calles es más que discutible: mucho barro y mucha humedad que lastran al recorrido. Y el tiempo cambiante de Gales: por ejemplo, en el hoyo 6 (un precioso hoyo “Cabo”) sufrimos la transición desde el verano hasta una granizada brutal que nos dejó helados. En el hoyo 7 volvió a lucir el sol y el campo olvidó el frío y el granizo. Pero el susto, el frío y el hoyo arruinado nos lo llevamos entero.

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El hoyo 1 es siempre muy famoso en una Ryder por la presión que tienen los jugadores en el tee de salida, siempre rodeados de público superanimoso. Es una de las escenas más emocionantes del golf de competición y uno de los drives más difíciles. Estamos ante un dogleg hacia la izquierda con una calle bien protegida por bunkers. El green, como casi todos ligeramente elevado, es muy movido y también está bien escoltado por varios bunkers.

Celtic Manor H1

El hoyo 2 es un par 5 bastante recto que parece un festival de bunkers. De todos los colores y tamaños se van sucediendo a izquierda y derecha de la ondulada calle hasta llegar al green.

Hoyo 2 CManor

El hoyo 3 es el primer par 3 del recorrido y el primero con agua, aunque realmente no entra demasiado en juego.

Hoy 3 CM

Después de un par 4, el hoyo 5 es el primer hoyo notable del recorrido, y el handicap 1, el más difícil del campo. Desde la salida, una calle que gira ligeramente hacia la derecha. En el camino del green, un enorme bunker. Necesitamos la máxima distancia y los pegadores tratarán de superarlo. Desde ahí un difícil tiro a un green alargado, muy movido y protegido por un río que cruza en diagonal. De esos hoyos que dan dolor de cabeza. Un hoyazo de golf.

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La primera vuelta termina con un par 5 con el green ligeramente a la izquierda, en dirección a las montañas que rodean el entorno del campo. Subiremos estas montañas para jugar los hoyos 10, 15 y 16.

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El hoyo 10 es un par 3 con salida en alto a un green movido y bordeado por la amenaza de varios bunkers profundos. Al fondo la caseta de bebidas y bocadillos.

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Entraremos en la segunda vuelta en una serie de 4 hoyos totalmente rodeados por agua. Parece que estemos en Venecia. Y no son hoyos cortos o fáciles. El objetivo es salir vivo de aquí. La salida en alto del 11 es algo intimidatoria, con agua a izquierda y derecha de la calle.

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Grandioso el hoyo 12, un par 4 con un green muy bien escondido detrás de la lengua del lago. Ya antes hemos tenido que evitar otro lago por la izquierda de la calle. Y por supuesto grandes bunkers para amenizar el recorrido.

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Otro hoyo muy notable es el 15, un par 4 corto al que se pueden acceder por dos rutas: por la izquierda (salida con hierro, dogleg salvaje a la derecha, green en alto) o directamente al green (como hacían todos los pros, tiro entre los árboles). El green está en alto y lo peor que nos puede pasar es quedarnos en una ladera y tener un tiro ciego corto. Así que lo que hace todo el mundo es lanzarse al green con todo. El tiro es entre los dos árboles de la foto.

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El 16, 17 y 18 discurren por la parte más elevada del campo, y por ello encontramos más cuestas y densiveles. Este el el green del hoyo 16, con su anfiteatro natural para el público y los búnkers para los jugadores poco precisos.

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El 18 es un maravilloso par 5, donde la calle serpentea ligeramente en dogleg hacia la izquierda y con un green bien guardado por otro lago. Este es el magnífico aspecto que tiene el hoyo 18 desde la casa club, un gran hoyo para terminar este buen campo de golf.

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Tras dos golpes buenos me acerco a mi bola y veo, junto a mi bola, esta escalofriante placa (otra más, ví al menos 4 placas celebrando golpes de la Ryder en el campo). En este caso se rinde homenaje a un drive estratosférico de Nicolas Colsaerts; un drive de 381 metros, nada menos. Estos tipos juegan a otra cosa.

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