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Posts Tagged ‘Aloha’

Golf El Fresnillo (Ávila)

8 de mayo de 2017 Deja un comentario

El golf El Fresnillo, enclavado en el complejo Naturávila, está en las afueras de Ávila a unos 120 km de Madrid. Es un campo relativamente joven, de 1999, y diseñado por el ingeniero Carlos Corsini, de la empresa Ibergolf, y que también cuenta con un diseño en Cáceres (Norba Club golf), además de haber construido otros campos en España como Aloha. Este es el green del 18 desde la zona de prácticas.

Pese a su juventud el campo está bastante arbolado y resulta un recorrido precioso. Es un campo amable, prácticamente llano, muy variado y muy divertido de jugar. Un campo noble, par 73, con una casa club amplia y donde se come muy bien.

Me parecieron divertidos y nobles los greenes, varios de ellos amurallados por una serie de montañitas que dan mucho juego. Supongo que será la forma de homenajear las murallas de la ciudad cercana.

Los primeros nueves resultan más sencillos que los segundos nueve hoyos. Hay una descripción muy buena de cada hoyo en la web del campo, con muchas fotos. El hoyo 1 es un par 5 cómodo para empezar bien la vuelta, con un fuera de límites por la izquierda y un green muy alargado y que recibe cuesta arriba.

Ya en el hoyo 2 encontramos agua por la derecha, aunque realmente no parece que pueda entrar en juego porque la calle abre mucho por la derecha.

Otro hoyo con murallas protegiendo el green, en un par 3 largo.

Pocos bunkers en el recorrido, pequeños y bien mantenidos.

Varios árboles que se han dejado en medio de las calles del 8 y del 15 que dan mucho juego. El del 8 te cierra el tiro si vas por la izquierda de calle.

El del 15 obstaculiza la caída del driver, obligando a elegir desde dónde tirar. Esta foto no es la vista desde el tee sino desde la parte derecha de la calle.

Este muro vegetal encuadra el tiro al green del hoyo 9, con la casa club al fondo. Un par 3 precioso con agua y no demasiado largo.

La segunda vuelta, ya desde un hoyo 10 larguísimo y muy recto, tiene una franja de hoyos (11 a 14) francamente complicados. Mucha agua en forma de rios y lagos que tienen imán para las bolas. En especial un hoyo 12 brutal. En la foto un par 3 hoyo 13, que también tiene agua por la izquierda.

El hoyo 14 es un precioso dogleg hacia la derecha donde hay que poner la bola en el sitio para poder ver el green, muy bien tapado por los árboles.

Otro green amurallado que te hará disfrutar, salvo que como yo hagas 4 putts.

En definitiva un campo divertido, noble, con hoyos estratégicos, hoyos más sencillos y una vuelta estupenda de golf.

 

 

 

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Real Club de Golf Guadalmina (Campo Sur), Marbella

16 de marzo de 2016 1 comentario

Visitamos hoy por fin el primer diseño de Javier Arana en la Costa del Sol. Como cuenta Alfonso Enhardt en su libro “Los campos de golf de Javier Arana“, el desarrollo fue promovido, a finales de los 50, por la familia Goizueta que entendió al golf como gancho para poder vender promoción inmobiliaria. Arana diseñó y construyó nueve hoyos (los mejores del recorrido), que se completaron más tarde con otros 9 inaugurados en 1963 (y que ya estaban más condicionados por la presencia de casas). Por eso el recorrido actual no sigue el patrón original. Quizá por eso encontramos que los 4 pares 5 vienen en pareja, en los hoyos 6 y 7 primero y en los hoyos 16 y 17 más adelante en la vuelta. Una combinación nada común.

El recorrido original arrancaba en el actual hoyo 11, un par 3 espectacular junto al mar y pegado al hotel del complejo. Destaca un bunker natural muy playero frente al hoyo.

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Estamos ante un campo, como todos los de Arana, sobrio y elegante, que pese a serpentear entre casas no transmite la sensación de agobio que dan otros diseños posteriores en Marbella (por ejemplo La Manga). Las calles son anchas y hay pocos bunkers, aunque bien colocados. Es un campo que obliga a colocar la bola en un punto determinado de la calle para atacar a los greenes con el ángulo correcto. Los greenes son enormes y con numerosos contornos internos. El hoyo 1 es un ejemplo. Un par 4 con salida en alto y ligero dogleg hacia la derecha. La sensación es muy similar a varios hoyos de Aloha.

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El hoyo 2 es un par 3 con el fuera de límites muy pegado a la parte izquierda. El green está mucho más elevado que el tee. Arana no protege al green con bunkers. La diferencia de altura, los contornos del green (esa pequeña y su tamaño son defensa suficiente). A pesar de la gran cantidad de urbanizaciones que rodean al campo, la sensación de juego no es la de un campo peligroso.

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El siguiente hoyo es un excelente par 4 en dogleg hacia la izquierda. No me pareció que se gana nada intentando acortar por la izquierda.

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El green recibe en diagonal a la calle y está bien protegido por bunkers, los bunkers ameba que encontramos en este campo. La dificultad está en el movimiento del green. De hecho creo que lo mejor del campo es el diseño de estos greenes, casi siempre ligeramente elevados, abovedados, y con algunas caídas tremendas. Quedarse fuera de green no es garantía de hacer approach y putt.

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El hoyo 4 es un serpenteante par 4 en descenso, con una salida preciosa que da una sensación mucho más angosta de lo que luego encontramos. Es una salida en alto (siempre un placer golfístico) pero con cierta tensión por las casas que rodean al hoyo.

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El tiro al green está obstaculizado por un grupo de árboles por la parte derecha.

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El siguiente hoyo 5 es un par 4 en ligero dogleg hacia la derecha. Un bunker en la parte derecha de la calle obstaculiza el primer driver. También hay bunkers en la parte derecha del green.

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Entramos en los hoyos mejores del recorrido, los originales de Arana y más cercanos a la playa. El hoyo 6 es un par 5 recto y tremendamente largo, de 555 metros, uno de esos hoyos en los que Arana demostraba que era un gran pegador y que no envejece. El tiro desde el green pide una bola ligeramente cerrada.

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El hoyo 7 vuelve a ser un par 5 aunque más corto y recto. Nos espera un bunker en la parte derecha de la calle.

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Preciosos los bunkers también que anteceden al green, una sucesión escalonada estupenda.

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Otra obra maestra es el hoyo 10, con ese green semielevado junto al mar.

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El hoyo 12 es un precioso par 4, corto y muy estratégico. El drive de salida nos dejará un tiro corto a un green elevado. Varios bunkers protegen la ladera de ascenso al green.

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El 13 nos lleva a un par 4 también muy corto donde un lago previo al green nos impide sacar el driver de la bolsa. Un hierro corto basta para poner la bola en calle y tener un tiro a green sobre el lago.

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El hoyo 14 es un delicioso par 3, estrecho por el muro vegetal y guardado por un amenazante bunker frontal (acompañado de otros dos traseros).

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El 15 nos ofrece un par 4 con el tee en la parte izquierda de la calle, por lo que pide una bola cerrada para evitar los bunkers de calle.

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Un par 5 bastante recto continúa, en el que destaca una sucesión de bunkers enormes en la parte izquierda de la calle. Un estupendo par 5.

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Nuevamente el trazado nos trae otro par 5. El hoyo 17 es un par 5 en ligero dogleg hacia la derecha. Varios árboles protegen la calle por ambos lados.

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Calle ancha hasta un green alargado que recibe en alto, estrecho y guardado por tres bunkers.

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El hoyo 18 salva también un desnivel importante (nada dramático, la verdad) ascendiendo hacia el green desde la calle. El hoyo es un fuerte dogleg hacia la izquierda y hay que conseguir poner la bola bien centrada en calle para evitar árboles que nos puedan obstaculizar el ascenso al green. Dos bunkers escoltan al green por su parte izquierda, más un pequeño bunker en la parte trasera del mismo.

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Los Naranjos Golf Club, Marbella (Málaga)

9 de septiembre de 2013 2 comentarios

El club de golf de Los Naranjos está situado a escasos metros de otros dos grandes campos marbellíes: Aloha y Las Brisas, en un área conocida como el “Valle del Golf”. Aunque también podría estar situado a escasos metros de Estocolmo: en el bar del club los paneles anuncian los hoyos en 1 conseguidos desde su inauguración en 1977: un panel con más de 20 nombres suecos. Y en la web, el sueco Peter Hanson cuenta con una sección como héroe local.

No es un campo barato: en temporada baja (en verano) el club cuesta 118 euros dos greenfees, buggy incluido. Pero merece la pena conocer este diseño clásico de Robert Trent Jones. Aunque rodeado por urbanizaciones, éstas están a distancia suficiente para dejar respirar al campo con suficiencia. Un recorrido relativamente plano, aunque los primeros hoyos y el hoyo final cuentan con desniveles interesantes. El campo está perfectamente mantenido. Los bunkers abundan, pero no son excesivamente profundos o retadores. Como ejemplo, el bunker que protege al green del hoyo 16 en la foto.

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Comento algunos hoyos del recorrido. Para empezar un gran hoyo 1 nos espera: hoyo corto en ligero dogleg de derecha a izquierda, el drive no será necesario para dejar la bola a 100 metros del green en una calle que cae fuertemente. El segundo tiro sí que puede ser bastante ciego a un green que cae hacia el principio del mismo. Dos bunkers recogen las bolas de los pegadores muy ambiciosos.

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Seguimos a un par 5 sinuoso y relativamente plano al que llegamos a un green enorme y elevado. Un principio amable.

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El hoyo 3 es un par 4 largo con forma de U: tee y green están elevados a una calle recta y bastante ancha. Buena oportunidad para reventar la bola. Todo a la vista bajo la mirada de la montaña de la Concha.

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Volvemos hacia la casa club con un par 3 en bajada de unos 150 metros. Un arroyo cruza por delante del green pero sin realmente entrar en juego.

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El hoyo 6 es un par 5 muy interesante porque cuenta con un arroyo que rompe la calle por dos durante el tramo final del hoyo. El tiro de salida se hace a una calle ligeramente más elevada y que cae hacia la izquierda, por donde serpentea un arroyo. Jugamos a un green otra vez elevado. El hoyo 7 es un par 4 algo truquero. El tiro es ciego a una calle que desciende de forma vertiginosa hacia el green. Es el par 4 más difícil del recorrido.

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Jugamos otro par 3 mucho más largo (170 metros) y terminamos la primera vuelta con un par 4 en dogleg tremendo hacia la izquierda. El tiro a green es francamente bonito.

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La segunda vuelta está en un área diferenciada a los primeros 9 hoyos, aunque de similar carácter. Un recorrido bastante plano, con bastantes doglegs suaves, bunkers amables y greenes amplios. El 10, por ejemplo es un par 4 en dogleg hacia la derecha: si arriesgamos para acortar la calle podemos enredarnos con el abundante arbolado de la parte derecha. El bunker marca la línea a seguir (como casi siempre en los campos de RTJ).

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En la imagen vemos el par 4 hoyo 13, un hoyo recto con salida en alto y protegido por muchos árboles y bunkers en la parte derecha de la calle.

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Calles anchas salpicadas por pinos, palmeras y otros ejemplares que permiten utilizar el driver sin peligro. Esta es la calle del par 5, hoyo 14. Es el handicap 1: además de su longitud considerable (480 metros) y del fuera de límites en la izquierda, el green es de los más pequeños y alargados del recorrido.

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El par 4 hoyo 15 nos permite ejecutar un disparo a un green protegido por un bonito obstáculo de agua. Numerosos árboles en el recorrido que harán las delicias de los aficionados a la botánica.

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El hoyo 18 es un precioso final para terminar, similar al hoyo final de Aloha (aunque aquí el obstáculo de agua no entra tanto en juego en el drive de salida). Con el marco de la casa club y la presencia de un obstáculo de agua en la parte izquierda, el hoyo describe un dogleg hacia la izquierda.

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Desde la curva el hoyo sube hasta el green que descansa en un anfiteatro natural.

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Santana Golf, Mijas (Málaga)

6 de mayo de 2012 1 comentario

Comento hoy el que a mi juicio es, con permiso de Aloha, el mejor campo de Marbella y alrededores. Santana Golf es un campo relativamente nuevo y poco conocido, sin la solera que tienen otros campos marbellíes. A pesar de su juventud, es un campo asentado. Una joya que mejora con los años y que cada vez presenta un mejor aspecto. Jugamos un jueves a las 9.20 de la mañana y el greenfee de temporada alta nos costó 75 euros. Una ganga comparada con otros campos sensiblemente peores y con precios similares. No tiene campo de prácticas. El buggy para dos cuesta lo mismo que un carro manual, pero es totalmente innecesario: es de los pocos campos que se camina perfectamente.

Un diseño maravilloso de Cabell B. Robinson en una finca de aguacates, cuenta con hoyos muy variados y divertidos. Un campo agradecido para disfrutar: calles anchas, planas y bien delinedas, un rough benigno (con excepciones), greenes amplios y movidos, y salpicado por bunkers-amebas abundantes y bien situados. Los pares 3 y 4 son variados tanto en distancia como en forma y tiro, y los pares 5 son realmente excepcionales. Es un campo para pasarlo bien en el que se puede hacer un buen resultado: yo cumplí mi handicap pero mi compañero de partido, un sólido jugador handicap 4, me destrozó firmando un 71 bruto con una vuelta modélica.

El hoyo 1 es un par 4 corto y en dogleg a la derecha. Un tiro lógico para el amateur que produce un slice natural. Me gustan los campos en los que el hoyo 1 es franco: nada peor que gente buscando bolas en el 1 y retrasando el campo.

El hoyo 2 es un par 3 protegido por bunkers y sobre todo un estanque de agua, que añade una cierta tensión sobre todo si la bandera está escondida. Cruzamos una carretera y nos acercamos a un tee elevado de salida al hoyo 3, un par 4 largo que precisa de un drive fuerte para atacar a un green pequeño, alargado y protegido por bunkers.

El siguiente hoyo es un par 5 magnífico, el mejor del campo, que comparte calle con un par 5 de vuelta. Así la calle es anchísima. Un bunker en la parte derecha de la misma penalizará a los ambiciosos que quieran acortar o a los que producen un slice con su drive.

Rodeado por un bosque de naranjos y enmarcado en un acueducto en ruinas, se tira a un green movido cruzando un río. Este canal suele impedir tirar a green de dos. El green tiene un piano importante y hace que la diversión continúe aunque estemos ya en la pista de baile y pensemos que el par está hecho. Hay que hacer los dos putts.

Después tenemos dos pares 4 cortos, ambos dogleg. El primero es un dogleg de izquierda a derecha corto, donde atacamos a un green en subida a un green con caídas salvajes. Cualquier putt desde la plataforma superior con un poco de fuerza se saldrá de green.

Desde el tee del hoyo 7 se observa un hoyo de la Cala, otro diseño de Cabell Robinson mucho más montañoso. El hoyo 7 es otro dogleg de derecha a izquierda y en bajada a un green amplio y también movido, protegido por toda una exhibición de bunkers, como se aprecia en esta foto desde el tee del 6 al green del 7.

Posteriormente nos encontramos con un par 3 serio y largo, con el río penalizando a cualquier tiro malo, al que sigue otro par 5 larguísimo y en S, que pide una salida a la parte izquierda de la calle para poder tener un tiro cómodo para preparar el asalto al green. Otro gran hoyo de golf.

Terminamos la primera vuelta con un hoyo 9 par 4 en subida y con la calle en U. Aquí el viento puede alargar mucho el hoyo.

La segunda vuelta comienza con un par 5 esplendoroso, un hoyo en suave bajada hacia un green protegido por un lago. Otro hoyo precioso donde si pegamos un drive decente quizá tengamos tiro a green de segundo golpe. Unos bunkers en la parte izquierda son el peligro de la salida.

El lago de la izquierda quizá nos haga reconsiderar nuestra valentía, sobre todo si la bandera está al fondo y pegada al lago.

El siguiente hoyo es un dogleg de izquierda a derecha en subida, relavitamente corto desde el tee de salida. Hay que colocar la bola antes de los numerosos bunkers de calle para atacar a un green cuya superficie no veremos bien. El green está justo detrás de los árboles de la foto en la parte derecha.

Seguimos con un par 3 largo y en bajada. Es un tiro de unos 160 metros a un green que recibe en diagonal.

Este par 3 provocó nuestra incredulidad por la posición de bandera, según mi compañero de partido totalmente ilegal. Una bola dropada en bandera se alejaba varios metros de la misma por la caída brutal del green. En la foto se aprecia más o menos bien la posición criminal de bandera en la pendiente del green. Las fotos tienen a aplanar las caídas…

El hoyo 14 es un par 4 corto interesante porque el green está a distancia de drive para pegadores medios. Hoyo de birdie.

El 15 es el último par 5 del recorrido, otro hoyo en forma de S donde nos cautivarán los bunkers que reciben los tiros a green pobres del segundo golpe. Realmente el tiro lógico es a la derecha de los mismos para atacar el green. Si nos salimos de calle encontraremos un rough denso y complicado.

El 16 es otro par 3 relativamente corto pero con agua a la derecha para intimidar al amateur.

Después del 17, un dog leg tremendo de izquierda a derecha, el 18 es un par 4 durísimo por su longitud. El green está elevado y bien protegido. Además puede entrar en juego un lago en el drive de salida. Un buen 18 para terminar un campazo.

Río Real, Marbella

18 de abril de 2012 6 comentarios

En el área de Marbella, entre Málaga y Algeciras, hay 53 campos: la competencia es muy dura. Río Real es un gran ejemplo de la excelencia de Javier Arana como arquitecto. Un enorme campo de golf que siempre disfruto muchísimo y sin duda uno los mejores de Marbella. Un festival de doglegs variados en un terreno semiplano. Cuando jugué en Semana Santa, las barras amarillas estaban significativamente adelantadas (una costumbre desgraciada de muchos campos, supongo que para proteger tees); desde amarillas reales es un campo serio, largo y muy complicado. De hecho es escenario de muchos torneos de profesionales. Ejemplo de salidas adelantadas, esta foto del hoyo 5 par 4, que se juega casi de rojas.

Inaugurado en 1965, el campo está marcado por la presencia del río Real que le da nombre, un canal (casi siempre seco) que lo atraviesa. Su orografía es variada, combina una zona plana con unas pequeñas colinas desde el 6 al 8, y una gran salida en alto desde el 11.

Se puede andar perfectamente (cosa nada común en Marbella). Está rodeado casi íntegramente de urbanizaciones, pero nunca entran en juego o molestan la línea del jugador. El hoyo 5 es un par 4 largo que se aproxima a la playa (aunque realmente una valla y unas cañas impiden su vista).

Es un campo de socios que cuenta con precios más o menos razonables para el nivel de campo donde estamos: nosotros jugamos con una oferta de dos greenfees + buggie por 150 euros. Los dueños ofrecen oferta con buggie supongo que para acelerar el ritmo de juego.

Las calles están bien protegidas por bunkers casi siempre en línea de tiro, y delineadas por hileras de pinos que harán difícil la recuperación desde calles adyacentes en caso de escapada. Son calles casi planas, sin las típicas ondulaciones que son norma en otros diseños modernos (Finca Cortesín, por ejemplo).

Bunkers muy grandes y no muy profundos, y greenes casi siempre grandes y con caídas muy sutiles, sin grandes pianos. Cosa curiosa es que en casi todos los hoyos la línea de tiro buena es hacia el bunker de calle.

El recorrido es extraordinario por su equilibrio. Estamos ante una exhibición constante de doglegs a izquierda y derecha. Los hoyos 1, 4, 7, 8, 9, 13, 15 favorecen un buen tiro de draw. Los hoyos 2, 11, 16 y 18 son de izquierda a derecha y precisan de una salida fuerte al fade. Hay otros dos hoyos de izquierda a derecha que no entran en esta categoría porque no necesitan de un fade: el 5 y el 10. El 17 es un par 4 corto en el que el tiro es recto. Y con los cuatro pares 3 (3, 6, 12, 14) se completa el recorrido. Aunque normalmente los amateurs salimos con el drive, es posible que este campo no requiera este palo para los pros muy pegadores, salvo que sean capaces de mover la bola a voluntad. Aún así el campo es más amplio y penaliza menos las escapadas que un Aloha, por ejemplo.

El 1 es un hoyo sencillo aunque no lo parezca, porque ante el tee de salida tenemos un canal del río y un árbol en medio de la calle.

El hoyo 5 es un hueso complicado: un dogleg a la derecha que requiere una salida fuerte y recta para poder luego disparar a un green cruzando la ría en tiro ciego. Si uno no consigue poner la bola en el sitio habrá que tirar a green de 3. Esta es la salida desde el tee, casi pegado a la playa.

El segundo tiro debe superar el río por encima de esta loma; el green está detrás. O si no se llega, a la parte izquierda para tirar a green de 3.

El hoyo 6 es un par 3 de unos 150 metros a un green pequeño encajonado entre el FDL de la derecha y el río a la izquierda. Tiro tenso.

Después el 7 es un gran par 5 en dogleg. El que quiera apurar por la izquierda se enfrenta a un bosque-barranco que te hace perder un golpe. Siempre tienes la opción de apuntar al bunker. Desde el tee se observa el green y la calle del 8, a la izquierda de la foto:

Esta es la vista del tee del 7 desde la calle del hoyo, donde se ve el green del 8 en alto.

El hoyo 10 es el lunar de este campo, la excepción que emborrona el diseño de este campo. Un par 4 incomprensible, en dogleg a la derecha, que precisa una salida estratosférica para poder tener opción de tirar a green, un green elevado y normalmente taponado por un monte con árboles altos. Nunca he podido tirar a green de dos. Supongo que Arana pensó el tiro a green sin una ladera con árboles tan elevados, ahora es un par 4 pésimo. La calle está limitada por un FDL que implica que cualquier tiro más o menos deficiente por la izquierda muera en penalización.

Aparte del río, el campo tiene un pequeño lago que entra en juego en el hoyo 12, un par tres con salida en alto.

Casi nunca mis fotografías no hacen justicia a los campos que visito, aunque esta foto desde el green del hoyo 13, par 5, da una buena imagen de lo que es este recorrido de Río Real, y de lo bien cuidado que estaba en esta Semana Santa 2012.

El hoyo 14 es otro par 3 interesante, que ofrece una opción aparentemente segura de tiro abierto para evitar el barranco a la izquierda del green. Digo aparente porque Arana ha situado un bunker elevado en la ladera derecha que recoge las bolas de los cobardes o de los slices. Un bunker invisible desde el tee y que puede destruir muchas ilusiones.

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Javier Arana, el gran arquitecto español

25 de marzo de 2012 29 comentarios

De todos los aspectos que rodean al golf, quizá el más importante y el menos celebrado es el propio campo donde se practica. Un deporte cuya cancha de juego es siempre diferente debería otorgar los máximos honores a los artistas que diseñan los mejores campos. Hoy mi post para Javier Arana, al que siempre acompaña la coletilla “el mejor diseñador de campos en España”, sin mayor comentario. Arana diseñó Aloha y Río Real, dos campazos donde jugué recientemente, y también colaboró en Sant Cugat, por lo que ya me interesó indagar sobre su obra. Es difícil encontrar mucha información en la red; me apoyo en mi experiencia de juego en sus campos y en un artículo fantástico de Alfonso Enhardt (en inglés) que podéis encontrar aquí.  He oído que Alfonso, jugador de Puerta de Hierro, está preparando un libro. Ya tiene un comprador. Actualización: el libro ya está en mi poder. Se puede pedir en este link

Es un prodigio que un regatista olímpico vasco, sin formación académica en ingeniería o arquitectura, en un país en desarrollo y bastante aislado, donde el golf era una rareza, haya conseguido semejantes cotas de excelencia sin contar con presupuestos millonarios, y sea un perfecto desconocido en nuestro país, sin reconocimiento alguno ni siquiera en círculos golfísticos, después de dejarnos tantas maravillas variadas por toda España.

Repasando su vida, tres desgracias le llevaron a convertirse en el mejor arquitecto español de golf:

– Primera desgracia: A quinientos metros de la meta, en los juegos olímpicos de Amsterdam de 1926, se le rompe el mástil de su barco. Resultado: abandona el mundo de la vela. El golf gana un gran jugador.

– Segunda desgracia: La guerra civil interrumpe una brillante carrera amateur, en la que se incluye participación en el Open Championship y varios triunfos internacionales. Durante la guerra aprende topografía,  conocimiento muy útil para trabajar en el diseño de un campo de golf.

– Tercera desgracia: La guerra arrasa varios de los campos españoles, y los diseñadores internacionales que los habían firmado (Colt, Simpson o MacKenzie) no estaban disponibles, así que Arana, que conocía los grandes campos británicos, europeos y argentinos, empezó a trabajar en su reconstrucción.

En 1940 empieza a trabajar en la reconstrucción del Club de Campo de Madrid, un campo de MacKenzie Ross de 1932 donde los bunkers de arena habían sido sustituídos por bunkers de guerra y que había quedado arrasado durante la batalla de la Ciudad Universitaria, una de las más cruentas de la guerra. Las obras se extienden hasta 1955. En 1946 se traslada a vivir a Barcelona y es donde su carrera despega: trabaja en Sant Cugat (aunque su contribución real es escasa), diseña un pequeño campo en Puigcerdá, remodela el campo de Pedralbes (hoy bajo el asfalto de la Diagonal) y en 1948 construye el Real Club de Golf de la Cerdanya.

A partir de la década de los 50, España despega económicamente y Arana trabaja con cierta regularidad: diseña El Prat en 1954 (hoy bajo las pistas del aeropuerto), el recorrido negro del Club de Campo de Madrid (1956), el campo Sur del Real Club de Golf Guadalmina (1959), el campo de la Galea de la Real Sociedad de Golf de Neguri (1961), Ulzama y Río Real (1965), el RACE (1967) y El Saler (1968). Su última obra maestra es Aloha, inaugurado en 1975, unos meses después de su muerte. En total nos deja 11 campos, pocos pero todos extraordinarios. Sus diseños cincuentones resisten comparaciones con campos más modernos firmados por arquitectos extranjeros más ilustres. Cualquiera que haya jugado en estos campos repite regularmente.

Arana era un perfeccionista y no toleraba interferencias en su trabajo: no aceptaba decisiones que afectaran a sus diseños ni imposiciones inmobiliarias. Su filosofía de diseño era construir campos jugables para cualquier jugador y no hay duda que lo consiguió: sus campos se disfrutan hoy por amateurs como yo y sirven de marco competitivo a torneos profesionales, donde el corte está en el par del campo (véase Aloha en el Open de Andalucía de este año). También pensaba mucho en el proceso de construcción y en el mantenimiento del campo: que el sistema de riego fuera adecuado, que hubiera agua, etc. No hacía grandes movimientos de tierra, más que nada para ahorrar costes. El 80% del campo lo da la naturaleza, y el diseñador debe alterar el 20% restante.

Sus campos son sobrios, equilibrados, largos, elegantes, con calles en movimiento siempre (pocas salidas rectas), por lo que la distancia no es la principal dificultad. Bien pensado el routing para no andar mucho entre green y tee. Con bunkers siempre en la salida del drive lógica, lo que obliga a jugar corto o a mover la bola. También le gustaba dejar árboles o en la entrada de los greenes para obligar a pensar al jugador, que tendría que pensarse dónde dejar la pelota para el segundo golpe; al parecer muchos de estos árboles fueron eliminados posteriormente por los propios campos que no entendían su propósito (ejemplo: el hoyo 3 del RACE). No suele haber situaciones con fueras de límites ajustados o muchos obstáculos o barrancos donde sea fácil perder bolas. Los greenes elevados, bien integrados en el terreno, amplios y rápidos con caídas evidentes pero sin himalayas. También le gustaba que el 17 fuese un par 3 complicado, un signo de su preferencia por el match play. Ejemplo evidente: el 17 en Aloha, llamado Obelix.

Las fotos de este artículo corresponden a campazos de Arana: Club de Campo, Río Real y El Saler. Ojala este post sirva para reconocer la contribución de uno de los más grandes arquitectos de España.

Aloha, Marbella

21 de marzo de 2012 7 comentarios

Aloha siempre ha sido mi campo preferido de Marbella. Por eso la semana pasada cuando me avisaron que gracias a Ocho Golf y a la OMCat podría disputar el ProAm del Open de Andalucía, no tuve muchas dudas. Además me tocó el ProAm con un jugadorazo como Alejandro Cañizares. Muy simpático, siempre amable y ayudando con la lectura de greenes. Y haciendo birdies sin despeinarse. Gracias al partido tuve la oportunidad de conocer y conversar con su padre, José María Cañizares, jugador de 4 Ryders nada menos.

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Diseño póstumo de Javier Arana (al que contribuyó Enrique Canales) el campo es una maravilla: su estado es siempre perfecto (obviamente en el Proam estaba impecable, con un rough que me costó varios golpes), es un recorrido precioso, con subidas y bajadas pero sin los barrancos habituales en Marbella, con un arbolado espectacular, vistas magníficas, la anchura de las calles necesaria, los greenes y sobre todo por el diseño espectacular. El campo está enclavado entre urbanizaciones, pero realmente no estorban ni entran en juego. En la foto el green del 10, y al fondo la montaña de la Concha.

Prácticamente todas las calles son en dogleg; raras veces se ve el green desde la salida (salvo los pares 3, claro). Siempre tienes que pensar por qué lado de la calle mejor para el segundo tiro. Hay muchas opciones para llegar al hoyo, pero el camino más corto siempre tiene bunkers, árboles u otros obstáculos para penalizar el mal tiro. Si fallas el golpe no sueles perder bola, las calles son anchas y hay espacio para rough (salvo que te mojes en los lagos que adornan el campo). Aquí vemos a Michael Campbell a punto de salir por el 10:

El recorrido abre con pares 5 en hoyos 1 y 10, me parece buena estrategia para acelerar la salida de jugadores. Para mi no es un campo corto; yo saco el drive en prácticamente cada tee, pero al ver a los pros, que juegan otro campo, entiendes mejor el diseño: sin ser corto, pocas veces usan el drive desde el tee. Vi muchas salidas con madera 3, híbrido e incluso hierro largo.

 

Sin ser un campo largo para los pros, los pares 3 son extraordinariamente duros: el hoyo 4 tiene 185 metros desde amarillas aunque goza de un green amplio (la foto es de aquí)

El 8 es un tiro de 160 metros desde una posición más alta a un green criminal, donde si te pasas de bandera te esperan tres putts. El 13 es un hoyo brutal, 190 metros en subida a un green protegido por un bunker a la izquierda. Firmar un 3 es un grandísimo resultado.

Y el 17 es otro par 3 tenso, 181 metros a un green en diagonal. Se llama Obelix, nada menos. Supongo que por la magnitud del reto.

La salida del hoyo 1 me recordó al hoyo 1 del Club de Campo, también de Arana. Desde lo alto, drive a una calle en diagonal, en dogleg hacia la izquierda, un par 5 precioso, con un bosque y luego un arroyo guardando la parte izquierda de la calle. Hay varias salidas en alto en este campo, pero esta es estéticamente la más lograda, y en la que un buen drive dibuja una mejor sonrisa sobre tu rostro. El hoyo 2 es una obra maestra, una maravilla de diseño donde otra salida en alto saluda al golpe excesivamente abierto con un precioso lago. El 3 es un hoyo a una calle en caída de izquierda a derecha. Cuanto más apuremos la calle por la izquierda, peor stance tendremos. Sigue el campo con varios hoyos en dogleg, siempre sorteando casas, árboles y bunkers. Llegamos al hoyo 7, un par 4 curioso donde desde la calle tiras a un green situado al menos 20 metros por debajo de tu posición. Un palo menos aconsejable.

El hoyo 10 es un par 5 que lleva de nombre Javier Arana. Los pros llegan de 2 si la ponen en calle (o si no también, como hizo Rafael Cabrera-Bello desde el rough bajo la mirada de Pablo Larrazábal, en la foto). La calle se bifurca en dos antes de green, forzando (al amateur) a elegir la ruta ideal. El green tiene tres plataformas, por lo que algunos putts pueden ser realmente divertidos. Un hoyazo.

Esta es la entrada del green del 10 donde se pueden ver las dos rutas a elegir. La bandera fácil del jueves.

El hoyo 12 es un par 4 en bajada, donde la calle tiene un arbol en medio. Desde ahí se tira a un green protegido por agua. Otro hoyo precioso. Si aprietas la salida te acercas mucho al hoyo y tienes un approach más fácil, pero corres el riesgo de perder bola si no vas recto. Si juegas conservador te espera un bunker a la derecha de la calle.

El hoyo 18 es espectacular, una salida donde puedes jugártela a ganar metros (y ver tu bola bañarse en el lago) o ser conservador, y después jugar un tiro de 180 metros en subida a un green con piano. Un final aterrador como se demostró en el torneo profesional.

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Esta es la vista del hoyo desde la casa club. El green que se ve abajo es un mini campo de pares 3.