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Hoyos Clásicos: el hoyo Redan

21 de julio de 2014 1 comentario

Redan“Toma una superficie de tierra estrecha, inclínala ligeramente de derecha a izquierda, construye un bunker profundo en la parte frontal, ubica el tee de forma que el green se juegue en diagonal, y ya tienes el Redan.” -C.B. MacDonald.

Quizá el más famoso de todos los hoyos clásicos, el Redan es un par 3 definido así por C. B. MacDonald, su descubridor y mayor valedor. La palabra Redan proviene del francés y se refiere a un tipo de fortificación con tramos que apuntan al exterior, y ésta es la función del bunker frontal: hacerle pensar en la mejor manera de atacar este green. La estrategia puede variar enormemente en función del viento, la posición de la bandera y la habilidad de cada jugador. ¿Bola abierta sobre el bunker para tratar de frenar la bola en green? ¿Bola cerrada, sorteando el bunker, pero con riesgo de no poder parar la bola? Si se juega una bola cerrada, hay que botarla en el principio de green.

El hoyo Redan original es el hoyo 6 de North Berwick (hoy el 15) y era una par 3 de 180 yardas con el green estrecho, ligeramente elevado y con una fuerte caída de frente a fondo y que forma 45 grados con respecto a la línea de juego. Cuenta con dos bunkers: uno atrás y sobre todo uno profundo en la parte frontal. Es obra del Davie Strath, greenkeeper y jugador amigo de Tom Morris hijo y con quien jugó numerosos partidos de exhibición por Escocia. (Foto de aquí)

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MacDonald copió este hoyo en su mítico y ya comentado National Golf Links of America. El hoyo 4 de este campo mejora al Redan original porque permite, desde el tee, contemplar todo el green. La caída del green entre el frente y el fondo del green es brutal, superior al metro y medio. En muchos de sus diseños adoptó este tiro a green en sus pares 4 y 5. La foto, de aquí.

Redan National golf Links of America

El Redan es quizá el más afamado de los hoyos clásicos. Hay hoyos inspirados en el Redan por todo el mundo. Quizá el más comentando es l hoyo 7 de Shinnecok Hills, especialmente famoso por el US Open del 2004 que ganó Retief Goosen en una de las preparaciones de campo más salvajes que se recuerdan. Es un monstruo de 183 yardas al que los socios apodan “RedMan” o “DeadMan”. El 7 fue una auténtica carnicería: En la jornada del sábado sólo un 27% de los jugadores consiguieron poner la bola en green. El domingo, sólo el 15%. Retief Goosen, el campeón, lo consiguió (ver vídeo, min 5.29). Phil Mickelson, su más inmediato perseguidor, se fue al bunker frontal (min 2.40). Un hoyo con muy pocos fans entre los profesionales, como  explica este artículo.

Un ejemplo clásico en España, es el hoyo 14 del campo de Neguri, en Punta Galea, obra de Javier Arana.

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Hay muchísimos más, por si quieren aportar alguno.

Más información en este artículo de Crónica Golf, “El hoyo que hace pensar”.

Real Sociedad de Golf de Neguri, Guecho (Vizcaya)

19 de septiembre de 2012 5 comentarios

La Real Sociedad de Golf de Neguri data de 1911 y tenía su sede en Lejona. El campo actual fue inaugurado en 1961. Su diseñador, Javier Arana, trabajó en La Galea, una finca en la zona norte de Guecho junto al mar, con una topografía sin grandes desniveles, con una extensión de casi 90 hectáreas muy arboladas. Como siempre Arana trabajó solo, durante casi un año dando largos paseos y estudiando la orografía, la dirección del viento, las dificultades de los árboles, dibujando en su mente el routing perfecto. Su principio básico: el campo debe estar subordinado a la naturaleza, al terreno de juego.

Realizó un routing espectacular, donde no hay que andar casi nada entre green y tee, encajando los 18 hoyos en menos de 40 hectáreas. Un campo donde se castiga al jugador que sale al campo sin cabeza. Empleó a los árboles como obstáculos naturales, colocando un número bajo de bunkers, lo que simplifica el mantenimiento del campo. Otra dificultad interesante es el diseño de los greenes: suelen caer de principio a fin de green, añadiendo dificultad a los tiros a bandera. Aún así no es un campo difícil. El campo tiene dos zonas de diferente carácter: los primeros nueve hoyos más despejados frente al mar y los segundos 9 entre un bosque de pinos. Por cierto que Arana nunca facturó los honorarios de su diseño al club.

El club respira exclusividad y tradición desde la misma entrada. Gracias a una correspondencia pude disfrutar del campo en dos ocasiones este verano; sin correspondencia, los precios son prohibitivos. Lo que más destaca de Neguri es su mantenimiento exquisito. Pocos campos del mundo lucen greenes tan cuidados como estos, donde es imposible encontrar un pique mal arreglado. Esto habla mucho de la tradición de golf de los socios (o quizá es que se usa poco en verano).

Sugerí al starter que me pusiera con una partida y me contestó que no: “esto no se hace en este club”. Así que el primer día jugué sólo. Al finalizar la vuelta me senté en la terraza del restaurante que mira al green del 9 y el 18, pero me pidieron amablemente que abandonara el restaurante, por ir con bermudas de golf: sólo pantalón largo. Hay otra cafetería para jugadores, donde tomé unos pinchos sensacionales. Ambos días jugué con calor tremendo y sin viento: supongo que el campo debe endurecerse más con viento, porque el recorrido es relativamente sencillo: sobre una superficie bastante plana, el campo cuenta con calles anchas, escasos bunkers, y casi nulo fuera de límites. No es un campo corto (6,000 metros desde amarillas), y tiene hoyos asequibles combinados con auténticos huesos (sobre todo los pares 3). Un campo sobrio, elegante, que pide tiros estratégicos para asegurar la entrada a green pero donde disfrutaremos de una vuelta agradable, llana, sin tiros heroicos sobre eternos obstáculos de agua.

Después de probar los greenes en un putting green perfecto, el hoyo 1 es un par 4 largo y bastante franco. Es un hoyo que originalmente tenía más árboles por la parte derecha y que se jugaba  como un dogleg, con más dificultad. El campo está replantando árboles para recuperar partes del diseño de Arana. Al fondo podemos ya disfrutar de la vista del mar Cantábrico. El green está protegido por un bunker a la izquierda del mismo.

El hoyo 2 es un par 3 corto que culmina en un green cerca del mar. Una muralla de árboles impide disfrutar de la vista del mar y el acantilado. Supongo que cuando hace viento se agradece este muro vegetal.

El hoyo tres cuenta con una salida en alto hacia una calle en subida hacia el green H3 en subida. Hay un bunker a la derecha de la calle y a la izquierda del green, que recibe en diagonal.

El hoyo 4 es un par 4 de menos de 300 metros que dispara hacia una vaguada, por lo que nos acercaremos mucho a green. El green cuenta con un piano importante para defenderse. Pasamos a un hoyo 5 par 5, donde la calle serpentea suavemente primero de izquierda a derecha, para luego volver a un green a la izquierda. Es un hoyo precioso.

El 6 es un monstruoso par 3, un tiro de 183 metros a un green elevado y protegido por bunkers. Un Redan inverso. En la foto, los bunkers que protegen al green y el tee a la derecha de la foto.

Después de un par 4 largo y bastante ancho, el 8 es un dogleg tremendo de derecha a izquierda. Si nos vamos muy a la derecha tendremos que tener un tiro ciego por encima de los árboles al green. El hoyo 9 es otro par 4 relativamente corto, donde nos acercamos hacia la fantástica casa club. Un árbol puede machacar cualquier esperanza de par si la bola reposa en el bunker de la izquierda del green.

A la derecha del green del 9 entramos en el 10, un hoyo realmente magnífico: un par 5 impresionante entre grandes pinos. Es un dogleg progresivo de derecha a izquierda que requiere potencia y colocación.

La calle es una enorme autopista hasta un green protegido por un gran bunker lateral desde el cual se insertan varios pinos. Se puede observar el perfecto mantenimiento del campo.

Los hoyos 11 y 12 son sendos doglegs, uno corto y otro más largo, entre árboles. Un green muy pequeño en el 11 protege el par del hoyo. Posteriormente salimos a un largo par 5, el hoyo 13. No pude realizar fotos porque se levantó en cuestión de segundos una niebla baja y densa. Tan pronto como llegó, se disipó en 40 minutos.

El 14 es un Redan, un par 3 famoso por su enorme dificultad. 185 metros de tiro un green elevado y protegido por un bunker enorme que intimida el tiro. El rough a izquierda y derecha del green también complicará el acceso al mismo. El green, en diagonal, cae hacia el fondo del mismo lo cual incrementa la dificultad.

Este es el green del 14 desde la parte de atrás, donde se puede ver que el green está elevado respecto del tee de salida. No se ve el bunker que protege su entrada.

Después de otros dos buenos pares 4, el 17 es, como acostumbraba Arana, un par 3 de 148 metros. Finalmente el 18 es un largo par 5, precioso, que aterriza en la misma casa club, junto al green del 9. La salida debe evitar un bunker de calle en la parte izquierda y el rough de la derecha. El segundo tiro exige precisión para evitar los árboles y poder tener tiro a green.

Javier Arana, el gran arquitecto español

25 de marzo de 2012 30 comentarios

De todos los aspectos que rodean al golf, quizá el más importante y el menos celebrado es el propio campo donde se practica. Un deporte cuya cancha de juego es siempre diferente debería otorgar los máximos honores a los artistas que diseñan los mejores campos. Hoy mi post para Javier Arana, al que siempre acompaña la coletilla “el mejor diseñador de campos en España”, sin mayor comentario. Arana diseñó Aloha y Río Real, dos campazos donde jugué recientemente, y también colaboró en Sant Cugat, por lo que ya me interesó indagar sobre su obra. Es difícil encontrar mucha información en la red; me apoyo en mi experiencia de juego en sus campos y en un artículo fantástico de Alfonso Enhardt (en inglés) que podéis encontrar aquí.  He oído que Alfonso, jugador de Puerta de Hierro, está preparando un libro. Ya tiene un comprador. Actualización: el libro ya está en mi poder. Se puede pedir en este link

Es un prodigio que un regatista olímpico vasco, sin formación académica en ingeniería o arquitectura, en un país en desarrollo y bastante aislado, donde el golf era una rareza, haya conseguido semejantes cotas de excelencia sin contar con presupuestos millonarios, y sea un perfecto desconocido en nuestro país, sin reconocimiento alguno ni siquiera en círculos golfísticos, después de dejarnos tantas maravillas variadas por toda España.

Repasando su vida, tres desgracias le llevaron a convertirse en el mejor arquitecto español de golf:

– Primera desgracia: A quinientos metros de la meta, en los juegos olímpicos de Amsterdam de 1926, se le rompe el mástil de su barco. Resultado: abandona el mundo de la vela. El golf gana un gran jugador.

– Segunda desgracia: La guerra civil interrumpe una brillante carrera amateur, en la que se incluye participación en el Open Championship y varios triunfos internacionales. Durante la guerra aprende topografía,  conocimiento muy útil para trabajar en el diseño de un campo de golf.

– Tercera desgracia: La guerra arrasa varios de los campos españoles, y los diseñadores internacionales que los habían firmado (Colt, Simpson o MacKenzie) no estaban disponibles, así que Arana, que conocía los grandes campos británicos, europeos y argentinos, empezó a trabajar en su reconstrucción.

En 1940 empieza a trabajar en la reconstrucción del Club de Campo de Madrid, un campo de MacKenzie Ross de 1932 donde los bunkers de arena habían sido sustituídos por bunkers de guerra y que había quedado arrasado durante la batalla de la Ciudad Universitaria, una de las más cruentas de la guerra. Las obras se extienden hasta 1955. En 1946 se traslada a vivir a Barcelona y es donde su carrera despega: trabaja en Sant Cugat (aunque su contribución real es escasa), diseña un pequeño campo en Puigcerdá, remodela el campo de Pedralbes (hoy bajo el asfalto de la Diagonal) y en 1948 construye el Real Club de Golf de la Cerdanya.

A partir de la década de los 50, España despega económicamente y Arana trabaja con cierta regularidad: diseña El Prat en 1954 (hoy bajo las pistas del aeropuerto), el recorrido negro del Club de Campo de Madrid (1956), el campo Sur del Real Club de Golf Guadalmina (1959), el campo de la Galea de la Real Sociedad de Golf de Neguri (1961), Ulzama y Río Real (1965), el RACE (1967) y El Saler (1968). Su última obra maestra es Aloha, inaugurado en 1975, unos meses después de su muerte. En total nos deja 11 campos, pocos pero todos extraordinarios. Sus diseños cincuentones resisten comparaciones con campos más modernos firmados por arquitectos extranjeros más ilustres. Cualquiera que haya jugado en estos campos repite regularmente.

Arana era un perfeccionista y no toleraba interferencias en su trabajo: no aceptaba decisiones que afectaran a sus diseños ni imposiciones inmobiliarias. Su filosofía de diseño era construir campos jugables para cualquier jugador y no hay duda que lo consiguió: sus campos se disfrutan hoy por amateurs como yo y sirven de marco competitivo a torneos profesionales, donde el corte está en el par del campo (véase Aloha en el Open de Andalucía de este año). También pensaba mucho en el proceso de construcción y en el mantenimiento del campo: que el sistema de riego fuera adecuado, que hubiera agua, etc. No hacía grandes movimientos de tierra, más que nada para ahorrar costes. El 80% del campo lo da la naturaleza, y el diseñador debe alterar el 20% restante.

Sus campos son sobrios, equilibrados, largos, elegantes, con calles en movimiento siempre (pocas salidas rectas), por lo que la distancia no es la principal dificultad. Bien pensado el routing para no andar mucho entre green y tee. Con bunkers siempre en la salida del drive lógica, lo que obliga a jugar corto o a mover la bola. También le gustaba dejar árboles o en la entrada de los greenes para obligar a pensar al jugador, que tendría que pensarse dónde dejar la pelota para el segundo golpe; al parecer muchos de estos árboles fueron eliminados posteriormente por los propios campos que no entendían su propósito (ejemplo: el hoyo 3 del RACE). No suele haber situaciones con fueras de límites ajustados o muchos obstáculos o barrancos donde sea fácil perder bolas. Los greenes elevados, bien integrados en el terreno, amplios y rápidos con caídas evidentes pero sin himalayas. También le gustaba que el 17 fuese un par 3 complicado, un signo de su preferencia por el match play. Ejemplo evidente: el 17 en Aloha, llamado Obelix.

Las fotos de este artículo corresponden a campazos de Arana: Club de Campo, Río Real y El Saler. Ojala este post sirva para reconocer la contribución de uno de los más grandes arquitectos de España.