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Real Club de Golf El Prat – Recorrido Rosa, Tarrasa (Barcelona)

28 de marzo de 2013 8 comentarios

Aunque el Real Club de Golf El Prat presuma de ser una institución centenaria, sus instalaciones actuales, situadas en Tarrasa a unos 25 min de Barcelona fueron inauguradas en el 2004. Antes, el club se situaba en los terrenos donde hoy está parte de la Terminal 1 del Aeropuerto del Prat, en un recordado campo de 1956 obra de de Javier Arana. El club también hunde sus raíces en el Barcelona Golf Club, posteriormente Golf de Pedralbes, otro campo desaparecido de principios de siglo pasado y que yace bajo la actual ciudad universitaria.

Tras la expropiación forzosa del antiguo campo de golf, la junta directiva adquirió un terreno de 210 hectáreas entre Sabadell y Terrasa sobre la cual ubicar el nuevo club. Sin prever las dificultades económicas actuales, no repararon en gastos para hacer un club privado de primerísima categoría: 45 hoyos diseño de Greg Norman, restaurante, gran zona de prácticas, piscina, zona infantil, gimnasio, padel, y una espectacular casa club, obra del afamado arquitecto Carlos Ferrater (foto de su web)

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También se construyó un tercer campo público de pares 3, Vallès Golf. Los 5 tramos de 9 hoyos se pueden combinar para formar hasta 7 recorridos, denominados con un inexplicable y arcano código de colores (campo rosa, amarillo, morado, azul…). Para el visitante es un auténtico galimatías saber qué recorrido jugar. Comento hoy el recorrido rosa (color que he averiguado después de la partida al consultarlo en la web del campo).

Al parecer fue el primer campo de Greg Norman en Europa Continental (luego diseñó Lumine, en Tarragona). Norman ha contado con una finca enorme para poder trabajar. Cada hoyo cuenta con hasta 7 tees de salida diferentes, que permiten adaptar el campo al nivel del jugador. Es un campo de enorme calidad, largo, duro de caminar, con excesiva distancia entre green y tee en demasiados hoyos. Greenes muy grandes, calles relativamente estrechas y abundancia de bunkers bien contorneados. No cuenta con hoyos sencillos: cada hoyo ofrece grandes oportunidades para hundir una vuelta. Un reto difícil.

Los primeros 9 hoyos discurren entre pinos en un recorrido plano, largo y estrecho, con greenes enormes llenos de sutiles caídas. El hoyo 1 nos enfrenta a un par 5 con una calle que serpentea ligeramente a la derecha, plana entre un gran número de bunkers hasta un green enorme, ya entrando en el pinar. El green se alarga en la dirección de juego por lo que conviene ubicar bien el tiro a bandera para no tener un putt larguísimo de inicio.

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El hoyo 2 es el primero entre pinares. Es un par 4 relativamente corto pero estrecho, en el que merece la pena salir con madera para poner la bola en calle. Tenemos varios bunkers en calle y en la izquierda y derecha (este enorme y alargado) del frontal de green.

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El hoyo 3 es un par 3 cortito entre pinos a un green generoso. Un regalo sencillo que debemos aprovechar.

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El hoyo 4 es otro par 4 corto, rodeado de pinos. La referencia de tiro está en el pino del centro de la calle. La foto muestra el tiro al green, con un amplio bunker a la izquierda. Al fondo, la calle del hoyo 5, un par 4 en el que salimos del bosque y podremos apretar un buen drive para acercar la bola a un green ligeramente en alto, en diagonal y muy defendido por bunkers.

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El hoyo 6 nos enfrenta a un par 3 curioso: un green grande en forma de flan y que está abrazado por un gigantesco waste bunker (en el que se puede apoyar el palo). Si no cogemos green la bola podrá rodar al mismo (dependiendo del corte del rough). Otro detalle: el tiro es de 180 metros desde amarillas.

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El 7 se vuelve a adentrar en el bosque. La salida exige ir muy recto para no meterse en líos graves. Un bunker a la izquierda recoge las bolas cerradas. El segundo golpe está amenazado por un único bunker frontal. El green es estrecho y está algo elevado.

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El 8 es un par 4 difícil, estrecho y largo entre pinos, y donde las posibilidades de par son tan sombrías como la foto de tiro a green desde detrás del bunker izquierdo. Una pequeña vaguada y un bunker protegen la entrada al green.

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Para terminar la primera vuelta nos enfrentamos a un par 5 más sencillo, donde quizá los pegadores puedan llegar de dos a green. Muchos bunkers entorpecen la visión de una calle franca y (aunque no lo parezca) ancha.

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La segunda vuelta, aunque es un rompepiernas, me parece mucho más estética y variada que la primera y acoge hoyos realmente notables. El 10 es un ejemplo: un maravilloso y temible par 5 con una salida preciosa entre una ventana vegetal a una calle en bajada, cruzando el cauce de una ría. Un waste bunker recogerá las bolas a la derecha.

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El segundo tiro, en dogleg ligero a la derecha, debe sortear un enorme pino para acercase a un green elevado y protegido por muchos bunkers. En función de la salida, podemos ir por la derecha, por la izquierda o por encima del árbol. El green es grande y movido, aunque no tiene caídas brutales.

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A continuación nos espera un par 3 precioso también y francamente difícil. Un green en diagonal protegido por un enorme bunker frontal. Hay posiciones de bandera a la izquierda del green que encarecen mucho el birdie. Tan cerca estaremos del 2 como del bogey o peor.

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El hoyo 12 es un par 4 corto, en dogleg de derecha a izquierda, y en subida desde el tee. Toda la parte izquierda, en línea a green, está bombardeada por muchos bunkers que ofrecen un aspecto intimidante. La línea de juego la marcará el viento, nuestra distancia y nuestra valentía. Otro gran hoyo de golf.

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Después de un par 3, nos acercamos al 14, otro hoyo interesante. Desde una salida en alto tenemos un dogleg a la izquierda con bunkers a los lados de la calle. Estamos de nuevo en el bosque, con lo que es importante no irse de excursión campestre.

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Nuestro siguiente reto es un par 4 en subida, dogleg a la derecha. Una salida tensa, donde las bolas fuertes y cerradas pueden marchase fuera de límites. El green recibe en diagonal a la calle, con amplias escapatorias.

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Nos toca andar un largo tramo hasta salir del bosque y encontrar la salida del hoyo 16. Un gran par 4 en bajada, en pequeño dogleg a la derecha. Una oportunidad para pegarle fuerte a la bola. Demasiado a la izquierda puede ser letal: es preciso acortar por la derecha para no tener un hierro demasiado largo.

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El segundo tiro en bajada tiene mucho peligro. No es sólo el agua de la derecha o el pot bunker a la entrada de green, o incluso los bunkers de la izquierda. También hay que tener en cuenta las dos plataformas del green.

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El 17 es un par 4 larguísimo, con un bosque y obstáculo por la izquierda. Hay que ser muy preciso para no entrar en el bunker de la derecha.

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Desde calle tenemos un tiro semiciego a un green en alto, alargado y bien protegido por bunkers.

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Por último el 18 es un par 5 más benigno, donde el peligro está en la izquierda. Los bunkers de la derecha también pueden emborronar nuestra vuelta. Al tirar de dos a green, es posible pasarse a la zona de escapatoria.

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Club de Golf Sant Cugat, Barcelona

13 de abril de 2012 3 comentarios

Explico el recorrido actual del Club de Golf Sant Cugat, campo que conozco bien, ya que soy socio desde el 2003. Y es un campo precioso que no me canso de jugar. Un diseño original de Harry Colt, modificado sustancialmente con la contribución, entre otros, del mismísimo Javier Arana. En otra entrada hablaré de estos cambios. El campo es muy corto para lo que es hoy un campo moderno de golf, de hecho se puede jugar sin drive. Es un parkland lleno de árboles y muy movido, par 69, campo técnico, con greenes rápidos y nobles. Un comercial del RCG del Prat me lo definió una vez como “un pitch and putt largo”. Sin embargo, aunque no tenga los kilómetros del nuevo Prat, me parece infinitamente más divertido. Sorprendentemente mucha gente entiende que un campo bueno de golf tiene que ser larguísimo, imposible de jugar para amateurs. A mi me gusta disfrutar del golf, y en Sant Cugat lo pasas francamente bien. Yo creo que un buen diseño puede reemplazar a la distancia. En Sant Cugat, los pegadores no tocarán el drive o sufrirán. Los greenes son rápidos, y defienden bien los pares.

El campo está dividido en cuatro zonas diferenciadas, cruzadas por calles y carreteras del pueblo: los primeros 4 hoyos están en una zona plana. Del hoyo 5 al 12 estamos en la montaña. Cruzamos la carretera para jugar 13, 14 y 15. Y por último los tres finales en la zona aneja al campo de prácticas. Los rectores del club van a cambiar el orden de estos hoyos en breve (si no lo ha hecho ya), ubicando el hoyo 1 en el antiguo 16, de forma que el 18 sea un hoyo delante de la casa club. Describo el campo como lo he conocido siempre.

El hoyo 1, donde está la caseta del starter (en la foto) es un par 4 recto en leve bajada, con una pequeña depresión antes de un green elevado en plataforma que recibe en diagonal, y protegido por un bunker a la derecha y otro trasero. El tee de salida estaba elevado hace algunos años, igual que en el hoyo 2; ahora, con el tee rebajado, es una salida más larga y mejor. No es un hoyo sencillo, porque el green tiene su gracia y porque hay que salir muy recto.

Esta es la vista del green desde la calle del 1. Aunque acostumbro a pegar drive, lo más razonable es salir con un hierrito recto, porque si cierras la bola en exceso te vas a los árboles de la izquierda o peor. Si pegas un slice tremendo y vas a la derecha, te puedes cruzar a la calle del 4, a veces con tiro a green.

El hoyo 2 es un par 4 fácil, aunque la salida intimidará a los que no son locales. Realmente no se ve bien la calle porque se ha construido una casa a la izquierda de la salida, pero no entra en juego. El green al fondo está protegido por bunkers a izquierda y derecha, pero tiene una entrada noble. Antes del gran vendaval de hace algunos años más árboles estorbaban el tiro a green. Ahora es relativamente sencillo.

El hoyo 3 es un par 3 de unos 160 metros. Lo peor es irse a la izquierda, porque hay dos bunkers y sobre todo unos abetos que complican mucho el tiro. Este es el green del 3, al fondo está el green del 1.

El hoyo 4 es uno de los dos pares 5 del campo. Ojo con los ganchos porque puede uno visitar la calle, por encima de la valla que se ve a la izquierda. El mejor drive es en la parte derecha de la calle, si es posible en la plataforma superior. Luego un hierro 5 y un pitch a un green plano enorme. La marca de 100 está 10 metros retrasada (es decir, marca 106 metros a entrada de green, al menos eso me dice siempre el Skycaddie). Este green está protegido por dos bunkers a izquierda y derecha, y un tercer bunker a unos 40 metros del green que puede hacer sufrir al que lo visite.

El hoyo 5 es un par 4 en ligera subida. La salida buena es en la parte derecha de la calle porque el stance será más plano. Nada de quedarse corto de green, la bola bajará hasta una depresión a la derecha. El bunker de la derecha tampoco es muy buen sitio.  La entrada de green es fantástica, y con la bandera corta los putts en cuesta abajo tienen emoción. En la foto desde el green se ve parte de la calle y al fondo el green del par 3, hoyo 12.

El hoyo 6, otro par 4 corto con green elevado. La calle en diagonal a la pendiente, con lo que tendremos en el segundo tiro la bola más alta que los pies. La línea ideal es por la parte derecha de la calle, y que la bola ruede hacia la izquierda. El green tiene un piano enorme y esto decidirá el palo a jugar desde la calle. Protegido por dos bunkers, frontal derecha y lateral izquierda. Mal sitio el bunker de la izquierda, ya que desde sus profundidades tendremos un tiro ciego a green.

El hoyo 7 es un par 4 muy corto, donde la gracia es un green elevado y protegido por dos bunkers y sobre todo una parte frontal en pendiente. Si nos quedamos cortos nuestra bola volverá a la calle. Los pegadores pueden disparar a green.  Hoyo claro de birdie.

El 8 es un par 4 absurdo. Un tiro ciego de salida con un hierro largo o madera, a una calle en subida. Si pegamos drive nos pasaremos al fuera de límites. Después el green en dogleg a la izquierda. Desde el green se disfruta una vista del green del Mirador, un par 3 de 150m con un desnivel brutal que se juega en verano en lugar de este hoyo. Este green es una maravilla de Colt: cuenta con una pequeña depresión en la parte derecha de green que hará que cualquier bola corta tenga un approach complicadísimo.

El hoyo 9 es un par 4 en ligera bajada y dogleg a la izquierda. Hay que apuntar hacia un gran ciprés que está a 100 metros de green, abriendo ligeramente la bola. No demasiado que si no visitamos un bosque que protege las casas de la izquierda.

El 10, handicap 1, es un dogleg en 90 grados hacia la izquierda. Desde la calle tenemos un tiro a un green elevado, para mi el tiro más bonito del recorrido. Al fondo está la cabaña de Blas, donde podremos degustar deliciosas viandas regadas con un buen Aquarius.

Esta foto es desde el tee del 11, donde se ve el green del 10 elevado sobre la calle.

El 11 es un par 4 también en dogleg en 90º. Se sale con un hierro 4 o 5, apuntando a una casa con toldos verdes. No hay que intentar apurar por la izquierda porque se nos puede enredar el hoyo con los árboles. Después tendremos un wedge a un green algo más elevado y grande. Hoyo de birdie.

El 12 es un par 3 de 170 metros en bajada. El green está protegido por varios bunkers.

El hoyo 13, “La Mina”, es un par 4 también corto. Apuntar al arbol de la derecha de la calle cerrando la bola. Desde ahí tendremos un tiro corto a un green protegido por bunkers.

El 14 es un par 3 corto, donde el green tiene dos pianos bien diferenciados. Esto nos decidirá la elección de palo. Ojo con las ramas de los árboles. Este par 3 es especialmente famoso porque aquí conseguí el primero de mis hoyos en uno (por ahora, el primero y el único).

El 15 “la Balsa” es un par 4 donde si uno cierra mucho la bola puede irse a la balsa. Lo ideal es tirar por la esquina de la balsa, ahí la calle tiene un fuerte desnivel y cualquier bola con esa dirección bajará mansamente al centro de la calle.

El 16, par 4, demanda una buena salida a la parte derecha de la calle, para tener un stance plano. El segundo tiro no debe ir a la derecha, donde hay un barranco que absorbe bolas. El hoyo 17 es un par 3 llamado “El Frontón”, porque puede jugarse a la montaña de la parte izquierda del green y que la bola caiga rodando al mismo. Si no se queda enredada.

La salida del 18, “El Largo”, es una de las pocas donde los hitters verán recompensada su potencia. Aunque el tiro natural es un fade al centro de la calle, los pros que vi jugar tiraban un draw por encima del lago para llevar la bola al centro de la calle y poder tirar de dos a green.

Este es el hoyo 18 desde la calle, a la izquierda el campo de prácticas y a la derecha el lago.

Y este es el green del 18, una pista de baile enorme donde podremos tener putts de muchos metros.

Javier Arana, el gran arquitecto español

25 de marzo de 2012 30 comentarios

De todos los aspectos que rodean al golf, quizá el más importante y el menos celebrado es el propio campo donde se practica. Un deporte cuya cancha de juego es siempre diferente debería otorgar los máximos honores a los artistas que diseñan los mejores campos. Hoy mi post para Javier Arana, al que siempre acompaña la coletilla “el mejor diseñador de campos en España”, sin mayor comentario. Arana diseñó Aloha y Río Real, dos campazos donde jugué recientemente, y también colaboró en Sant Cugat, por lo que ya me interesó indagar sobre su obra. Es difícil encontrar mucha información en la red; me apoyo en mi experiencia de juego en sus campos y en un artículo fantástico de Alfonso Enhardt (en inglés) que podéis encontrar aquí.  He oído que Alfonso, jugador de Puerta de Hierro, está preparando un libro. Ya tiene un comprador. Actualización: el libro ya está en mi poder. Se puede pedir en este link

Es un prodigio que un regatista olímpico vasco, sin formación académica en ingeniería o arquitectura, en un país en desarrollo y bastante aislado, donde el golf era una rareza, haya conseguido semejantes cotas de excelencia sin contar con presupuestos millonarios, y sea un perfecto desconocido en nuestro país, sin reconocimiento alguno ni siquiera en círculos golfísticos, después de dejarnos tantas maravillas variadas por toda España.

Repasando su vida, tres desgracias le llevaron a convertirse en el mejor arquitecto español de golf:

– Primera desgracia: A quinientos metros de la meta, en los juegos olímpicos de Amsterdam de 1926, se le rompe el mástil de su barco. Resultado: abandona el mundo de la vela. El golf gana un gran jugador.

– Segunda desgracia: La guerra civil interrumpe una brillante carrera amateur, en la que se incluye participación en el Open Championship y varios triunfos internacionales. Durante la guerra aprende topografía,  conocimiento muy útil para trabajar en el diseño de un campo de golf.

– Tercera desgracia: La guerra arrasa varios de los campos españoles, y los diseñadores internacionales que los habían firmado (Colt, Simpson o MacKenzie) no estaban disponibles, así que Arana, que conocía los grandes campos británicos, europeos y argentinos, empezó a trabajar en su reconstrucción.

En 1940 empieza a trabajar en la reconstrucción del Club de Campo de Madrid, un campo de MacKenzie Ross de 1932 donde los bunkers de arena habían sido sustituídos por bunkers de guerra y que había quedado arrasado durante la batalla de la Ciudad Universitaria, una de las más cruentas de la guerra. Las obras se extienden hasta 1955. En 1946 se traslada a vivir a Barcelona y es donde su carrera despega: trabaja en Sant Cugat (aunque su contribución real es escasa), diseña un pequeño campo en Puigcerdá, remodela el campo de Pedralbes (hoy bajo el asfalto de la Diagonal) y en 1948 construye el Real Club de Golf de la Cerdanya.

A partir de la década de los 50, España despega económicamente y Arana trabaja con cierta regularidad: diseña El Prat en 1954 (hoy bajo las pistas del aeropuerto), el recorrido negro del Club de Campo de Madrid (1956), el campo Sur del Real Club de Golf Guadalmina (1959), el campo de la Galea de la Real Sociedad de Golf de Neguri (1961), Ulzama y Río Real (1965), el RACE (1967) y El Saler (1968). Su última obra maestra es Aloha, inaugurado en 1975, unos meses después de su muerte. En total nos deja 11 campos, pocos pero todos extraordinarios. Sus diseños cincuentones resisten comparaciones con campos más modernos firmados por arquitectos extranjeros más ilustres. Cualquiera que haya jugado en estos campos repite regularmente.

Arana era un perfeccionista y no toleraba interferencias en su trabajo: no aceptaba decisiones que afectaran a sus diseños ni imposiciones inmobiliarias. Su filosofía de diseño era construir campos jugables para cualquier jugador y no hay duda que lo consiguió: sus campos se disfrutan hoy por amateurs como yo y sirven de marco competitivo a torneos profesionales, donde el corte está en el par del campo (véase Aloha en el Open de Andalucía de este año). También pensaba mucho en el proceso de construcción y en el mantenimiento del campo: que el sistema de riego fuera adecuado, que hubiera agua, etc. No hacía grandes movimientos de tierra, más que nada para ahorrar costes. El 80% del campo lo da la naturaleza, y el diseñador debe alterar el 20% restante.

Sus campos son sobrios, equilibrados, largos, elegantes, con calles en movimiento siempre (pocas salidas rectas), por lo que la distancia no es la principal dificultad. Bien pensado el routing para no andar mucho entre green y tee. Con bunkers siempre en la salida del drive lógica, lo que obliga a jugar corto o a mover la bola. También le gustaba dejar árboles o en la entrada de los greenes para obligar a pensar al jugador, que tendría que pensarse dónde dejar la pelota para el segundo golpe; al parecer muchos de estos árboles fueron eliminados posteriormente por los propios campos que no entendían su propósito (ejemplo: el hoyo 3 del RACE). No suele haber situaciones con fueras de límites ajustados o muchos obstáculos o barrancos donde sea fácil perder bolas. Los greenes elevados, bien integrados en el terreno, amplios y rápidos con caídas evidentes pero sin himalayas. También le gustaba que el 17 fuese un par 3 complicado, un signo de su preferencia por el match play. Ejemplo evidente: el 17 en Aloha, llamado Obelix.

Las fotos de este artículo corresponden a campazos de Arana: Club de Campo, Río Real y El Saler. Ojala este post sirva para reconocer la contribución de uno de los más grandes arquitectos de España.

Empordà Links, Gerona

11 de marzo de 2012 8 comentarios

Segunda prueba de la OMCat en el campo del Empordà Links, día de sol y algo de viento en uno de los mejores campos de España. ¿Un links en Gerona? Pues recuerda mucho, aunque es un tanto especial: tiene el mismo feel de calles onduladas y duras y greenes firmes y movidos que si estuvieras en Dublín, la tramontana cuando sopla añade el grado de sadismo necesario. Pero no es un links: el campo no está cerca del mar; hay agua en forma de 6 lagos que entran mucho en juego, y además no encontrarás pot bunkers, sino grandes bunkers ondulados. Esta es una foto del campo de prácticas y el links desde la habitación de hotel (cortesía de @DBDStaff)

El campo es obra de un artista americano fallecido en 2010, Robert von Hagge. Un diseñador de prestigio que ha firmado más de 250 campos por el mundo: los más cercanos son la RSHECC y el Albatross Course del Golf National de París, sede del Open de Francia y que acogerá la Ryder Cup en 2018. El complejo tiene también un hotel firmado por otro arquitecto prestigioso, Carles Ferrater, que también proyectó la espectacular casa club del Real Club de Golf El Prat.

Las vistas desde prácticamente todos los hoyos están enmarcadas por el Montgrí, el bisbe adormit. En esta foto se puede ver el hotel y al fondo la montaña, desde el green del hoyo 1. También se admiran las montañas nevadas del Pirineo. Una gozada, pero no hay que despistarse con las vistas: el campo es un reto complejo. Casi todos los hoyos son buenos, algunos buenísimos y unos cuantos verdaderas obras maestras.

Es difícil añadir algo a la magnífica crónica de Fu, que leí en su día pero olvidé imprimir. (Así me fue: el campo es duro y me costó una forrada considerable). Sufrí mucho con el drive, en los greenes y sobre todo en los bunkers: en ocasiones densas playas arenosas, en otras son superficies duras sin apenas arena. Añado algunas fotos tomadas con mi teléfono y algunas notas:

Los primeros 9 hoyos son muy variados y duros. Las calles onduladas pueden convertir un buen drive en una mala salida. Si tu bola no va recta y engancha el viento, es imposible encontrarla en el rough. Los greenes son como rocas, no reciben nada y obligan a jugar bolas rodadas que reposen cerca del hoyo.

En el hoyo 2 ya tenemos agua esperando el tiro. Nuestra bola tiene oportunidad doble de bañarse, ya que este lago encierra el green del 4. Para los conservadores del fade, ojo con el rough de la derecha… cuesta un golpe (doy fe).

Destacaría el hoyo 8 (el par 5 handicap 1, sensacional, con una salida tensa para pegadores donde entra en juego el agua, y un recorrido salpicado por bunkers). El hoyo 9 es un par 4 espectacular, con agua rodeando un green muy lejano. El green tiene el mayor piano que recuerdo haber visto en años, un green de dos pisos. La foto no hace justicia al desnivel brutal del piano.

El hoyo 12 es un par cinco maravilloso, bombardeado por bunkers y con un green movidísimo. Una gozada.

Lo que me dejó sin respiración es el green del hoyo 13. Un dog leg ligero a la izquierda y hay que atacar un green en forma de flan que sobresale como una montaña redonda en medio del campo. Sadismo puro. Un tiro complicadísimo, que ejecuté con maestría a bandera, y mi bola acabó 20 metros por detrás fuera de green. Cayó un bogey con sonrisa de oreja a oreja.

El hoyo 14 también cuenta con diversión a raudales: un dogleg a la izquierda y un tiro a un green movidísmo que cae hacia el lago. Si juegas a la izquierda, te espera una recuperación tremenda. Grandísimo hoyo.

El 15 es un poco una boutade de diseñador, un par 3 con un bunker gigante en forma de ameba. Tiene su gracia el dibujo.

El 16 es un hoyo sin sentido en este campo, y que sirve como tarjeta de visita para el campo del Forest. Es como si nos hubiéramos colado en otro campo. Un green rodeado de pinos, y uno de ellos dando la bienvenida en medio de la calle. Un green alargadísmo donde hay mucha música y muchos pianos. Me encantaría ver la bandera al fondo. Creo que desentona enormemente en este campazo.

Después de un par 4 fantástico, con un green en alto bien protegido, te espera un hoyo 18 par 5 buenísimo, con mucha agua y donde el riesgo es recompensado con muchos metros  o agua. El green compartido con el 18 del Forest, es una media luna enorme, enmarcada por multitud de bunkers y los apartamentos del complejo.

En definitiva: campazo.