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The Duke’s en St Andrews, Escocia

24 de junio de 2012 3 comentarios

Igual que esas historias de millonarios americanos que compran piedra a piedra un castillo escocés y lo reconstruyen en medio de California, a unas millas de St Andrews podemos jugar un parkland al más puro estilo americano: The Duke’s. Uno no va a St Andrews a jugar otra cosa que no sean links, así que este campo será perfecto para jugar un golf diferente. El campo alberga la sede de la Scottish Golf Union, y la semana pasada fue elegida sede del European Amateur Championship en el 2014, uno de los cuatro majors amateurs. Esto avala su calidad. Aunque está a unos 4 km de St Andrews, el campo es propiedad del Old Course Hotel, Golf Resort and Spa en St. Andrews, el que está en el hoyo 17, que pertenece a Herb Kohler, el dueño de una empresa americana de griferías y muebles y que también es propietario, entre otros, de la sede del PGA Championship del 2010 que ganó Martin Kaymer: Whistling Straits.

Lo jugamos porque si vas a jugar en Kingsbarns, algo muy aconsejable, hay un paquete conjunto Kingsbarns + The Dukes que sale más económico. El campo es precioso, está situado sobre una colina desde la cual se divisa perfectamente el pueblo de St Andrews.

Es un campo joven (1995) diseñado por Peter Thomson, el jugador australiano que en las 7 ediciones entre 1952 y 1958 ganó 4 Open Championships y quedó segundo en las otras tres ediciones. Posteriormente ganaría dos Opens más. Miembro del Salón de la Fama de golf, Thompson trabaja con Ross Perrett sobre todo en Asia; de hecho Duke’s es el único campo importante que han diseñado en Europa, como se puede ver en su web. Cuando Kohler compró el campo en 2006, contrató a Tim Liddy, un discípulo de Peter Dye, para rediseñar todo el campo, creando cuatro nuevos hoyos y rehaciendo todos los bunkers del recorrido.

El recorrido disfruta de un cierto desnivel y con paseos largos entre greenes y tees en algunos hoyos, por lo que no es tontería jugarlo en buggy. A pesar de ello, nos obligaron a mantener el buggie en el camino, lo cual entorpece enormemente el juego y al final hace que sea más lento que ir andando.

Es un campo con muchos tees de salida que permiten adaptarlo a tu juego. Aún así es largo. Jugamos con un viento terrorífico que soplaba en contra en muchos de los hoyos. Como salimos de blancas, creo que no conseguí tirar a green con hierro más que en dos o tres hoyos. Me pareció muy injusto. No recuerdo pares 4 relativamente cortos o llegables con un hierro corto de segundo golpe.

Está en perfecto estado de mantenimiento. Los greenes son enormes y rápidos, lo cual da muchas caídas. Lo más destacado y la principal protección del campo, aparte de su longitud, son los bunkers: hay muchísimos y están mantenidos al viejo estilo, con barbas naturales. Realmente caer en un bunker es un castigo, pero peor es caer en las barbas del bunker. Además de este rough, salirse de calle es encontrarse una auténtica selva, un rough denso donde encontrar la bola es un logro. No ir a calle penaliza extraordinariamente en algunos hoyos.

El hoyo 13 descata por sus vistas a todo St Andrews y el estuario y los links. Un disparo en alto hacia una calle bien protegida por bunkers.

También es una maravilla el hoyo 17, con árboles enormes entrando en juego. Y el 18 es un hoyo duro a un green elevado y defendido por mucho bunker.

En definitiva, un campazo notable cuya desventaja es estar al lado de los mejores links del mundo. Un buen test de golf para los que no sean links-maniacos.

The European Club, Irlanda

23 de febrero de 2012 4 comentarios

The European Club es un links inaugurado en 1987 y que parece que lleve 300 años en la costa de Irlanda. El campo está a unos 60 kilómetros al sur de Dublin, en County Wicklow. Jugué allí en Septiembre de 2011. Es muy caro: €180 euros el greenfee. Un lujo. Fuimos a jugar un jueves y en total el campo debió acoger ese día 6 partidos, como mucho.

Es el sueño de un empresario y diseñador-hecho-a-sí-mismo, Pat Ruddy, que se propuso construir un links auténtico que estuviera entre los mejores del mundo. Este no es el típico millonario que hace campos de golf tipo Trump o Kohler. Lo hizo poco a poco y con pocos recursos, empeñando su casa, literalmente conduciendo su excavadora, involucrando a su familia, haciendo realidad su sueño. Una historia de Disney.

En la casa club recogí un panfleto donde explica la filosofía del club. Dice que el campo es uno de los 150 links auténticos que hay en el mundo. Y este campo está “en proceso de construcción, necesitaremos 100 años o más para acabar de asentarse”. “Nuestro enfoque para el golf es fundamentalista. Por ello, no encontrará muebles de lujo en nuestros links. Quizá alguien piense que esto es ser espartano: nosotros buscamos que el juego sea lo más parecido a como se jugaba al principio y como debería ser hoy.  Coja sus palos, una tarjeta y un lápiz y salga a batallar con el campo de golf; no se necesitan más adornos.”

Sigue con una advertencia: “En su esencia, el golf es un juego de habilidad. Aquí también. No pedimos disculpas por el hecho de que el jugador atolondrado o inepto pueda sufrir en nuestro links. El campo no fue creado para estos jugadores.” (No hicimos mucho caso y salimos de blancas – así me fue, sufrimiento y forrada). “Los bunkers son peligrosos. Lugares de penitencia. No están ahí como playas de recreo.”

El campo está entre los Top 100 del mundo según Golf Magazine, y los hoyos 7, 13 y 14 entre los mejores 500 del mundo. Tiene varias cosas que lo hacen ser especial:

– Como explica en su libro “Fifty Years in a Bunker“, eligió el nombre buscando grandiosidad: nada de reduccionismos localistas: El Campo de EUROPA. Sin falsas modestias.

– Cuenta con un recorrido de 20 hoyos. Los 18 de rigor y dos pares tres, el 7a y el 12a, que se juegan si quieres aunque no cuenten para la vuelta (el que no los juegue, que no venga), y que son extraordinarios. En uno perdí dos bolas, pero salí con una sonrisa de oreja a oreja.

– Es difícil desde el campo ver algo que no sea golf: ni casas, ni aviones, ni coches, nada. Desde varios hoyos disfrutas de vistas al mar. No es un campo tan escénico como Kingsbarns, el otro gran links moderno, porque tiene muchísimo rough y porque no ves el mar desde todos los hoyos. Pero es una maravilla.

– El espíritu del golf verdadero y la etiqueta más añeja: una casa club pequeña y espartana, un parking pequeño, no hay caddies, no hay buggies. Ni GPSs ni un strokesaver en  En la tarjeta te suplican que no coloques bola.

– Está lleno de bromas de diseñador. Por ejemplo: un green en forma de U en el 14. Una regla local no permite approchar desde green.

– Otra broma: el hoyo 12 es un par cuatro con un green de 127 yardas de largo. Imaginad un green de 100 metros alargado, estrecho y en diagonal al tee de salida. Una maravilla jugarlo. Cuesta patear y cruzarse el green.  Diversión pura.

– Los bunkers con traviesas de ferrocarril en las laderas, tal y como se hacía antiguamente. Aquí caer en bunker no te deja un tiro rutinario. Ir a la playa es perder un golpe. Un castigo de verdad.

– El campo es largo y difícil. Si no coges calle, el rough es terrorífico. No hay golpes ciegos desde los tees (suelen estar algo elevados), pero hay muchas trampas y mucho bunker escondido. Se busca engañar al jugador con ilusiones ópticas. Tiros que parecen cercanos y luego están lejos, bunkers ocultos, incluso un río en canal (un burn) que serpentea delante del green por el 7 o el 18 y que no se ve. Luego leí que originalmente había un lago, pero Pat Ruddy lo modificó para imitar Carnoustie. Uno no se puede relajar. Aquí el golf se juega con la cabeza.

– El hoyo 7 es el handicap 1, luce una placa en la que se dice que estás jugando uno de los 100 mejores hoyos del mundo (curiosa clasificación). La gracia es que desde el tee te pide un tiro a la izquierda de la calle, pero en realidad es mejor tirar por la derecha. También parece mucho más largo de lo que es. Por lo visto con viento en contra sí que se hace largo y difícil.

– El hoyo 11 pegado al mar, a la playa, es una maravilla. Esto sí que es un bunker de verdad.

¿Recomendable? Es un campazo, un campo curioso, algo extravagante, muy caro. E Irlanda no está falta de campos. Yo creo que por este precio un libro de yardas no estaría mal…

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