Archivo

Posts Tagged ‘Pat Ruddy’

Druids Glen, Irlanda

28 de marzo de 2012 2 comentarios

Ahora que se acerca el Masters, comento un campo irlandés que recibe el sobrenombre de “Augusta de Europa”: Druids Glen. Un campo abierto en 1995 y diseñado por Pat Ruddy y Tom Craddock, y cuya principal virtud es que es estéticamente precioso. Está situado a unos 50 kilómetros al sur de Dublín. El complejo tiene dos campos, Druids Glen y Druids Heath, aunque este primero es el más famoso. Este es el plano de Druids Glen: se ve un routing que aprovecha el terreno, aunque el campo de prácticas está bastante lejos de la casa club.

Es un parkland irlandés que podría pasar por ser un jardín botánico; sus calles manicuradas, sus arbustos recortados, sus greenes perfectos, los bunkers bien delineados, muchos arroyos idílicos y lagos de agua cristalina: lo más parecido a un paraíso perdido en la tierra, a un Jardín del Edén, a uno de esos cuadros perfectos de artistas ingleses que ilustran paisajes ideales (como éste de Constable).

Es un golf totalmente diferente al de los links; el alma del golfista no lucha contra los elementos en un entorno abierto sino que disfruta de un paseo precioso en un campo estratégico, aunque cuando lo jugamos también soplaba fuerte el viento, lo cual complicó mucho la ronda. Para los amantes de los parklands es un lugar de peregrinación. Y creo que un viaje a Irlanda este campo puede combinar bien con los links: son la noche y el día en cuanto a golf. El campo ha sido sede de varios Opens de Irlanda, y en este campo Sergio García consiguió su primera victoria en el European Tour en 1999, el año que debutó como profesional, consiguiendo un 64 en la última jornada.

La emoción estética disfraza el hecho de que no es un campo fácil: a unos primeros 9 hoyos relativamente benignos se pasa a una segunda vuelta más dura, donde encontramos una especie de “Amen Corner” desde el 12 al 14, tres hoyos fantásticos. El hoyo 17 es un par 3 en isla intimidante, donde tiré tres bolas al agua. Y un 18 brutal, capaz de destruir buenas rondas: un hoyo fantástico para terminar.

El día que fuimos a jugar tuvimos la “mala suerte” de tener delante un torneo que retrasó nuestra salida (sin mayores explicaciones) casi una hora y media. No se juega lento sólo en España: en Irlanda también sufren de esta abominable lacra que asola nuestros campos. Esto nos impidió terminar nuestra ronda en condiciones razonables: el 18 lo tuvimos que jugar casi de noche, a la luz de la luna. Queda muy romántico pero no es muy recomendable.

Desde la terraza de la casa club – hotel, donde degustamos una buena comida, se puede admirar el hoyo 18, bien protegido por agua, y el mar al fondo.

El hoyo 1 es un par 4 relativamente sencillo, con una calle ancha que da acceso a un green bien protegido por bunkers. Cruzamos un bosque y pasamos a un par tres de unos 160 metros, donde conseguí un buen birdie, el único de mi recorrido.  Aquí se ve mi bola dada.

Cruzamos un murete y nos acercamos a un par 4, dogleg en subida hacia la izquierda. Cada calle está enmarcada por multitud de árboles imponentes y arbustos diferentes: un ejemplo del magnífico ejemplar del hoyo 3:

Continúan los hoyos con mucho movimiento, con suaves subidas y bajadas y árboles de todos los colores. A partir del hoyo 8 nos encontramos con agua, que nos acompaña prácticamente hasta el final en todos los hoyos. Este es el par 3 hoyo 8, un par tres idílico protegido por un lago.

El hoyo 12 es otro par 3 con un arroyo que también entra en juego en el par 4 del 13. Son dos hoyos maravillosos, de cómo aprovechar un río para construir sendas obras de arte. Sobre todo el hoyo 13, un par cuatro con una salida en dogleg de izquierda a derecha, donde el agua entra en juego en todos los golpes.

Una foto más estilizada que he encontrado en internet del hoyo doce, con su famosa cruz, una foto retocada con photoshop pero que explica bien lo que es este campo.

El 13 es un par 4 donde cruzamos el río dos veces para atacar un green en isla. El hoyo hace un dogleg muy interesante al fade, y es larguísimo, por lo que obliga a apurar mucho la salida para intentar llegar de dos a green.

Después de otro hoyo con agua duro (el 15) y de un hoyo 16 en subida, el hoyo 17 es un par 3 nada corto a un green en isla y protegido por bunkers que te sonríen mientras ven tu bola bañarse. Jugarlo es complicado, pero tiene la ventaja que cuando lo juegas con poca luz, no hay más que escuchar si tu bola va al agua o no.

Y lo comentado: un 18 durísimo en subida, con agua. Grandioso hoyo para terminar. Par cuatro largo en subida y tiro a un green elevado y bien protegido por un arroyo de agua. Al fondo, la casa club – hotel.

The European Club, Irlanda

23 de febrero de 2012 4 comentarios

The European Club es un links inaugurado en 1987 y que parece que lleve 300 años en la costa de Irlanda. El campo está a unos 60 kilómetros al sur de Dublin, en County Wicklow. Jugué allí en Septiembre de 2011. Es muy caro: €180 euros el greenfee. Un lujo. Fuimos a jugar un jueves y en total el campo debió acoger ese día 6 partidos, como mucho.

Es el sueño de un empresario y diseñador-hecho-a-sí-mismo, Pat Ruddy, que se propuso construir un links auténtico que estuviera entre los mejores del mundo. Este no es el típico millonario que hace campos de golf tipo Trump o Kohler. Lo hizo poco a poco y con pocos recursos, empeñando su casa, literalmente conduciendo su excavadora, involucrando a su familia, haciendo realidad su sueño. Una historia de Disney.

En la casa club recogí un panfleto donde explica la filosofía del club. Dice que el campo es uno de los 150 links auténticos que hay en el mundo. Y este campo está “en proceso de construcción, necesitaremos 100 años o más para acabar de asentarse”. “Nuestro enfoque para el golf es fundamentalista. Por ello, no encontrará muebles de lujo en nuestros links. Quizá alguien piense que esto es ser espartano: nosotros buscamos que el juego sea lo más parecido a como se jugaba al principio y como debería ser hoy.  Coja sus palos, una tarjeta y un lápiz y salga a batallar con el campo de golf; no se necesitan más adornos.”

Sigue con una advertencia: “En su esencia, el golf es un juego de habilidad. Aquí también. No pedimos disculpas por el hecho de que el jugador atolondrado o inepto pueda sufrir en nuestro links. El campo no fue creado para estos jugadores.” (No hicimos mucho caso y salimos de blancas – así me fue, sufrimiento y forrada). “Los bunkers son peligrosos. Lugares de penitencia. No están ahí como playas de recreo.”

El campo está entre los Top 100 del mundo según Golf Magazine, y los hoyos 7, 13 y 14 entre los mejores 500 del mundo. Tiene varias cosas que lo hacen ser especial:

– Como explica en su libro “Fifty Years in a Bunker“, eligió el nombre buscando grandiosidad: nada de reduccionismos localistas: El Campo de EUROPA. Sin falsas modestias.

– Cuenta con un recorrido de 20 hoyos. Los 18 de rigor y dos pares tres, el 7a y el 12a, que se juegan si quieres aunque no cuenten para la vuelta (el que no los juegue, que no venga), y que son extraordinarios. En uno perdí dos bolas, pero salí con una sonrisa de oreja a oreja.

– Es difícil desde el campo ver algo que no sea golf: ni casas, ni aviones, ni coches, nada. Desde varios hoyos disfrutas de vistas al mar. No es un campo tan escénico como Kingsbarns, el otro gran links moderno, porque tiene muchísimo rough y porque no ves el mar desde todos los hoyos. Pero es una maravilla.

– El espíritu del golf verdadero y la etiqueta más añeja: una casa club pequeña y espartana, un parking pequeño, no hay caddies, no hay buggies. Ni GPSs ni un strokesaver en  En la tarjeta te suplican que no coloques bola.

– Está lleno de bromas de diseñador. Por ejemplo: un green en forma de U en el 14. Una regla local no permite approchar desde green.

– Otra broma: el hoyo 12 es un par cuatro con un green de 127 yardas de largo. Imaginad un green de 100 metros alargado, estrecho y en diagonal al tee de salida. Una maravilla jugarlo. Cuesta patear y cruzarse el green.  Diversión pura.

– Los bunkers con traviesas de ferrocarril en las laderas, tal y como se hacía antiguamente. Aquí caer en bunker no te deja un tiro rutinario. Ir a la playa es perder un golpe. Un castigo de verdad.

– El campo es largo y difícil. Si no coges calle, el rough es terrorífico. No hay golpes ciegos desde los tees (suelen estar algo elevados), pero hay muchas trampas y mucho bunker escondido. Se busca engañar al jugador con ilusiones ópticas. Tiros que parecen cercanos y luego están lejos, bunkers ocultos, incluso un río en canal (un burn) que serpentea delante del green por el 7 o el 18 y que no se ve. Luego leí que originalmente había un lago, pero Pat Ruddy lo modificó para imitar Carnoustie. Uno no se puede relajar. Aquí el golf se juega con la cabeza.

– El hoyo 7 es el handicap 1, luce una placa en la que se dice que estás jugando uno de los 100 mejores hoyos del mundo (curiosa clasificación). La gracia es que desde el tee te pide un tiro a la izquierda de la calle, pero en realidad es mejor tirar por la derecha. También parece mucho más largo de lo que es. Por lo visto con viento en contra sí que se hace largo y difícil.

– El hoyo 11 pegado al mar, a la playa, es una maravilla. Esto sí que es un bunker de verdad.

¿Recomendable? Es un campazo, un campo curioso, algo extravagante, muy caro. E Irlanda no está falta de campos. Yo creo que por este precio un libro de yardas no estaría mal…

Categorías:Campos Etiquetas: , , , , ,