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Robert Von Hagge, arquitecto y artista

20 de septiembre de 2013 4 comentarios

von Hagge

He comentado ya muchos campos de Robert von Hagge, y cada campo que conoces es mejor que el anterior. Así que he investigado un poco este gran diseñador americano, fallecido en Septiembre de 2010 y que nos dejó más de 250 campos por todo el mundo. Para nuesta fortuna, el estudio de Robert von Hagge, Mike Smelek y Rick Baril (que colaboraban con von Hagge desde 1980 y asociados desde 1995) ha trabajado mucho en España. En este blog ya he comentado los magníficos recorridos del Empordá Links y Forest, los dos recorridos de la Real Sociedad Hípica Española Club de Campo – Norte y Sur o el excesivo y divertido campo de El Encín (en la foto), además de su campo en Miami, Crandon Golf.

Quizá su campo más famoso sea Les Bordes, en Francia, un campo consistentemente votado como top 3 de toda Europa continental y famoso por su dificultad (el record del campo es 71, en manos de Jacquelin). Su huella también está en Le Golf National, junto al diseñador francés Hubert Chesneau. También destacan White Witch en Jamaica, en un resort de Ritz Carlton, el Blue Moster de Doral en Miami, El Conquistador en Puerto Rico o tres joyas mexicanas: El Tigre en Puerto Vallarta, Isla Navidad cerca de Manzanillo y Bosque Real en México DF.

Les Bordes

Robert von Hagge ha sido a veces descrito como un hombre del Renacimiento. Nacido en Texas, estuvo ligado al golf desde pequeño, como caddie, como caddie master, miembro del equipo de mantenimiento y profesional de golf que jugó en el PGA Tour.  Con elevada estatura y porte aristocrático, fue una persona muy carismática. En los 50 trabajó como profesional de club en el campo de Catskill Mountains en Nueva York. Completó un curioso historial de conquistas ligadas con el mundo del golf: se casó (y divorció) dos veces con sendas hermanas que jugaban el LPGA Tour: Alice y Marlene Bauer (esta última miembro del Salón de la Fama de golf). Se convirtió en arquitecto de campos después de obtener su título en Purdue. Empezó a trabajar como aprendiz con Dick Wilson, un arquitecto notable que había trabajado en Shinnecock Hills en los años 30 y que se malogró por sus problemas con la bebida. A finales de los 60 se casó con Greta (su mujer durante el resto de su vida) y se añadió el elegante “von” en su nombre.

Establecer su negocio no fue difícil para von Hagge. Además de su carisma y conocimientos, aprovechó el tirón del mercado de vivienda en Florida en los 60 para trabajar en Boca Río, un club que le sirvió de aval al convertirse en uno de los más ricos de América. Fue de los primeros diseñadores en entender que el golf y las promociones inmobiliarias irían de la mano, y en educar a los promotores para no sobrepoblar un campo con casas.

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Los campos de von Hagge son modernos, pero tienen aspecto de ser totalmente naturales. No suele diseñar calles o greenes planos: lo normal es que el stance siempre sea difícil. Esto, además de ofrecer variedad en el juego y sensación de links, favorece el mantenimiento de las calles: el viento no azota más que determinadas zonas y permite al campo sobrevivir con menos agua. Von Hagge es un especialista en hacer campos en zonas áridas. Decía que cada campo debe contentar a tres jugadores diferentes: buenos golfistas, handicaps medios y principiantes. Cada hoyo debe examinar tácticamente a los tres jugadores. Normalmente diseña varios hoyos en los que el jugador debe mover la bola de una forma desde el tee de salida y de la contraria en el approach a green. Y como explica en esta entrevista, Von Hagge tiene también una teoría particular sobre los obstáculos (de agua y arena): no deben ser penalizadores, sino informativos: te señalan por donde (no) debes jugar. Si el jugador quiere cruzarlos es porque asume un riesgo.

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Sus campos son pintorescos; von Hagge buscaba la belleza en el diseño como objetivo fundamental. Y para ello moldea el paisaje a conciencia. Estudiaba hasta las sombras de los árboles a distintas horas del día para entender el efecto artístico que tendría sobre el jugador. Cada tiro en un campo de von Hagge es diferente. Para Von Hagge un jugador de golf juega realmente unos once minutos en una ronda: la labor del diseñador es hacer agradable el resto del tiempo que va entre golpe y golpe. El golfista debe pensar, entre golpe y golpe, “chico, qué suerte tengo de poder jugar aquí”.

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El Encín Golf, Alcalá de Henares (Madrid)

15 de septiembre de 2013 7 comentarios

Comento hoy un muy reciente de la Comunidad de Madrid, y para mí uno de los mejores. El Encín Golf fue inaugurado en el 2011 en una árida, seca y completamente llana finca a las afueras de Alcalá de Henares el estudio Von Hagge Smelek & Baril (liderado en este proyecto por Rick Baril, su hombre en Europa) proyectaron y construyeron una obra maestra, una adaptación casi perfecta de los links mas legendarios, con calles firmes y onduladas, bunkers de todas las formas posibles, obstáculos de agua retadores, roughs densos. Y como elemento más destacado y polémico unos greenes enormes y movidos como montañas rusas, que sólo ofrecen al jugador un elemento absolutamente fundamental en este juego: diversión a manos llenas. Cada green de este campo parece una versión en miniatura de los legendarios Himalayas de St Andrews. He oído criticar a estos greenes; hay quien piensa que son absurdos e irracionales. Que si son como un minigolf. Creo que merece la pena jugar un campo diferente: Von Hagge siempre buscaba que un campo emocione, que sean diferentes. Y lo han conseguido plenamente: este campo no aburre. En la imagen, parte del fantástico putting green del complejo y al fondo el campo de prácticas.

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Robert Von Hagge falleció en 2010, y como siempre ocurre con los diseñadores su muerte paso relativamente desapercibida en la prensa deportiva (su vida también). Curioso deporte este que encumbra a los mejores jugadores y que condena al anonimato a los artistas que mas nos hacen disfrutar del golf. Porque el golf se disfruta jugando. El golf sufrió una perdida irreparable con la desaparición de este artista de la mesa de diseño.

El hoyo 1 nos enfrenta a la misma sensación paisajística que tenemos en un links, donde las apariencias engañan. En esta salida los bunkers parecen estar mas juntos de lo que están. Un grupo desordenado de bunkers en linea de green, y si uno no conoce el campo resulta dificil saber a que distancia estan.

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Al llegar al green ya vamos comprobando que las superficies tienen muy poco de vulgares. Un auténtico tobogán. En este campo si uno quiere sacar birdies no tiene otro remedio que atacar a las banderas. Dejar la bola (sólo) en green suele ser garantía de tripateo.

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El hoyo 2 es la confirmacion de que estamos ante la obra de un genio. Desde el tee de salida podemos contar alucinados casi una treintena de bunkers pequenos. El hoyo parece tener sarampión y uno puede decidir la mejor ruta al green. Otra pista de baile ondulada como una ruffle.

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El hoyo 3 es un par 3 que cuenta con un green aplatanado y enorme. Un enorme waste bunker salpica todo el trayecto de la bola. Abundan las zonas arenosas que no son bunkers: es tierra dura y no hay rastrillos. Supongo que con ello se ahorra en agua y mantenimiento.

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Nuevamente nos encontramos con un green sinuoso y retorcido. Clicken en la foto para agrandar y ver este green. ¿Cómo serían recibidos estos greenes por los profesionales? Cuando se disputó el Madrid Masters en 2011, Paul McIngley subrrayó que no le gustaban nada, pero que eran similares a los del Old Course o a los de Augusta National, dos campos icónicos. Son greenes dramáticos, jugables, francamente divertidos.

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El siguiente hoyo es un par 5 en dogleg hacia la derecha. Los pegadores podrán llegar de dos a green con holgura. La zona de rough estaba, cuando jugamos, bastante despejada, lo cual permite acelerar el juego y ofrece líneas de tiro tentadoras. Un waste bunker enorme acompaña la calle por la derecha.

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El hoyo 5 es un par 3 con un green alabeado y retorcido como todos, pero que particularmente presenta un reto adicional por su forma, abrazando un bunker en su lado derecho. Esto quiere decir que si la bandera está retrasada las bolas en el frente de green no tendrán línea de putt a bandera. Así que tocará intentar un approach peligroso o aceptar los dos o tres putts con resignación.

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El hoyo 6 es un par 4 con una serie de bunkers pequeños salpicando la calle. El green está protegido por unos bunkers enormes en forma de ameba que lo rodean por todos lados. Este green comparte superficie con el green del hoyo 8.

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El hoyo 7 nos da un respiro en cuanto a obstáculos de arena. Curioso hoyo donde sólo hay tres bunkers pequeños y bastante alejados de la línea ordenada de juego. Pese a ello es el handicap 3 del recorrido. ¿Quizá porque una zona de rough recorre la calle? ¿O por su green increíble?

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El ocho comparte el green con el hoyo 6. Cuenta con una serie de bunkers que salpican la calle y los alrededores del green como las manchas de un test de Rorschach. Unas auténticas playas que hay que evitar.

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Finalmente volvemos hacia la casa club con un par 4 de 418 metros; es casi un par 4 y medio, porque para llegar a green hay que pegar dos tirazos. Y además evitar un montón de pequeños bunkers que salpican la calle.

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La segunda vuelta mantiene o supera el nivel de excelencia de este campo. El hoyo 10 vuelve a ser un par 4 en dogleg hacia la derecha a un green ligeramente elevado y de abruptas superficices.

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Continuamos con un par 5 muy interesante, porque plantea dos enormes bunkers ameba en la distancia del driver de salida. Un pasillo muy estrecho queda por la derecha. También la opción de volar los bunkers (aunque con viento en contra se necesita pegar fuerte). O salir con madera o hierro y quedarse corto del bunker. En cualquier caso desde calle casi se ven más bunkers que calle.

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Las emociones no terminan aquí, porque al llegar al green tendremos nuevamente que negociar con una superficie de montar. El green cuenta con una plataforma en su parte frontal derecha (donde estaba la bandera cuando jugué) desde la cual desciende hacia el fondo del green. Desde atrás vemos el hoyo más elevado que nuestra bola, con un desnivel brutal de metro y medio. Y si nos pasamos, la bola se sale de green con seguridad.

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El siguiente hoyo es un par 3 largo, de 172 metros desde amarillas, pero con un green en alto y no excesivamente cómodo.

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El hoyo 14 nos enfrenta a otro par 4 en dogleg hacia la izquierda. Bunkers de calle amenazan el tiro de salida. El green, algo elevado, cuenta, en palabras de mi compañero de partido, con más curvas que Marilyn Monroe. Aunque la comparación es anticuada, la definición es acertadísima.

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El el 15 destacan un apreciable numero de bunkers que protegen al green en su parte izquierda y trasera.

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El hoyo 16 par 3 es quizá el más emblemático del campo. Un par 3 a un green que recibe en diagonal y en el que hay que superar un lago. Dependiendo de la posición de bandera podemos tener un tiro de 130 a 160 metros. Y conviene tirar a bandera: el green vuelve a ser un tobogán tremendo.

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Curioso hoyo el 17. Su hándicap bajo se explica por un green absolutamente surrealista, alargado como una salchicha y retorcido como una silla de montar. En este green cabe un par 3 corto. Con una bandera al fondo se convertiría en un hueso durísimo. Los bunkers que lo rodean son verdaderos obstáculos. Este es el green desde la parte de atrás.

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Finalmente terminamos con el par 5 homenaje a Severiano Ballesteros. Desde el tee de salida hay riesgo de irse al agua si uno es pegador, por lo que interesa no aproximarse demasiado por la derecha. La calle es bastante ancha y deberíamos evitar el búnker…

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Para el segundo tiro y la aproximación a green el lago amenaza nuestra precisión, y cómo no un fantástico grupo de bunkers protegiendo al green. Al fondo el hotel de 5 estrellas con restaurante y bar nos espera.

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