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La increíble hazaña de Catherine Lacoste

7 de octubre de 2014 3 comentarios

En la preciosa casa club de Chantaco, y en un lugar preferente, se puede contemplar la fotografía de una chica francesa muy sonriente con el US Open de 1967. Su nombre, Catherine Lacoste. Estuve leyendo por casualidad un relato de su hazaña de Georges Jeanneau, publicado en una revista de historiadores y coleccionista de golf, Golfinka. La historia no tiene desperdicio.

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Junio de 1967. Jack Nicklaus acaba de ganar a Arnold Palmer en Baltusrol su séptimo grande. Un amateur, Marty Fleckman, marcha líder hasta la última jornada, pero se hunde estrepitosamente el domingo y firma 80 golpes. Al final termina en el puesto 18.

Al otro lado del charco se prepara el equipo amateur Francés para disputar el European Ladies Team Championship en Portugal. Catherine, la jugadora más joven del equipo, es hija del famoso tenista Rene Lacoste y de la campeona del British Ladies Amateur Simone de la Chaume, y nieta de René Thion, fundador del campo de golf de Chantaco. Ha pasado todos los veranos de su infancia en el club de su abuelo, en San Juan de Luz. Hasta los 13 años no sabe que es la TV. Juega al golf, al tenis y hace deporte con intensidad. Es una jugadora notable, hábil con el hierro 2 y la madera 2, palos que la mayoría de chicas no usan.

Catherine anuncia a su federación que se borra del equipo. Ha decidido apuntarse al US Open. Una decisión que parecía absurda: medirse contra las mejores jugadoras profesionales era una temeridad. Los franceses apelan a su espíritu patriótico, en vano. Tampoco funciona su evidente inexperiencia: Catherine afronta su tercer torneo profesional, y su segundo US Open. Había ya disputado el US Open de 1965, quedando en el puesto 14 y segunda mejor amateur. En aquella ocasión sus padres la acompañan. Pese a todo, la decisión es firme.

Catherine Lacoste viaja sola en avión a Nueva York 10 días antes del torneo, que se jugaría del 29 de junio al 2 de julio de 1967 en el Cascades Course de The Homestead, en Hot Springs, Virginia. Allí se siente terriblemente sola, nadie presta atención a esta dulce amateur sin posibilidades.

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Catherine juega siete rondas de prácticas. El campo le gusta, le recuerda a Chantaco; no excesivamente largo, ligeramente ondulado, con árboles pero sin excesiva frondosidad. Durante las rondas celebra su 22 cumpleaños. Llena de confianza afronta la competición con un objetivo en mente: quedar como la mejor amateur. Sus rivales son lo más granado del golf femenino profesional: un grupo de jugadoras agresivas como víboras. Sandra Spuzich, la actual campeona, declara: “ningún amateur puede ganar este torneo, y lo saben”.

La primera jornada juega con Murle Lindstrom, americana campeona en 1962 y que es encantadora con Catherine. Firma una tarjeta de 71 golpes, el par del campo, impresionando al público con la distancia de sus maderas y la precisión de su putt. Termina la jornada como segunda clasificada a un golpe de la líder Sandra Haynie.

La segunda jornada resulta excepcional para Catherine. Única jugadora en entregar una tarjeta bajo par, consigue una ventaja de 5 golpes sobre la australiana Margie Master, rookie del año en el circuito americano. “Jugué mucho mejor de lo que dice la tarjeta. A falta de 4 hoyos iba 4 bajo par. Tuve 7 putts de menos de cuatro metros y fallé 6. Tres tripateos y cometí un bogey y un doble bogey”. Al final 70 golpes, uno bajo par.

La tercera jornada se disputa bajo un axfisiante clima pre-tormentoso. Todo el mundo espera que la pequeña francesa naufrague bajo la presión. Sin tomar muchos riesgos, sin jugar tampoco demasiado mal, Catherine perpetra 40 golpes en los primeros 9 hoyos. Pero se rehace y consigue enderezar la vuelta haciendo 34 en los segundos nueve. Mantiene su ventaja de 5 golpes sobre Margie Masters. Lo tiene más cerca.

Durante la noche del sábado al domingo llueve violentamente sobre el campo. Calles y rough están completamente encharcados. Las condiciones son durísimas. Después del primer hoyo, aumenta su ventaja a 7 golpes. Esto otorga confianza y nerviosismo a partes iguales. En el hoyo 6 cae un chaparrón y cuando llegan al green encuentra un lago. Tiene que esperar 15 minutos a que se pueda jugar. La velocidad de los greenes cambia completamente. Finalmente firma 39 golpes en los primeros 9, manteniendo una ventaja de 4 golpes.

Los nervios empiezan a atacar: comienza a fallar calles, visitar bunkers y comete tres tripateos. 5 bogeys consecutivos del 10 al 14 y parece que el cocodrilo se ahoga. Pero sigue mantenido una exigua ventaja de 2 golpes. En el 15 hace el par con un putt de 60 centímetros. En el 16, un par 5 con lago, hace un socket y comete bogey. Un golpe de ventaja. El público americano se anima, aparca sus modales y empieza a aplaudir los fallos de la francesa e incluso algunos profesionales exigen una penalidad por practicar el putt al terminar el hoyo 15, algo que la USGA permite para este torneo. Que una francesa se lleve “su” torneo es una afrenta demasiado grave.

Catherine recuerda el hundimiento de Marty Fleckman en el US masculino ese año; tal evento le obsesiona. Sabe que para ganar tiene que jugar sólido, duro, valiente, casi con actitud carnívora. Los valores del cocodrilo. Afronta el hoyo 17, un dogleg de 255 yardas con agua delante del Green. Madera 2, hierro 8 con una trayectoria alta “a la Nicklaus” y deja la bola a tres metros del hoyo. Birdie salvador. “Es aquí donde gané el US Open”, relata Catherine. “El 18 era un par 3. Con mi hierro 2 dejo la bola a 10 metros del hoyo. Tres putts me sirven para ganar. El primer putt se queda a medio metro. El segundo lo juego con suavidad, pero entra. El putt más largo de mi vida”.

Ha ganado. A las mejores. A la lluvia, a la presión, a los 5 bogeys seguidos, incluso firmando un 79. Con 10 sobre par en el total, pero dos golpes de ventaja sobre Suzie Maxwell y Beth Stone, que se reparten su premio monetario, 3600 dólares a cada una.

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Antes de recibir el trofeo, corre hacia una cabina. Llama a San Juan de Luz. Es más de medianoche en Francia. “Fue mamá quien cogió el teléfono. No la dejé ni hablar. Por primera vez en mi vida, se quedó sin palabras.” Felicita también a su padre por su cumpleaños. Rene Lacoste sólo dice una palabra a su hija: “Bravo”.

El triunfo de Catherine Lacoste revoluciona el mundo golfístico. “Cocodrile Kid”, “la hija del Cocodrilo”, “La dama asesina”, “La gran Catherine”, “Catherine se construye su propio nombre”. Todos los titulares perpetúan la leyenda de Lacoste. Es la primera amateur en ganar un US Open. La primera jugadora no americana en ganar el US Open. Y la ganadora más joven hasta 1998 cuando Se Ri Pak, una coreana, bate su record de precocidad.

Lo que parece difícil de batir es su condición de amateur campeona.

 

Golf de Chantaco, San Juan de Luz (Francia)

29 de septiembre de 2014 3 comentarios

No muy lejos de la frontera franco-española, en la localidad francesa de San Juan de Luz, se encuentra el golf de Chantaco: un campo clásico, muy bien conservado y un ejemplo de la excelencia de Harry S. Colt, quizá el más grande de los arquitectos clásicos.

Inaugurado en 1928, el campo está muy ligado al apellido Lacoste. Thion de la Chaume fue su primer presidente, seguido de su hija Madame René Lacoste, 13 veces campeona de Francia. Ella aseguró la supervivencia del club durante la guerra y su restauración en 1945. Su hija Catherine Lacoste, ganadora del US Open de 1967, también fue presidenta del club en 1974. Hoy la presidencia está en manos de Veronique Smondack, hija de Catherine.

Es un campo maduro, relativamente fácil, no muy largo (cosa comprensible por su edad) y muy, muy agradable de jugar. Un campo con cierto perfil movido, aunque sin pendientes excesivas. Colt aprovecha esta orografía para diseñar alguna gloriosa salida en alto, como en el hoyo 7. No hay demasiados bunkers; hay varios bunkers de hierba, una solución más benigna para el amateur que la arena. La segunda vuelta cuenta con obstáculos de agua aunque no obligan a tiros heroicos; siempre hay una ruta segura que evita el agua. Muchos elementos típicos de su diseño: calles movidas, doglegs, algún tiro ciego, greenes con falsos frentes, pares 3 extraordinarios… Aún así ignoro qué queda de Colt en este campo: el paso del tiempo y los comités suelen desvirtuar bastante el trabajo de los arquitectos.

Cuenta con instalaciones de prácticas para el honrado y honorable golfista: después de pagar en la casa club, te sirves los cubos de bolas que has pagado, sin control de nadie. Sospecho que en algún otro país eso sea sinónimo de bolas gratis… Otra curiosidad es que el caddy master exhibe una colección de insignias de todos los grandes clubes de golf del mundo (y desde mi visita cuenta con una más, la de mi club actual, la RSHECC).

El hoyo 1 es un par 4 totalmente plano de unos 350 metros de longitud. Estamos en un escenario muy similar al hoyo 1 del Old Course de St Andrews: una pradera anchísima que incluye las calles del 1 y del 9 y donde podemos pegar el driver a conciencia. Sólo un par de bunkers planos de calle nos puede molestar. Aquí no habrá colas para buscar bolas. Me parece el hoyo 1 modélico para acelerar un campo.

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El hoyo 2 es un par 4 en ascenso ya dentro del bosque a un green elevado y grande. Estamos en pleno bosque, por lo que sólo hay una opción: la calle.

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Una entrada a green que me recordó mucho a los greenes de Pedreña o de Sant Cugat, otros campos españoles de Colt: además de un bunker frontal protector, el frente del green es falso y que las bolas cortas caerán como en un tobogán. El green además está dividido por un nervio y con una pendiente constante hacia la entrada que implica putts con caídas francamente emocionantes.

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Otra de las señas de identidad de Colt son su serie de pares 3. En este caso, Colt ubica el green en lo alto de una pequeña colina. El tee está en otra colina adyacente, lo que obliga a llegar a green. Otro green con caída constante en toda su superficie.

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Después del un par 4 recto, el hoyo 5 es una maravilla de movimiento. Tras una salida semiciega, la calle desciende abruptamente hacia una vaguada. El green está en lo alto de la vaguada por el extremo contrario. El tiro es una maravilla.

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Espectacular salida la del hoyo 6 desde lo alto. Un par 5 para masacrar el driver. La calle gira ligeramente hacia la parte  izquierda. Un pequeño bunker de calle en la parte derecha de la calle y otro más grande en la derecha del green. El tiro de approach al green tiene su gracia porque la calle desciende hacia el mismo, y hay que botar bastante antes si queremos parar la bola en green.

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El hoyo 7 es un par 3 espléndido. Green en alto, con superficie inclinada y escoltado por dos bunkers en la derecha y mucho árbol en la izquierda. Posteriormente el 8 discurre en sentido contrario hacia un green alargado guardado por obstáculo de agua.

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Para terminar la primera vuelta, volvemos a la pradera del hoyo 1. Un par 4 sin mayor problema que los dos bunkers en la parte central de la pradera y las mansiones por la parte derecha.

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La segunda vuelta es más abierta, más sencilla, menos encerrada entre bosques, quizá con menos carácter que la primera. Tras un par 3 sencillo, el hoyo 11 es un curioso y discutible par 4 con una calle estrechísima que serpentea entre dos colinas. El green está en la parte derecha al fondo.

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Un par 3 corto continúa en una zona más abierta. El obstáculo de agua no debería entrar en juego salvo para los que piensen demasiado “no la tires al agua…”.

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El hoyo 13 nos enfrenta a un par 5 recto y plano como una pista de aterrizaje y con obstáculo de agua por la parte derecha. Varios bunkers salpican el borde izquierdo de la calle. Es un hoyo para atacar el birdie.

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Ascendemos a un tee elevado para disfrutar de un grandioso par 3. El pequeño estanque en frente del green seguro que almacena infinidad de bolas. También hay bunkers rodeando el green.

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Otra preciosa salida en el 15, un par 4 en ligero dogleg y con calle ligeramente inclinada de derecha a izquierda. El green está guardado por un bunker en pendiente por la parte superior que impide el ataque por ese lado.

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El hoyo 16 es el último par 5 del recorrido. Una calle ancha, generosa donde el único problema es el pequeño estanque y arroyo que cruzan la calle antes del green. Este arroyo ofrece un interesante dilema estratégico: ¿intentamos llegar a green de dos o aseguramos el tiro antes del estanque para dejarnos 120 metros?

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Cruzamos la carretera para terminar el recorrido en los hoyos 17 y 18, junto al campo de prácticas. Son dos hoyos algo sosos, bonitos pero lejos de la altura de los de la primera vuelta. Enmarcado en las montañas del Pirineo, el 17 es un gran par 4 relativamente largo y con un green pequeño y bien guardado por bunkers y lomas. El 18 nos dibuja un pequeño dogleg hacia la izquierda a un green también pequeño y protegido por pequeñas lomas.

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Sede del Lacoste Ladies Open de Francia, Azahara Muñoz acaba de proclamarse campeona por segundo año consecutivo. Un vídeo del resumen con imágenes del campo: