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La increíble hazaña de Catherine Lacoste

En la preciosa casa club de Chantaco, y en un lugar preferente, se puede contemplar la fotografía de una chica francesa muy sonriente con el US Open de 1967. Su nombre, Catherine Lacoste. Estuve leyendo por casualidad un relato de su hazaña de Georges Jeanneau, publicado en una revista de historiadores y coleccionista de golf, Golfinka. La historia no tiene desperdicio.

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Junio de 1967. Jack Nicklaus acaba de ganar a Arnold Palmer en Baltusrol su séptimo grande. Un amateur, Marty Fleckman, marcha líder hasta la última jornada, pero se hunde estrepitosamente el domingo y firma 80 golpes. Al final termina en el puesto 18.

Al otro lado del charco se prepara el equipo amateur Francés para disputar el European Ladies Team Championship en Portugal. Catherine, la jugadora más joven del equipo, es hija del famoso tenista Rene Lacoste y de la campeona del British Ladies Amateur Simone de la Chaume, y nieta de René Thion, fundador del campo de golf de Chantaco. Ha pasado todos los veranos de su infancia en el club de su abuelo, en San Juan de Luz. Hasta los 13 años no sabe que es la TV. Juega al golf, al tenis y hace deporte con intensidad. Es una jugadora notable, hábil con el hierro 2 y la madera 2, palos que la mayoría de chicas no usan.

Catherine anuncia a su federación que se borra del equipo. Ha decidido apuntarse al US Open. Una decisión que parecía absurda: medirse contra las mejores jugadoras profesionales era una temeridad. Los franceses apelan a su espíritu patriótico, en vano. Tampoco funciona su evidente inexperiencia: Catherine afronta su tercer torneo profesional, y su segundo US Open. Había ya disputado el US Open de 1965, quedando en el puesto 14 y segunda mejor amateur. En aquella ocasión sus padres la acompañan. Pese a todo, la decisión es firme.

Catherine Lacoste viaja sola en avión a Nueva York 10 días antes del torneo, que se jugaría del 29 de junio al 2 de julio de 1967 en el Cascades Course de The Homestead, en Hot Springs, Virginia. Allí se siente terriblemente sola, nadie presta atención a esta dulce amateur sin posibilidades.

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Catherine juega siete rondas de prácticas. El campo le gusta, le recuerda a Chantaco; no excesivamente largo, ligeramente ondulado, con árboles pero sin excesiva frondosidad. Durante las rondas celebra su 22 cumpleaños. Llena de confianza afronta la competición con un objetivo en mente: quedar como la mejor amateur. Sus rivales son lo más granado del golf femenino profesional: un grupo de jugadoras agresivas como víboras. Sandra Spuzich, la actual campeona, declara: “ningún amateur puede ganar este torneo, y lo saben”.

La primera jornada juega con Murle Lindstrom, americana campeona en 1962 y que es encantadora con Catherine. Firma una tarjeta de 71 golpes, el par del campo, impresionando al público con la distancia de sus maderas y la precisión de su putt. Termina la jornada como segunda clasificada a un golpe de la líder Sandra Haynie.

La segunda jornada resulta excepcional para Catherine. Única jugadora en entregar una tarjeta bajo par, consigue una ventaja de 5 golpes sobre la australiana Margie Master, rookie del año en el circuito americano. “Jugué mucho mejor de lo que dice la tarjeta. A falta de 4 hoyos iba 4 bajo par. Tuve 7 putts de menos de cuatro metros y fallé 6. Tres tripateos y cometí un bogey y un doble bogey”. Al final 70 golpes, uno bajo par.

La tercera jornada se disputa bajo un axfisiante clima pre-tormentoso. Todo el mundo espera que la pequeña francesa naufrague bajo la presión. Sin tomar muchos riesgos, sin jugar tampoco demasiado mal, Catherine perpetra 40 golpes en los primeros 9 hoyos. Pero se rehace y consigue enderezar la vuelta haciendo 34 en los segundos nueve. Mantiene su ventaja de 5 golpes sobre Margie Masters. Lo tiene más cerca.

Durante la noche del sábado al domingo llueve violentamente sobre el campo. Calles y rough están completamente encharcados. Las condiciones son durísimas. Después del primer hoyo, aumenta su ventaja a 7 golpes. Esto otorga confianza y nerviosismo a partes iguales. En el hoyo 6 cae un chaparrón y cuando llegan al green encuentra un lago. Tiene que esperar 15 minutos a que se pueda jugar. La velocidad de los greenes cambia completamente. Finalmente firma 39 golpes en los primeros 9, manteniendo una ventaja de 4 golpes.

Los nervios empiezan a atacar: comienza a fallar calles, visitar bunkers y comete tres tripateos. 5 bogeys consecutivos del 10 al 14 y parece que el cocodrilo se ahoga. Pero sigue mantenido una exigua ventaja de 2 golpes. En el 15 hace el par con un putt de 60 centímetros. En el 16, un par 5 con lago, hace un socket y comete bogey. Un golpe de ventaja. El público americano se anima, aparca sus modales y empieza a aplaudir los fallos de la francesa e incluso algunos profesionales exigen una penalidad por practicar el putt al terminar el hoyo 15, algo que la USGA permite para este torneo. Que una francesa se lleve “su” torneo es una afrenta demasiado grave.

Catherine recuerda el hundimiento de Marty Fleckman en el US masculino ese año; tal evento le obsesiona. Sabe que para ganar tiene que jugar sólido, duro, valiente, casi con actitud carnívora. Los valores del cocodrilo. Afronta el hoyo 17, un dogleg de 255 yardas con agua delante del Green. Madera 2, hierro 8 con una trayectoria alta “a la Nicklaus” y deja la bola a tres metros del hoyo. Birdie salvador. “Es aquí donde gané el US Open”, relata Catherine. “El 18 era un par 3. Con mi hierro 2 dejo la bola a 10 metros del hoyo. Tres putts me sirven para ganar. El primer putt se queda a medio metro. El segundo lo juego con suavidad, pero entra. El putt más largo de mi vida”.

Ha ganado. A las mejores. A la lluvia, a la presión, a los 5 bogeys seguidos, incluso firmando un 79. Con 10 sobre par en el total, pero dos golpes de ventaja sobre Suzie Maxwell y Beth Stone, que se reparten su premio monetario, 3600 dólares a cada una.

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Antes de recibir el trofeo, corre hacia una cabina. Llama a San Juan de Luz. Es más de medianoche en Francia. “Fue mamá quien cogió el teléfono. No la dejé ni hablar. Por primera vez en mi vida, se quedó sin palabras.” Felicita también a su padre por su cumpleaños. Rene Lacoste sólo dice una palabra a su hija: “Bravo”.

El triunfo de Catherine Lacoste revoluciona el mundo golfístico. “Cocodrile Kid”, “la hija del Cocodrilo”, “La dama asesina”, “La gran Catherine”, “Catherine se construye su propio nombre”. Todos los titulares perpetúan la leyenda de Lacoste. Es la primera amateur en ganar un US Open. La primera jugadora no americana en ganar el US Open. Y la ganadora más joven hasta 1998 cuando Se Ri Pak, una coreana, bate su record de precocidad.

Lo que parece difícil de batir es su condición de amateur campeona.

 

  1. 7 de octubre de 2014 a las 21:37

    Te tenía abandonado. mucho trabajo y las webs. Pero como siempre es un placer leerte, aquí he estado de visita. Gracias amigo😉

  2. Catherine Lacoste
    9 de octubre de 2016 a las 17:54

    Gracias por acordaros! Un abrazo

  3. 12 de octubre de 2016 a las 17:57

    Es un honor recibir entre los lectores de este blog a toda una gran campeona. Gracias a tí Catherine. Un abrazo

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