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New Course, St Andrews (Escocia)
Comento hoy uno de los campos legendarios de St Andrews Links, que pude jugar en junio: el New Course. El nombre fue muy imaginativo, y seguramente proviene de que está al lado del Old Course. El campo es nuevo, claro, o lo fue cuando fue inaugurado en 1895. Diseñado por Old Tom Morris. Está bien considerado en el mundo del golf porque es un links venerable, ubicado en un lugar excepcional para los golfistas y de un carácter clásico genuino. Pero siempre será la hermana fea de la estrella: al yacer tumbado al lado de su hermano el Old Course, siempre sufre por la comparación. Y con razón. Es un campo inferior al Old Course.
Es más o menos el el mismo tipo de campo, vegetación, terreno, hierba y rough que en el Old Course. Un links puro. Algunos pot bunkers son muy similares, aunque en el New hay muchos menos. La misma calle ondulada, llena de montañitas, valles, y arrugas. El mismo viento del mar del norte. Y los famosos tojos amarillos (en inglés gorse) que se alimentan de bolas.
Al igual que el Old Course, el New Course tiene la misma disposición en ida y vuelta que los links clásicos. Y un green compartido, el del 3 y el 15. En muchos hoyos de la ida, las bolas cerradas pueden aterrizar en las calles del Old Course. Pero la sensación que tuve, tras jugar el Old Course, es de estar en un campo más anodino, con menos carácter, y con mucho más rough (lo que da la sensación de que el campo está peor mantenido). Es un campo más estrecho y más difícil que el Old.
El New Course es más económico que el Old, cuesta 70 libras en verano. En el starter de salida te regalan un fundamental libro de distancias, porque realmente es difícil orientarse. Después de una gran comida en la casa club con vistas al Himalayas (el maravilloso campo par 3), salimos a jugar.
En este campo el tiro desde el tee te lo marcan los bunkers y el tiro a green te lo marcan los bunkers. Y tu bola siempre estará en una montañita: o cuesta arriba o cuesta abajo. Los greenes son amplios y movidos. Algunos son muy parecidos a los del Old Course, con enormes vaguadas, desniveles extraños y formas grandes.
Recuerdo especialmente varias cosas notables del campo: tras un hoyo 1 corto (par 4 corto, de 310 metros) donde lo único interesante es el bunker enorme a la entrada de green, el hoyo 3 es un par 5 notable con una calle salpicada de bunkers. El 5 es un par 3 curioso por el movimiento del green, que tiene literalmente un ombligo. También destacaría el hoyo 8, un par 5 donde el green está protegido por dos bunkers terroríficos. Y el hoyo 9, el mejor del campo, un par 3 difícil y muy escénico. Son 200 metros de tiro contra el viento, con el estuario Edén a la izquierda. El green está más bajo que los alrededores, y no hay bunkers.
A partir del hoy 10 volvemos hacia St Andrews. El 10 es de las pocas salidas en alto hacia una calle estrecha y protegida por rough; un buen test de golf. Esta es otra de las escasas fotos de que dispongo del campo. Honestamente me es imposible determinar de qué hoyo se trata, dado lo escasamente memorables que son.
La meteorología en Escocia, el Old Course y el Royal & Ancient
Esta es la historia de cómo pude jugar el Old Course de St Andrews y visitar el edificio del Royal & Ancient (R&A) gracias al mal tiempo escocés.
Era mi segundo viaje de golf a Escocia. Si se organiza un viaje a la cuna del golf con 6 meses de antelación, es muy improbable encontrar hueco para dos partidos en el Old Course. Por ello nuestro plan incluía 5 campos extraordinarios de la zona de St Andrews, pero excluía el Old Course. (Este es el famoso plano del Doctor Alistair Mackenzie del campo).

El día anterior mis amigos y yo jugamos en Carnoustie en las peores condiciones posibles, no ya para jugar al golf sino para estar en la calle. Lluvia intensa, racheada, horizontal, casi granizo desde el hoyo 1 al 18. Los pantalones encharcados desde el tee de salida. Los zapatos, balsas de agua desde el hoyo 2. Puede hacer mucho frío en junio en Escocia. Una ronda heroica y además en un campo como Carnoustie, famoso por su dificultad extrema. Sin embargo, por alguna extraña razón, disfruté enormemente, mucho más que la primera vez que jugué el campo (y conseguí hacer menos golpes). Carnoustie es un campo espectacular, lleno de trampas visuales. Palabras mayores.
Durante la cena, consultamos la previsión meteorológica para el día siguiente: las mismas condiciones dantescas por la mañana, mejora por la tarde. Teníamos contratado un doblete: Jubilee (7.20) y New Course (15.30). Con prudencia, mis 7 compañeros de viaje decidieron dormir y atacar el New Course en el turno de tarde.
Yo quería jugar, y en vista de la espantada, decidí saltarme el guión. Como ya comenté en este post sobre cómo jugar el Old Course, sabía que es posible aparecer en el starter y buscar un hueco. Llovió intensamente toda la noche. Me planté a las 7.10, en ese momento deja de llover. Había gente ya esperando, algunos desde las 4 de la mañana. El starter, todo amabilidad, me comentó que con el tiempo que hacía era muy posible que pudiese entrar. Empieza a llover con fuerza. A partir de las 8 de la mañana empiezan los tee times reservados a jugadores locales. A las 8.15, el starter pronunció mi nombre. Rápidamente pagué mi ronda (150 libras), contraté un caddie (45 libras más propina), cerré mi paraguas y avancé hacia el tee del 1. En ese momento, dejó de llover, y así permaneció hasta el 18, donde incluso nos recibió el sol.
Me emparejaron con una familia inglesa: un matrimonio y su hija adolescente. Los tres, jugadores notables. Conocían bien el campo. Una vuelta agradable y rápida. Jugando el hoyo 12, el hombre, llamado Kevin, me comentó que era miembro del Royal & Ancient Golf Club of St Andrews. Y que me invitaba a una cerveza en la sede del R&A. Acepté, casi levitando.
El edificio parece más pequeño desde fuera de lo que es. Tras firmar en el libro de visitantes, el hall de entrada te recibe con la jarra de clarete del ganador del Open Championship. En la misma vitrina luce el cinturón de ganador del Open que existía previo a esta jarra, cuando el Open se jugó en Prestwick, y cuya propiedad ganó Tom Morris (hijo).

Pasamos a un salón con vistas al tee del 1. En seguida reconocí a Allan Robertson, a Old Tom Morris, a otros miembros del R&A que adornan las paredes, junto con cuadros y planos del Old Course. Pura historia del golf. En las vitrinas, pude admirar palos de varilla de hickory, bolas de pluma (featheries) firmadas por Allan Robertson, bolas de gutta-percha firmadas por el mismísimo Old Tom Morris. (La foto es de aquí; no se permite hacer fotos dentro del club, tal y como me recordó Kevin.)

En seguida nos trajeron una cerveza bien fría en jarra de plata. Kevin me estuvo contando experiencias y anécdotas, casi todas ligadas al gran Seve Ballesteros. Me describió con veneración un golpe que recordaba del Open del 84. A Seve se le recuerda con viveza, con un enorme respeto en esta sede, en la cuna del golf.
Un gran día, y todo gracias al mal tiempo escocés.







