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La increíble hazaña de Catherine Lacoste

7 de octubre de 2014 1 comentario

En la preciosa casa club de Chantaco, y en un lugar preferente, se puede contemplar la fotografía de una chica francesa muy sonriente con el US Open de 1967. Su nombre, Catherine Lacoste. Estuve leyendo por casualidad un relato de su hazaña de Georges Jeanneau, publicado en una revista de historiadores y coleccionista de golf, Golfinka. La historia no tiene desperdicio.

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Junio de 1967. Jack Nicklaus acaba de ganar a Arnold Palmer en Baltusrol su séptimo grande. Un amateur, Marty Fleckman, marcha líder hasta la última jornada, pero se hunde estrepitosamente el domingo y firma 80 golpes. Al final termina en el puesto 18.

Al otro lado del charco se prepara el equipo amateur Francés para disputar el European Ladies Team Championship en Portugal. Catherine, la jugadora más joven del equipo, es hija del famoso tenista Rene Lacoste y de la campeona del British Ladies Amateur Simone de la Chaume, y nieta de René Thion, fundador del campo de golf de Chantaco. Ha pasado todos los veranos de su infancia en el club de su abuelo, en San Juan de Luz. Hasta los 13 años no sabe que es la TV. Juega al golf, al tenis y hace deporte con intensidad. Es una jugadora notable, hábil con el hierro 2 y la madera 2, palos que la mayoría de chicas no usan.

Catherine anuncia a su federación que se borra del equipo. Ha decidido apuntarse al US Open. Una decisión que parecía absurda: medirse contra las mejores jugadoras profesionales era una temeridad. Los franceses apelan a su espíritu patriótico, en vano. Tampoco funciona su evidente inexperiencia: Catherine afronta su tercer torneo profesional, y su segundo US Open. Había ya disputado el US Open de 1965, quedando en el puesto 14 y segunda mejor amateur. En aquella ocasión sus padres la acompañan. Pese a todo, la decisión es firme.

Catherine Lacoste viaja sola en avión a Nueva York 10 días antes del torneo, que se jugaría del 29 de junio al 2 de julio de 1967 en el Cascades Course de The Homestead, en Hot Springs, Virginia. Allí se siente terriblemente sola, nadie presta atención a esta dulce amateur sin posibilidades.

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Catherine juega siete rondas de prácticas. El campo le gusta, le recuerda a Chantaco; no excesivamente largo, ligeramente ondulado, con árboles pero sin excesiva frondosidad. Durante las rondas celebra su 22 cumpleaños. Llena de confianza afronta la competición con un objetivo en mente: quedar como la mejor amateur. Sus rivales son lo más granado del golf femenino profesional: un grupo de jugadoras agresivas como víboras. Sandra Spuzich, la actual campeona, declara: “ningún amateur puede ganar este torneo, y lo saben”.

La primera jornada juega con Murle Lindstrom, americana campeona en 1962 y que es encantadora con Catherine. Firma una tarjeta de 71 golpes, el par del campo, impresionando al público con la distancia de sus maderas y la precisión de su putt. Termina la jornada como segunda clasificada a un golpe de la líder Sandra Haynie.

La segunda jornada resulta excepcional para Catherine. Única jugadora en entregar una tarjeta bajo par, consigue una ventaja de 5 golpes sobre la australiana Margie Master, rookie del año en el circuito americano. “Jugué mucho mejor de lo que dice la tarjeta. A falta de 4 hoyos iba 4 bajo par. Tuve 7 putts de menos de cuatro metros y fallé 6. Tres tripateos y cometí un bogey y un doble bogey”. Al final 70 golpes, uno bajo par.

La tercera jornada se disputa bajo un axfisiante clima pre-tormentoso. Todo el mundo espera que la pequeña francesa naufrague bajo la presión. Sin tomar muchos riesgos, sin jugar tampoco demasiado mal, Catherine perpetra 40 golpes en los primeros 9 hoyos. Pero se rehace y consigue enderezar la vuelta haciendo 34 en los segundos nueve. Mantiene su ventaja de 5 golpes sobre Margie Masters. Lo tiene más cerca.

Durante la noche del sábado al domingo llueve violentamente sobre el campo. Calles y rough están completamente encharcados. Las condiciones son durísimas. Después del primer hoyo, aumenta su ventaja a 7 golpes. Esto otorga confianza y nerviosismo a partes iguales. En el hoyo 6 cae un chaparrón y cuando llegan al green encuentra un lago. Tiene que esperar 15 minutos a que se pueda jugar. La velocidad de los greenes cambia completamente. Finalmente firma 39 golpes en los primeros 9, manteniendo una ventaja de 4 golpes.

Los nervios empiezan a atacar: comienza a fallar calles, visitar bunkers y comete tres tripateos. 5 bogeys consecutivos del 10 al 14 y parece que el cocodrilo se ahoga. Pero sigue mantenido una exigua ventaja de 2 golpes. En el 15 hace el par con un putt de 60 centímetros. En el 16, un par 5 con lago, hace un socket y comete bogey. Un golpe de ventaja. El público americano se anima, aparca sus modales y empieza a aplaudir los fallos de la francesa e incluso algunos profesionales exigen una penalidad por practicar el putt al terminar el hoyo 15, algo que la USGA permite para este torneo. Que una francesa se lleve “su” torneo es una afrenta demasiado grave.

Catherine recuerda el hundimiento de Marty Fleckman en el US masculino ese año; tal evento le obsesiona. Sabe que para ganar tiene que jugar sólido, duro, valiente, casi con actitud carnívora. Los valores del cocodrilo. Afronta el hoyo 17, un dogleg de 255 yardas con agua delante del Green. Madera 2, hierro 8 con una trayectoria alta “a la Nicklaus” y deja la bola a tres metros del hoyo. Birdie salvador. “Es aquí donde gané el US Open”, relata Catherine. “El 18 era un par 3. Con mi hierro 2 dejo la bola a 10 metros del hoyo. Tres putts me sirven para ganar. El primer putt se queda a medio metro. El segundo lo juego con suavidad, pero entra. El putt más largo de mi vida”.

Ha ganado. A las mejores. A la lluvia, a la presión, a los 5 bogeys seguidos, incluso firmando un 79. Con 10 sobre par en el total, pero dos golpes de ventaja sobre Suzie Maxwell y Beth Stone, que se reparten su premio monetario, 3600 dólares a cada una.

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Antes de recibir el trofeo, corre hacia una cabina. Llama a San Juan de Luz. Es más de medianoche en Francia. “Fue mamá quien cogió el teléfono. No la dejé ni hablar. Por primera vez en mi vida, se quedó sin palabras.” Felicita también a su padre por su cumpleaños. Rene Lacoste sólo dice una palabra a su hija: “Bravo”.

El triunfo de Catherine Lacoste revoluciona el mundo golfístico. “Cocodrile Kid”, “la hija del Cocodrilo”, “La dama asesina”, “La gran Catherine”, “Catherine se construye su propio nombre”. Todos los titulares perpetúan la leyenda de Lacoste. Es la primera amateur en ganar un US Open. La primera jugadora no americana en ganar el US Open. Y la ganadora más joven hasta 1998 cuando Se Ri Pak, una coreana, bate su record de precocidad.

Lo que parece difícil de batir es su condición de amateur campeona.

 

Cherokee Run Golf Club, Georgia (USA)

15 de mayo de 2014 1 comentario

“Si piensas en algo parecido a Augusta y el desarrollo del golf en estos años… creo firmemente que Cherokee Run es uno de los mejores campos de golf del mundo .”  - Arnold Palmer

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Abro este post con estas laudatorias palabras, recogidas en la web del campo, del rey Arnold Palmer sobre de este campo situado en Conyers, a unos 40 minutos de Atlanta. Tales elogios no son gratuitos: Arnold Palmer Design Company diseñó este magnífico campo sobre una finca enorme, preciosa poblada de robles y cornejos y relativamente montañosa. El rey construye un campo muy movido, con muchas subidas y bajadas pero nunca pendientes excesivas. En una finca ocupada durante siglos por los indios Cherokees, estamos en plena naturaleza, sólo veremos la casa club y una casa aislada entre los árboles. Calles más o menos anchas aunque bien protegidas por bunkers, tiros a green muy bien protegidos, Palmer es de los diseñadores que cree que el golf se juega, sobre todo, con la cabeza. Aquí hay qué pensar donde ir para atacar cada hoyo porque hay muchas trampas. Los greenes son enormes, muy generosos y con caídas interesantes pero no dramáticas. En la foto, la amplia salida del hoyo 14.

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El campo data de 1995, y fue rescatado de la bancarrota en 2010 por la ciudad de Conyers. Tras pagar la irrisoria cifra de 27 dólares por un greenfee y 10 dólares por alquiler de palos (Titleist AP2), salgo a caminar el campo. El starter no se cree que pueda atreverme a andar (aquí en América lo normal es que la gente vaya en buggie). Para ellos esto debe ser el Himalaya, pero es un campo perfectamente andable y muy agradable.

El hoyo 1 es una salida en alto que sobrevuela uno de los muchos arroyos que surcan la finca. La calle se abre hacia la izquierda a un green en alto bien protegido por bunkers. Una salida espectacular. Llama la atención el tamaño inmenso de los greenes y bunkers, una constante en todo el campo. Esto es lo que Arnold Palmer imitó de Augusta National.

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Un muy buen par 3 continúa. Desde lo alto tenemos un green enorme y con bunkers frontal y lateral. Otro peligro son las escapatorias que tiene el green, con forma de flan. La hierba de bermuda tiene un tono marrón que no supone absolutamente ningún problema. Los greenes, eso sí, perfectos.

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Y después del par 3 el primero de los impresionantes pares 5 que tiene este recorrido. Palmer es famoso por sus pares 5, y éste no es una excepción. La salida es relativamente ciega a una calle que cae de izquierda a derecha. La calle va cayendo hacia la derecha con forma aplatanada y uno espera el green al final de esta calle. Pero Palmer coloca el green bien escondido en la parte derecha a una distancia más que relevante, y protegido por altos pinos. Un tiro precioso.

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Otro hoyo impresionante sigue. Un par 4 descendente en dogleg hacia la izquierda, con una calle ancha, y a la que hay que atacar sin miedo. El segundo tiro es de los que conceden la gloria eterna si la bola corona el green. Un lago antes del green supone una amenaza no apta para golfistas cobardes. El bunker trasero de green por la parte izquierda está muy bien puesto para recoger bolas abiertas largas. Y de nuevo un green con muchas curvas.

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El hoyo 6 es un largo par 3 en una zona baja del campo. El acceso a la misma está decorado por curiosas construcciones de madera: esta finca acogió las pruebas hípicas, la primera competición del Mountain Bike y los dos eventos finales del Pentatlon Moderno de los Juegos Olímpicos de Atlanta.

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Otro hoyo extraordinario es el 8, el par 5 más largo del recorrido. Una salida en alto hacia una calle estrecha que gira hacia la izquierda. Un enorme estanque apantanado enfrente del green hace desaconsejable a los pros llegar al green de dos (a mi me costó llegar de 3). Como curiosidad, un cartel nos explica que el hoyo está sponsorizado por el Juez Irwin. Muchas gracias, señoría.

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La primera vuelta culmina con un par 4 recto, aunque con un desnivel importante que impide ver el green desde el tee de salida. El green está bien guardado por un arroyo que lo bordea. Al fondo la casa club.

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El hoyo 12 es otro curioso par 3, con un green muy protegido por muros de piedra.

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El hoyo 13 cuenta con una salida en alto a una calle ascendente. Es importante reposar en calle para  alcanzar con garantías este enorme green, que cuenta con una caída de arriba a abajo tremendamente pronunciada. La foto es desde detrás del green, y no se aprecian los dos bunkers lateral y trasero que lo protegen.

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Otro extraordinario par 5 nos espera en el hoyo 14. El plano del strokesaver da una idea de lo fantástico que es el hoyo.

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La calle bordea una zona arbolada y rocosa que podremos sobrevolar si queremos llegar a green por una ruta alternativa. Nuevamente el arroyo que da nombre al club serpentea por la calle, que además está salpicada de bunkers.

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El hoyo 15 es un par 3 muy bonito donde se ve perfectamente la tipología rocosa del terreno. Otro green enorme y lleno de caídas.

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Los dos últimos hoyos son heroicos. Siempre en match play encaja muy bien un par 3 en el hoyo 17 para permitir cambiar partidos. Lo que hace Palmer es diseñar un precioso par 3 y medio. Un fácil par 4 pero que tienta al jugador a llegar de drive a green desde una salida en alto para intentar el eagle (son 245 metros desde barras verdes, y 274 metros desde barras negras). Un green enorme y protegido frontalmente por un arroyo.

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El hoyo final es otro trazado espectacular. La salida sobrevuela un pequeño arroyo que anticipa la calle ascendente.

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El hoyo gira hacia la derecha hasta llegar a un green en alto y protegido por un lago frontal. O vamos por la calle y tenemos un tiro más largo o acortamos, teniendo una serie larga de bunkers y árboles que negociar. Un gran hoyo final de un gran campo público.

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Dónde jugar al golf en Atlanta

16 de abril de 2014 Deja un comentario

Jugar al golf en Estados Unidos puede ser una cosa muy fácil o muy frustrante, según se mire.

Fácil porque hay millones de campos de golf a precios muy asequibles repartidos por todos los estados. La oferta es abrumadora, y en los rankings de los mejores campos del mundo siempre más de la mitad están en suelo americano. Frustrante porque prácticamente todos los buenos y famosos, esos que figuran en las listas de mejores campos de golf del mundo, muchos de los que vemos albergar torneos o majors, son campos privados. Uno puede jugar en todas las sedes del Open Championship, pero en America los campos privados son del tipo “cerrado a cal y canto para visitantes”: sólo admiten a socios o a amigos de socios. Así que para jugar en Augusta National (en la foto) tienes que ser periodista deportivo, conocer a algún chaqueta verde o jugarlo en la PlayStation. También hay campos en los que se puede jugar muy conocidos (Pebble Beach, Bethpage Black, etc) pero o son muy caros (Pebble Beach, por ejemplo) o para jugar hay que, literalmente, dormir en el parking del campo para coger sitio (es lo que hay que hacer para jugar en Bethpage Black, en Nueva York).

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Estando por trabajo algunos días en Atlanta, estuve buscando en qué campo jugar. El primero de la lista es un campo que está en la ciudad: East Lake, la sede del Tour Championship, el campo de Bobby Jones, uno de los mejores campos del país. Escribí un correo para reservar un tee time. No hubo respuesta. Escribí otro más. Nada. Al final, gracias a mi insistencia, conseguí una respuesta: “No.” Campo sólo para socios o amigos de socios.

Un jugador local me aconsejó acercarme a las instalaciones del club, para explicar mi caso. No me dejaron ni entrar en las instalaciones. Esta verja sólo la cruzan los socios, amigo.

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Fui a un campo de 9 hoyos adyacente a East Lake para matar dos horas. El campo es obra de Rees Jones. Jugué con un caddie de East Lake, y me contó que el acceso al campo es prácticamente imposible. Ni siquiera admiten a nuevos socios. La gran mayoría de los socios son empresas, ejecutivos de las grandes corporaciones de Atlanta (CNN, UPS, Coca Cola, Delta…) y muchos despachos de abogados, consultores, etc. La verdad es que desde fuera, East Lake no parece gran cosa.

Bueno, pues quizá podamos probar en Peach Tree, otro mítico campo de la ciudad, obra de Bobby Jones y Robert Trent Jones. También privado. Cerrado.

Peach Tree

Lo intenté con Hawks Ridge, un ejemplo de arquitectura clásica obra de  Bob Cupp. Muy amablemente me dijeron que no. Y así con varios de los campos de la ciudad privados.

Así que uno se desanima porque piensa que no poder jugar estos campos con tanto nombre. Craso error. La oferta de campos, incluso públicos, es más que apetecible. Este fue el resultado de mi investigación:

  • Cuscowilla. Un diseño espectacular de Ben Crenshaw y Bill Core. Enclavado en un hotel de lujo, lo malo es que está a  1 hora y 20 minutos de la ciudad.
  • Bear’s Best: Una colección de los mejores hoyos diseñados por el Oso Dorado, Jack Nicklaus, en más de 200 campos por todo el mundo. Este sí es un campo público, relativamente barato (80 dólares) y situado a 45 minutos de la ciudad. Cuando llamé estaba completo.
  • The Frog at the Georgian, diseño de Tom Fazio, uno de los diseñadores más importantes de la ciudad. A 45 minutos.
  • Cobblestone: Considerado como uno de los mejores campos para jugar por la revista Golf Digest en la zona. A 35 minutos de la ciudad.
  • Stone Mountain: Muy cerca del centro, el complejo cuenta con dos campos de golf: El Stonemont (obra de Robert Trent Jones) y el Lakemont.  Ambos son dos campos preciosos, con esos altísimos pinos georgianos tan característicos de la zona (y que podemos ver en Augusta).
  • Rivermont: Otro campo precioso cerca de la ciudad

Al final me decidí por un campo diseño del rey, Arnold Palmer: Cherokee Run, situado a 40 minutos de Atlanta. Pero eso será en otro post.

 

Pete Dye, el diseñador diabólico

15 de febrero de 2013 5 comentarios

Pete Dye golf CoursesPete Dye es un diseñador de campos americano a quien conocemos, sobre todo, por sus brutales diseños. Tuve la fortuna de jugar uno de sus campos, Pound Ridge, en Nueva York. Se dice que los campos de Dye son “dye-bolicos”, es decir, retos temibles para el jugador más experimentado. Campos donde los pros sufren de verdad. Dye ha firmado muchas joyas famosas: el Ocean Course de Kiawah Island (sede de una Ryder y del PGA 2012 que ganó McIlroy), Casa de Campo (el más famoso es el Teeth of the Dog, aunque luego diseñó más en este complejo de la República Dominicana), Harbour Town (inconfundible su faro, ver foto más abajo), Whistling Straits (donde Kaymer ganó su PGA), Mission Hills en China y por supuesto el TPC de Sawgrass, con quizá el par 3 más famoso del mundo. Este hoyo es portada del libro “Pete Dye Golf Courses” que acabo de leer.

Una frase resume bien su alma de sádico torturador: “El golfista apasionado jugaría en el monte Everest si alguien pusiera una bandera en su cima… el golf no es un deporte justo, así que por qué construir un campo justo”.

Para dar una idea de su dureza, la primera vez que se jugó el The Players en 1982, el TPC de Sawgrass acogió un plantel espectacular de jugadores, entre ellos 6 ganadores de grandes: Jack Nicklaus, Arnold Palmer, Lee Trevino, Johnny Miller, Lanny Wadkins y Hal Sutton sumaban 35 majors. Ninguno pasó el corte del torneo. La opinión de los jugadores tras el torneo no tiene desperdicio: “Nunca fui bueno parando un hierro 5 en el capó de un coche”, dijo Nicklaus. JC Snead remató: “Este campo es un 90% estiércol de caballo y un 10% de suerte”. A raíz de esta debacle, Dye suavizó el recorrido. Lo primero que hizo el ganador de aquella edición, Jerry Pate, fue tirarle al agua junto con el comisionado del PGA Tour Deane Beman. En la icónica foto, el momento en que Jerry se tira al agua.

Beman Dye Pate

Una breve reseña biográfica: nacido en 1925, lo primero que hay que decir es que Pete Dye se llama Paul D. Dye. Pero para diferenciarlo de su padre, se le llamó PD, que luego fue Pede y al final Pete. Fue un jugador amateur notable, y esto le permitió jugar el Old Course de St Andrews un British Amateur de 1963 (con 38 años). Su primera impresión del campo fue que era “un prado de cabras”. Sin embargo fue progresando en el torneo y después de 7 vueltas empezó a entender la grandeza del campo. Desde ahí visitó todos los grandes campos clásicos escoceses, de donde copió muchas de sus ideas: los pot bunkers, por ejemplo, o el uso de traviesas de ferrocarril para limitar bunkers. (Pete Dye escribió un libro titulado: “Enterradme en un pot bunker“). En realidad Dye ponía bunkers de todos los colores y tamaños.

PeteDye

Pete Dye empezó su carrera profesional en el mundo del seguro, pero dejó la misma para hacerse diseñador de campos, junto a su inseparable mujer Alice (que colabora con él en todos sus diseños). Su primer campo data de 1961 (Dye tenía 37 años). Su método de trabajo es siempre el mismo: sin contratos, planos, maquetas en 3D o dibujos por ordenador. Dye trabaja con un apretón de manos y andando la finca durante innumerables días hasta que el campo se va formando en su mente. Es un artista meticuloso, con enorme atención al detalle, y que siempre presta una enorme atención a la estrategia de juego y a la estética del campo. Sus campos son un puzzle para el jugador: exigen rigor en el juego y precisión en cada golpe. Cada hoyo debe ser memorable.

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Su primer gran éxito fue Harbour Town, uno de los campos más respetados de Estados Unidos. Dye se enfrentó a una finca plana y algo sosa y diseñó un campo memorable. Utilizó las encinas para bloquear entradas al green. En una época donde el gran Robert Trent Jones diseñaba campos con tees, bunkers y greenes enormes, Dye trazó greenes pequeños y pot bunkers (aunque en el 13 el bunker abraza casi completamente al al green).

Harbour Town Golf

Desde los 60 Dye ha diseñado más de 100 campos, casi todos en Estados Unidos.

La filosofía de diseño de Dye está explicada en su web. Transcribo sus ideas.

  • Los campos deben ser jugables por todo tipo de jugadores, desde principiantes a profesionales. Hay que introducir jugadores nuevos y hay que retar a los que saben. Para ello Dye suele emplear hasta 5 tees de salida. Aunque hay que adaptarse al cliente: si el promotor quiere un campo difícil, Dye afilará el lápiz de diseño para crear un campo de pesadilla.

Indiana

  • La experiencia de golf debe ser memorable. El jugador debe ser capaz de recordar los 18 hoyos al terminar la vuelta. Hay que evitar hoyos vulgares o repetidos.

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  • Las calles deben de ser anchas. Un famoso arquitecto dijo: “Calles estrechas y hierba alta son los malos remedios a un diseño pobre”. Dye sobre todo piensa en campos públicos, donde el juego lento es un problema. No basta con coger calles: hay que tirar el drive a una zona determinada de la calle para ir a por birdies.
  • El golf se juega más agradable cuando es cuesta abajo. Da una mejor perspectiva del golpe.
  • Dye también es acreditado por rediseñar de nuevo pares 4 cortos.
  • Los greenes grandes reducen el stress sobre los mismos cuando hay mucho jugador. Eso al final favorece un uso reducido de fertilizantes y pesticidas, lo que redunda en un daño menor al medio natural.

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  • Dye también dice que trabaja de cerca con  los greenkeepers y responsables de mantenimiento para que éste sea mínimo (en realidad todos los arquitectos dicen esto). Las caras de los bunkers deben poder favorecer la entrada de máquinas.
  • También Dye deja amplias áreas nativas que no exijan mantenimiento. Son muy típicas sus “waste areas”.

En el año 2008 Pete Dye ingresó en el Salón de la Fama de golf.

El golf, deporte presidencial

29 de mayo de 2012 1 comentario

¿Cuántas rondas de golf han jugado Mariano Rajoy este año? La respuesta es sencilla: las mismas que jugaron en su día Zapatero, Aznar, González, Calvo Sotelo o Suárez.

Ninguna.

Nuestros presidentes no sólo han destacado por no saber inglés cuando llegaron a su puesto: tampoco sabían jugar al golf.

En Estados Unidos tal afición sí que está muy ligada al cargo presidencial: los últimos 14 presidentes de Estados Unidos han sido golfistas. Y algunos, muy notables: George H. W. Bush es miembro del Salón de la Fama de Golf, y llegó a ser hándicap 11. Su hijo George W. Bush también jugaba con asiduidad, y así fue ridiculizado por Michael Moore en su película “Fahrenheit 911″.

¿El mejor jugador? Sorprendentemente, y pese a sus crónicos dolores de espalda, John F. Kennedy, como se comenta aquí.

Ike Eishenhower (en la foto con Arnold Palmer) era socio de Augusta National, de hecho un árbol lleva su nombre, el Pino de Eisenhower, porque pidió que lo cortaran ya que siempre le fastidiaba el hoyo 17 (naturalmente no le hicieron caso). Ike jugó 800 rondas de golf en sus 8 años de mandato, es decir, 1,9 rondas por semana.

Pero eso no es nada comparado con el auténtico campeón del golf presidencial: Woodrow Wilson, presidente desde 1913 hasta 1921, es decir, durante la Primera Guerra Mundial, que firmó nada menos que 1,600 rondas de golf durante sus 8 años en la Casa Blanca. Y eso que casi nunca bajaba de 100 golpes por ronda. Son 160,000 golpes presidenciales. Y eso que quedó medio paralizado a falta de un año y medio de terminar su mandato.

Podría pensarse que esta es una afición más ligada a presidentes republicanos. Pues es lo contrario. Y para muestra, esta web donde se cuentan las rondas de golf que lleva Obama desde que es presidente. Barack Obama lleva la bonita cifra de 96 rondas de golf, de ellas 13 fines de semana seguidos en la primavera verano del 2011. Este esparcimiento lúdico de Obama no está exento de polémica, y curiosamente quien más le ataca son los republicanos, con Mitt Romney a la cabeza.

Sinceramente: hacen mal en machacarle por esto: nada como una buena ronda de golf para aliviarse del estrés, aguantar las preocupaciones y soportar la pesada carga de su posición.

El US Open de 1962: el primer grande de Jack Nicklaus

2 de mayo de 2012 Deja un comentario

En 1962, un rookie de 22 años llamado Jack Nicklaus, ganador del US Amateur, gana su primer major a Arnold Palmer, “The King”, en Oakmont Country Club en Pensilvania, muy cerca de la casa de Palmer. Arnold era el rey, el número 1 absoluto de este deporte y una gran estrella en Estados Unidos, y en ese año ya se había proclamado campeón del Open Championship y del Masters, además de otros 5 torneos. En el Phoenix Open Invitational de ese año ganó con una ventaja de 12 golpes sobre el segundo, el propio Jack Nicklaus. Para el Oso Dorado, éste fue su primer título profesional. Para el rey Palmer este torneo fue una maldición: no volvió a ganar un US Open, quedando segundo 4 veces en 6 años. Para todos, en este major comienza una de las más bonitas rivalidades de la historia del golf.

Palmer desaprovechó una ventaja de 3 golpes en la última jornada. El torneo terminó con los dos jugadores empatados después de 72 hoyos con 283 golpes (-1).

En el play-off disputado el lunes, y con los 22.000 espectadores apoyando a Palmer y ridiculizando a Nicklaus, éste comenzó arrollador y se puso 4 golpes por delante en 6 hoyos.  Arnold protagonizó una de sus habituales remontadas para ponerse uno abajo, pero el rookie consiguió destrozarle al final. El problema de Palmer fue claramente el putt: hizo 13 escalofriantes tripateos en los 90 hoyos jugados del US Open. Nicklaus sólo hizo un green a tres putts, en el primer hoyo del play off.

La USGA acaba de estrenar un vídeo sobre este histórico primer major de Jack Nicklaus.

Sugerencia: Canal+Golf, ¿podríais emitirlo como previa del US Open?

ACTUALIZACIÓN: Previo al US Open del 2012, Canal+ Golf emitió este programa y otros similares de US Open históricos. ¡Gracias!

Cabell B. Robinson, un americano en Marbella

29 de abril de 2012 2 comentarios

Cabell B Robinson es un arquitecto norteamericano nacido en 1941 que ha desarrollado casi toda su carrera profesional en España. Sin duda uno de los grandes. Aunque hay muchos jugadores profesionales de golf que se pasan a ser diseñadores de campos (en España Seve Ballesteros, José Piñero, Txema Olazábal…incluso recientemente Miguel Angel Jiménez ha diseñado un campo en la República Checa), Cabell Robinson es diseñador profesional “pata negra” por formación. En Estados Unidos uno puede formarse en esta especialidad: después de estudiar Historia en Princeton, se graduó en la escuela de Diseño de Harvard y posteriormente obtuvo el título de “Arquitecto de paisajes” (Landscape Architecture) en Berkeley en 1967. Pertenece a la American Society of Golf Course Architects, el único miembro afincado en Europa. Y Golf Magazine le incluyó en el panel que elabora la lista de los 100 mejores campos de golf del mundo (vuelvo a presentarme voluntario para este panel).

 

En Harvard conoció a Rees Jones, el hijo de Robert Trent Jones, y  a raíz de esta amistad trabajó durante los veranos en el estudio de Trent Jones en New Jersey. Cuando terminó sus estudios se incorporó como arquitecto al estudio. En los tres años que trabajó en Estados Unidos, diseñó un complejo en Puerto Rico (Cerromar, Dorado Beach), un campo en Michigan (Oakland Hills) y en Nueva York (Crag Burn Club). Además viajó por todo Estados Unidos conociendo campos de golf, sobre todo los diseñados por Trent Jones.

En 1970 se convierte en el responsable de la oficina de Trent Jones para Europa, y se establece en la costa del Sol, en Marbella. Allí permanece durante 17 años, hasta que en 1987 monta su propia oficina. El éxito de los diseños de Trent Jones en dos campazos como Sotogrande (1964) y Las Brisas (1968) hizo que llovieran los contratos. En los siguientes 17 años Trent Jones proyectó 25 campos en Europa, muchos de ellos en España, y Cabell Robinson estuvo implicado en todos ellos: Mijas Golf, Los Naranjos, Las Brisas, El Bosque (Valencia), Royal Golf d’Agadir (el espectacular campo sede del Open de Marruecos, en la foto), Quinta da Marinha, La Duquesa, Marbella Golf & Country Club y por supuesto Valderrama.

En 1987 se establece por su cuenta. Como diseñador principal, firma dos campos en La Cala de Mijas, en un terreno difícil. Posteriormente reconstruye Los Olivos, diseña La Reserva de Sotogrande (en la foto abajo), Santana Golf & Country Club y Valle Romano. Fuera de España destaca el campo portugués de Praia del Rey o el de Palheiro Golf en Madeira, los 27 hoyos de Golf Les Dunes en Agadir, el de Aphrodite Hills en Chipre, el Golf De Limere en Francia (Orleans), el Lugano Golf Club en Suiza, etc. Sus últimas obras maestras son Finca Cortesín y Las Colinas.

Robinson tiene fama de ser un arquitecto meticuloso, detallista, implicado en cada proyecto. No hace campos mediocres y rechaza encargos que no ve viables. Y sus campos no son copias unos de otros. Adapta al terreno que tiene el mejor diseño. Se ha convertido en una garantía de calidad, buen diseño, paisajismo y grandes rondas de golf.

En este video sobre Valleromano explica algunos de sus principios de diseño: le gusta construir campos con calles anchas, porque piensa en el amateur tipo, no en hacer campos para pros solamente. No le gusta poner bunkers u obstáculos de agua o de otro tipo que sean ciegos. Le gusta retar al jugador con segundos tiros tensos (describe Valleromano como un campo de segundos tiros). Greenes de tamaños variados y con formas diferentes que permitan posiciones de bandera complicadas. Y por supuesto el respeto por la flora y condiciones del lugar donde construye el campo, así como el uso de agua reciclada.

He leído una entrevista suya (aquí) en que defiende la profesionalidad y denuncia el intrusismo de muchos profesionales a la hora de ser diseñadores. Según Robinson, el diseñador es una mezcla de talento y formación. Los pros tienen a construir campos pensando en las zonas donde aterrizan las bolas, pero no en los problemas y obstáculos adyacentes que los jugadores amateurs ven. Además tienen a imitar los grandes hoyos que conocen, construyendo cosas que no son adecuadas por el terreno o su mantenimiento.

Hay excepciones, dice: Jack Nicklaus, por ejemplo, que se rodeó de gente capaz y aprendió el oficio. O leyendas del golf tan honestas como Arnold Palmer, que siempre deja claro que le pagan por el nombre y para pegar el primer drive de salida, pero no por diseñar. También se refiere a Seve, un diseñador pobre por culpa de los terrenos con los que trabajó para construir campos (véase Santa Marina o Los Arqueros). Según Robinson, hay sitios donde “ni Dios mismo” sería capaz de construir un campo decente. En la entrevista también aboga por hacer campos no pensados en super-pegadores, jugando con la posición de los tees de salida. Me parece una reflexión muy acertada contra el virus “Tiger Woods”: en el PGA Tour ya se han dado cuenta que no tiene sentido seguir alargando campos y dificultan los recorridos de otra manera.

Para mi, sus campos demuestran es que para ser buen diseñador no hay que ser pro, y que un jugador profesional no tiene porqué ser un buen arquitecto de campos. Un grandísimo diseñador casi español.

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