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Golf Platja de Pals (Gerona)
El primer campo de golf construido en la Costa Brava es un precioso recorrido envuelto en un denso bosque de pinos. Por eso sólo hay una ruta para alcanzar el green: ir muy recto y sin abusar de slice o hooks. En caso contrario nos enfrentamos ante un miserable infierno de bolas perdidas. Si además sopla el viento, como ocurre con frecuencia, el resultado puede ser sonrojante. Esta es una foto aérea del campo; pese a la cercanía con el mar, no disfrutaremos de vistas al Mediterráneo en toda la vuelta.
Las obras del campo comenzaron en 1964, bajo el proyecto y dirección del ilustre arquitecto inglés Fred Hawtree (1916-2000), autor también del Golf Vallromanes en Barcelona, y que fue Presidente de la Asociación Británica de Diseñadores de campos. Las fotos antiguas de la casa club dan fe de un terreno mucho menos arbolado que el actual, en una España en blanco y negro bastante lejana. El campo completo se inauguró en 1970, disputándose dos años más tarde un Open de España. El campo goza de un mantenimiento impecable. Los greenes, bien cuidados y regulares, pero lentos como tortugas. Campo cómodo de andar, plano, realmente bonito, como espero ilustren las fotos. Ésta es del campo de prácticas junto a la casa club.
Jugar entre tanto bosque produce dos efectos: por un lado es una vuelta muy agradable incluso en verano, porque siempre hay muchas sombras. Por el lado negativo, es un campo lento; el partido que teníamos delante nuestro afirmaba haber jugado “a buen ritmo” en el último tee, cuando sobrepasabamos las 5 horas y 20 minutos, algo que para mi es una aberración. Es un campo penal e infernal sobre todo para handicaps altos (me tocó jugar con dos novatos y entre ambos debieron perder unas 20 bolas). Hay demasiada gente buscando demasiadas bolas. Y cuando las encontraban, sorprende ver como la gente se olvida de una de las máximas del golf entre árboles: aunque veamos el green, lo normal es que las bolas vuelen por el aire. Y nunca van a atravesar las ramas de los árboles. Así que cuando nos metamos en la pinaza lo más aconsejable es buscar un tiro ratonero a la calle sin tratar de emular a Mickelson.
El hoyo 1 es un par 4 corto, donde es fundamental (como en todos los hoyos) encontrar la calle. Por la parte izquierda de la misma, la calle tiene una gran depresión, así que si tiramos por ahí la bola puede rodar hacia los pinos. Hay que salir con un hierrito recto. El segundo tiro debe sujetar la bola en el centro del green, que tiene forma de flan y hace que las bolas poco precisas salgan del mismo. Este el el hoyo desde el green.
El hoyo 2 es un par 4 con un ligero dogleg de derecha a izquierda. Un bunker recibe los tiros rectos desde el tee. La foto da hasta un poco de claustrofobia; sí, es una salida estrecha. El green, elevado sobre la calle, cuenta con tres bunkers de protección.
El hoyo 3 es otro par 4 totalmente recto y algo más ancho. Ojo con el fuera de límites a la derecha del hoyo. Es mejor ir por la izquierda de la calle, como veremos más adelante.
Un árbol en la parte derecha puede añadir tensión en nuestro segundo tiro. Destaca un gran bunker en toda la parte derecha del green, contorneado como una ameba gigante.
El hoyo 4 es un magnífico par 4 con una salida en alto desde donde se ve la silueta del Montgrí, el bisbe adormit, hacia una calle que gira muy ligeramente hacia la derecha. Un gran bunker en la parte derecha de la calle recogerá los tiros demasiado agresivos.
Jugamos después un par 5 casi recto enmarcado en el pasillo de pinos ya común de este campo, aunque a una calle algo más ancha que lo habitual. Aquí sí que podemos sacar del driver todo lo que lleva dentro.
Varios bunkers de calle dan más dificultad a la ruta de acercamiento al green, aunque no deberían molestar demasiado.
Un respiro en el siguiente hoyo, un par 3 relativamente corto a un green rodeado por bunkers.
El hoyo 7 es un precioso par 4 con una salida ciega y que gira posteriormente en ligero dogleg hacia la izquierda. La bola puede recorrer muchos metros si supera la loma que impide ver este dogleg. Nuevamente estar en calle vuelve a ser vital. Sendos bunkers en cada lado nos marcan los extremos de la calle.
El segundo tiro puede estar obstaculizado por dos pinos enormes que lucen en medio de la calle, a unos 100 metros de la entrada del green. Normalmente no entrarán en juego salvo que tengamos la mala suerte de pegar muy fuerte la salida. Ojo también con los bunkers del green en ambos lados.
El hoyo 8 es un par 5 bastante franco, con calles más anchas y bordes menos arbolados. Hay que evitar mojarse en el lago que acompaña a la calle cerca del green, por su parte izquierda. Podemos apoyarnos en la parte derecha, por donde discurre la calle del hoyo 13.
Para terminar la primera vuelta, nos topamos con un par 3 en el que la dificultad está en la mente del golfista principiante. Hay que superar un lago, pero no es un tiro excesivamente largo. El green está bien protegido por bunkers profundos.
La segunda vuelta comienza con un par 4 en dogleg hacia la izquierda, y donde la salida es muy tensa. ¿Intentamos acortar la ruta al green volando por encima de los árboles? ¿O tratamos simplemente de poner la bola en calle? Seguramente el campo ya nos habrá dado alguna bofetada, por lo que lo lógico es agachar las orejas, guardar el driver en la bolsa, poner la bola en calle e intentar el birdie desde la misma.
El hoyo 11 es un par tres corto y con salida en alto. Hay que olvidarse de que hay un montón de ramas de pinos que impiden ver con nitidez el green, porque no entran en juego. Es lo que llaman “bunkes del aire”. Otros bunkers de verdad sí que se despliegan a la entrada del green. Desde el tee no notaremos la tramontana en contra, pero si hay viento, sopla fuerte por arriba.
Seguimos hacia el hoyo 12, un par 4 largo precioso, aplatanado, que va girando buscando el hoyo hacia la derecha y que por tanto admite tiros con mucho riesgo para llegar bien a green. Lo aconsejable es no buscar aventuras y pasear tranquilamente por la calle. La salida es franca, aunque parezca estrecha.
Los dos siguientes hoyos son hoyos rectos, pares 4 y 5, y sin demasiados problemas. El green del 14 tiene una doble plataforma, por lo que hay que ver donde está la bandera para ajustar con el tiro. El 14 es un par 5 de casi 500 metros.
El 15 es un par tres con el tee en alto a un green amplio y bien protegido por bunkers. El 16, un nuevo par 5 interesante porque la salida está en dogleg hacia la derecha. La salida es enormemente ancha y estaremos en la zona menos arbolada del campo, por lo que es un hoyo bueno para pegadores.
El hoyo 17 es un difícil par 4, dogleg hacia la izquierda y una salida protegida por dos enormes bunkers de calle. El green cuenta con más bunkers de protección en su parte derecha.
El recorrido termina con otro par 5, aunque recto, estrecho y complicado. Fácil liarse fuera de calle, donde el bosque amenaza. El green es muy largo y algo estrecho.
También muy recomendable el hoyo 19, en un buen restaurante y una terraza muy agradable. Mientras escribía estas líneas, he encontrado un comentario reciente de Enrique Soto en Crónica Golf, que adjunto aquí.
Club de Golf Reus Aigüesverds (Tarragona)
Ya hemos comentado en este blog dos buenos campos tarraconenses: Costa Dorada y Lumine. Comento hoy el Club de Golf Reus Aigüesverds, inaugurado en 1990, situado a escasos 3 kilómetros de Reus. No es un campo mejor que los anteriores, pero cuenta con una de esos alicientes golfísticos que quizá compensen una visita al campo: un hoyo isla, aberrante desde el punto de vista de lo que es el diseño clásico de golf, pero francamente divertido. Reus Aigësverds es un campo bastante plano, fácil de caminar, pero muy estrecho, con calles angostas y donde si uno se sale de calle el rough es o complicadísimo o fuera de límites. No me gustó la poca naturalidad del campo, la sensación de campo artificial encajado, más que nacido, del terreno que lo rodea. El hoyo isla es un buen ejemplo: está más cerca de los hoyos circenses del minigolf que de la naturaleza. El mantenimiento del campo es correcto si estamos en calle, pero el rough está muy desigual y penaliza demasiado. Los greenes, duros y al parecer casi siempre rapidísimos, pero cuando jugamos no lo estaban tanto. El diseño es obra de la empresa GCG, encabezada por Juan Cruz. No he conseguido averiguar nada de este diseñador. La casa club es un edificio de estilo neocolonial restaurado.
El recorrido que se comenta en la web del club ha sido modificado recientemente; el campo de prácticas ahora está en frente de la casa club, donde antes estaba el hoyo 1. El nuevo hoyo 1 es el antiguo hoyo 8: un par 4 recto y plano. El agua de la derecha no entra en juego en este hoyo, sí en el siguiente.
De forma interesante, el diseñador ha colocado un enorme búnker en el centro de la calle (salpicado con áreas de rough) para forzar al jugador a decidir si volarlo o quedarse corto del mismo. Hay un muy estrecho pasillo por la izquierda del bunker, pero tirar ahí exige precisión milimétrica. El tiro a green debe tener cuidado de no pasarse para no salirse fuera de límites.
El hoyo 2 vuelve hacia la casa club. Como hemos comentado, el aliciente está en la forma de sortear el lago que protege al green. Una salida larga puede llegar al agua, por lo que quizá interese ser conservador en la salida. Nuevamente, la salida no destaca por su enorme anchura.
Desde ahí nos toca una caminata de 600 metros hasta llegar al tee del 3, explicable por el rediseño del campo. El 3 es un par 5 largo en ligero dogleg a la derecha. La salida debe ser precisa y recta, evitando los bunkers de la izquierda. El segundo tiro es a una calle bastante estrecha y recta hasta un green protegido por bunkers.
El hoyo 4 es el más singular del campo, el hoyo isla. En algún sitio he visto que lo asemejan al 17 del TPC de Sawgrass, comparación bastante atrevida no sólo desde el punto de vista estético (un graffiti no es comparable a un Velázquez), sino porque creo que en este tiro entra mucho más en juego el viento que en el campo del The Players. Es un green plano y circular rodeado por una charca, con más agua por detrás que por delante. Muy lejos de la sensación de naturaleza que debería tener un campo de golf.
Un jugador local me comentó que había visto emplear desde madera a sand wedge. El viento azota el hoyo (en nuestro caso, un fuerte viento de cara), y hace que el tiro tenga que ser muy preciso. La diversión está asegurada.
El hoyo 5 es un par 5 muy largo, con una entrada al green de una dificultad surrealista. Los árboles de la izquierda marcan la calle y por la derecha, un fuera de límites inmisericorde. El hoyo cuenta con un obstáculo de agua al que no hay que llegar con el segundo tiro. Además el green está elevado, rodeado de bunkers y con caídas fuertes. Un hoyo muy difícil. Esta es la vista desde detrás del hoyo, donde se puede ver lo estrecho de la calle al acercarse al green.
El 6 aprovecha el green del antiguo hoyo 1; es un par 3 muy cortito y sin mayores problemas.
El hoyo 7 es el antiguo hoyo 5. Un dogleg fuerte a la izquierda, rodeado por fuera de límites, con una salida más bien estrecha.
El siguiente hoyo nos acerca a un par 3 en subida. El green presenta caídas importantes y hacia nosotros, por lo que conviene tener tiro para patear desde abajo. Esto es complicado si la bandera está corta o detrás del bunker frontal.
Para terminar la primera vuelta, un par 4 engañoso, con una salida que parece francamente estrecha y con un out a evitar en la parte derecha. En la izquierda un bosque nos amargará el tiro. Y después de un hoyo 10 par 5, en subida y con un pequeño arroyo cruzando la calle, el 11 nos enfrenta a un par 4 en bajada, recto y nuevamente bastante estrecho.
El hoyo 12 es un par 3 largo, con un obstáculo de agua que no entra en juego por su cercanía. El green es plano pero no sus contornos.
El hoyo 13 es otro par 4 corto y con una salida en la que hay que evitar irse al bunker de la izquierda de la calle, porque después hemos de superar un obstáculo de agua para llegar a un green con plataformas. No hay duda de que los bunkers de calle están bien situados: en nuestra partida los 4 integrantes nos fuimos a la arena. Un hoyo bastante truquero. Avanzamos después al 14, un par 5 en el que tiro de salida te enfrenta a un dogleg brutal hacia la derecha. Hay fuera de límites para el que quiera arriesgar. Un green con abundantes pendientes nos espera al final.
El hoyo 15 te enfrenta a una salida muy estrecha en la que hay que poner la bola en calle. Desde ahí disparamos a un green amplio y descendente, con un tiro bonito.
El 16 tiene una salida ciega. La calle es ancha, y si tiramos un buen drive, la bola avanzará muchos metros en la cuesta abajo que avanza hacia el green. Un green por otra parte con una pendiente salvaje. Lo que se ve blanco de la izquierda es el plástico de una balsa de agua.
Después de un par 3 muy largo, un 18 nuevamente ridículamente estrecho, fuera de límites a la derecha, obstáculo de agua y bunkers protegiendo el green. Y un rough aterrador. No es un hoyo fácil para acabar. La foto muestra el tiro a green, desde una calle realmente estrecha.
Pete Dye, el diseñador diabólico
Pete Dye es un diseñador de campos americano a quien conocemos, sobre todo, por sus brutales diseños. Tuve la fortuna de jugar uno de sus campos, Pound Ridge, en Nueva York. Se dice que los campos de Dye son “dye-bolicos”, es decir, retos temibles para el jugador más experimentado. Campos donde los pros sufren de verdad. Dye ha firmado muchas joyas famosas: el Ocean Course de Kiawah Island (sede de una Ryder y del PGA 2012 que ganó McIlroy), Casa de Campo (el más famoso es el Teeth of the Dog, aunque luego diseñó más en este complejo de la República Dominicana), Harbour Town (inconfundible su faro, ver foto más abajo), Whistling Straits (donde Kaymer ganó su PGA), Mission Hills en China y por supuesto el TPC de Sawgrass, con quizá el par 3 más famoso del mundo. Este hoyo es portada del libro ”Pete Dye Golf Courses” que acabo de leer.
Una frase resume bien su alma de sádico torturador: “El golfista apasionado jugaría en el monte Everest si alguien pusiera una bandera en su cima… el golf no es un deporte justo, así que por qué construir un campo justo”.
Para dar una idea de su dureza, la primera vez que se jugó el The Players en 1982, el TPC de Sawgrass acogió un plantel espectacular de jugadores, entre ellos 6 ganadores de grandes: Jack Nicklaus, Arnold Palmer, Lee Trevino, Johnny Miller, Lanny Wadkins y Hal Sutton sumaban 35 majors. Ninguno pasó el corte del torneo. La opinión de los jugadores tras el torneo no tiene desperdicio: “Nunca fui bueno parando un hierro 5 en el capó de un coche”, dijo Nicklaus. JC Snead remató: “Este campo es un 90% estiércol de caballo y un 10% de suerte”. A raíz de esta debacle, Dye suavizó el recorrido. Lo primero que hizo el ganador de aquella edición, Jerry Pate, fue tirarle al agua junto con el comisionado del PGA Tour Deane Beman. En la icónica foto, el momento en que Jerry se tira al agua.
Una breve reseña biográfica: nacido en 1925, lo primero que hay que decir es que Pete Dye se llama Paul D. Dye. Pero para diferenciarlo de su padre, se le llamó PD, que luego fue Pede y al final Pete. Fue un jugador amateur notable, y esto le permitió jugar el Old Course de St Andrews un British Amateur de 1963 (con 38 años). Su primera impresión del campo fue que era “un prado de cabras”. Sin embargo fue progresando en el torneo y después de 7 vueltas empezó a entender la grandeza del campo. Desde ahí visitó todos los grandes campos clásicos escoceses, de donde copió muchas de sus ideas: los pot bunkers, por ejemplo, o el uso de traviesas de ferrocarril para limitar bunkers. (Pete Dye escribió un libro titulado: “Enterradme en un pot bunker“). En realidad Dye ponía bunkers de todos los colores y tamaños.
Pete Dye empezó su carrera profesional en el mundo del seguro, pero dejó la misma para hacerse diseñador de campos, junto a su inseparable mujer Alice (que colabora con él en todos sus diseños). Su primer campo data de 1961 (Dye tenía 37 años). Su método de trabajo es siempre el mismo: sin contratos, planos, maquetas en 3D o dibujos por ordenador. Dye trabaja con un apretón de manos y andando la finca durante innumerables días hasta que el campo se va formando en su mente. Es un artista meticuloso, con enorme atención al detalle, y que siempre presta una enorme atención a la estrategia de juego y a la estética del campo. Sus campos son un puzzle para el jugador: exigen rigor en el juego y precisión en cada golpe. Cada hoyo debe ser memorable.
Su primer gran éxito fue Harbour Town, uno de los campos más respetados de Estados Unidos. Dye se enfrentó a una finca plana y algo sosa y diseñó un campo memorable. Utilizó las encinas para bloquear entradas al green. En una época donde el gran Robert Trent Jones diseñaba campos con tees, bunkers y greenes enormes, Dye trazó greenes pequeños y pot bunkers (aunque en el 13 el bunker abraza casi completamente al al green).
Desde los 60 Dye ha diseñado más de 100 campos, casi todos en Estados Unidos.
La filosofía de diseño de Dye está explicada en su web. Transcribo sus ideas.
- Los campos deben ser jugables por todo tipo de jugadores, desde principiantes a profesionales. Hay que introducir jugadores nuevos y hay que retar a los que saben. Para ello Dye suele emplear hasta 5 tees de salida. Aunque hay que adaptarse al cliente: si el promotor quiere un campo difícil, Dye afilará el lápiz de diseño para crear un campo de pesadilla.
- La experiencia de golf debe ser memorable. El jugador debe ser capaz de recordar los 18 hoyos al terminar la vuelta. Hay que evitar hoyos vulgares o repetidos.
- Las calles deben de ser anchas. Un famoso arquitecto dijo: “Calles estrechas y hierba alta son los malos remedios a un diseño pobre”. Dye sobre todo piensa en campos públicos, donde el juego lento es un problema. No basta con coger calles: hay que tirar el drive a una zona determinada de la calle para ir a por birdies.
- El golf se juega más agradable cuando es cuesta abajo. Da una mejor perspectiva del golpe.
- Dye también es acreditado por rediseñar de nuevo pares 4 cortos.
- Los greenes grandes reducen el stress sobre los mismos cuando hay mucho jugador. Eso al final favorece un uso reducido de fertilizantes y pesticidas, lo que redunda en un daño menor al medio natural.
- Dye también dice que trabaja de cerca con los greenkeepers y responsables de mantenimiento para que éste sea mínimo (en realidad todos los arquitectos dicen esto). Las caras de los bunkers deben poder favorecer la entrada de máquinas.
- También Dye deja amplias áreas nativas que no exijan mantenimiento. Son muy típicas sus “waste areas”.
En el año 2008 Pete Dye ingresó en el Salón de la Fama de golf.
El nuevo hoyo 14 del PGA Catalunya (Stadium Course)
Me entero a través de un habitual comentarista de este blog, miembro de la OmCat, que se está preparando una importante remodelación del hoyo 14 del PGA Catalunya (Stadium Course), quizá el mejor campo de España. No es la única: muchos tees “de blancas” están siendo modificados para alargar y endurecer el recorrido a los pros. Al parecer a alguien le preocupa que los profesionales hagan muchos birdies; a este bloguero no.
El hoyo ya es un hueso temible por su longitud y estrechez. Este es el vídeo de su recorrido. Exige una salida larga y muy recta para evitar los bunkers. Cualquier bola abierta visitará un inquietante bosque de pinos. Cualquier bola cerrada en exceso sufrirá el mismo infortunio.
La zona anterior al green es una pequeña vaguada que estaba prácticamente siempre encharcada. El diseñador Angel Gallardo está cambiando esta vaguada por una riera que cruza en diagonal antes del green, una solución atractiva y retadora. Las veces que jugué el hoyo vine a parar a esta vaguada (tras una salida poco afortunada) para intentar el par con approach y putt. Ahora ya no podré.
El hoyo se complica terriblemente para los amateurs. No estoy seguro que se pueda jugar corto de la ría sin riesgo de que la bola ruede mansamente hacia ella. Habrá que salir fuerte y recto y arriesgar a green.
No creo que la riera entre en juego para los profesionales, ya que queda bastante alejada del green. En este sentido me parece una modificación adecuada (por el terreno) pero letal para los amateurs.
El recorrido original del Club de Golf Sant Cugat
El año que viene el Club de Golf Sant Cugat celebra su centenario. El recorrido es obra del gran diseñador británico Harry Colt, autor también del recorrido de Pedreña o el de Puerta de Hierro en Madrid. Estuve indagando para saber qué queda del recorrido original de Colt: sobre el campo han pasado muchos años, muchas crisis e incluso una guerra. Estando en (casi) la misma localización, el routing es bastante diferente al que disfrutamos hoy. Además, el paso del tiempo y la naturaleza ha transformado lo que era una zona relativamente despejada al campo muy arbolado, corto para los estándares actuales y técnico.
El campo actual, totalmente urbano, discurre entre cuatro zonas bien diferenciadas, y obliga a cruzar las calles de Sant Cugat para atravesar de una a otra zona del campo. Las cuatro zonas son:
- La zona de la vía del tren, donde están los tres primeros hoyos y las instalaciones de prácticas.
- La zona de la casa club, donde jugaremos los hoyos 4 al 7 (antiguos hoyos 1 al 4 antes de la última modificación)
- La zona de montaña, que acoge los 8 hoyos del 8 al 15. En realidad hay 9 hoyos, y uno de ellos no se suele jugar: el par 3 “El Mirador” sustituye a un par 4 en verano.
- La zona de la balsa, donde están los últimos 3 hoyos del recorrido.
He dibujado sobre una vista de Google Earth el mapa del recorrido actual, que fue modificado a finales del 2012. (Se puede agrandar la foto haciendo click sobre la misma)
El campo se construyó en tres fases diferenciadas:
- Fase I: Hoyos 1 al 9, en la zona de casa club y montaña.
- Fase II: Ampliación con tres nuevos hoyos (entre 1920 y 1921), ubicados en la zona de la balsa.
- Fase III: Últimos 5 hoyos, terminados en 1927, ubicados en la zona del ferrocarril.
¿Qué hay de Harry Colt en el recorrido actual? El diseño original difiere bastante del que se juega hoy. Este es el plano aproximado de la localización de los hoyos originales, más un comentario de los mismos (subrayando lo que queda de Colt):
- Hoyo 1: Un par 5 de 476 yardas. El tee de salida estaba cerca del actual tee de salida del hoyo 4, y el green estaba cerca del actual green del hoyo 5.
- Hoyo 2: La salida de este par 5 estaba próxima al tee de salida del hoyo 6 par 3 actual. El green, pegado a una balsa existente entonces, y que discurría paralela a un camino que hoy es la Rambla de Rivera. El camino discurría por la zona arenosa actual, estando la carretera actual en los terrenos del golf.
- Hoyo 3: El tee de salida de este par 4 estaba situado a unos 100 metros delante del actual green del hoyo 7. Desde ahí, cruzando la Rambla actual, el hoyo ascendía a un green ubicado cerca de los grandes cipreses actuales. El hoyo estaba bautizado como “Los Hilos”, ya que las bolas golpeaban con frecuencia los tendidos de luz.
- Hoyo 4: Un par 3, apodado “Tío Genaro”, cuyo green se encuentra hoy ocupado en terrenos ajenos al club, tras la venta de los mismos en 1976.
- Hoyo 5: Nuevo par 5, cuya salida estaba donde hoy hay una rotonda. El hoyo describía un pequeño dogleg e iba a caer justo antes de llegar a la balsa de arriba del recorrido.
- Hoyo 6: Con alguna pequeña variación el la localización del tee de salida, este es el actual hoyo “Mirador”, marcado en en mapa del recorrido actual como hoyo 19 (ya que se suele jugar en los meses de verano).
- Hoyo 7: Este par 4 descendente se apodaba “El Tobogán”: salía algo más abajo del green del “Mirador”, cayendo fuertemente hasta el actual green del hoyo 7 actual “Colchón”. El green, aún así, no se construyó levantado como está hoy, sino que gozaba de memorables caídas.
- Hoyo 8: Salía de la curva de la rambla de Rivera, cerca del roble y, superando la pendiente, iba a encontrar un green construido al pie del camino del refugio.
- Hoyo 9: Nuevo par 5 recto, que, desde cerca del refugio, atravesaba toda la zona alta y cruzaba el camino a Can Trabal (actual Career Bisbe Morgades). El green estaba frente a la mina que separa los hoyos 16 y 18 actuales.
- Hoyo 10: Similar al actual hoyo 16 “La Mina”; con el tee adelantado 50 metros.
- Hoyo 11: Este par 3 nacía de la actual zona boscosa cercana al green del 10, junto a la riera, y ascendía más allá de la Calle Canadá a un green hoy en zona de casas.
- Hoyo 12: Un buen hoyo riesgo recompensa: el tee estaba cercano al green del 11. Desde esta salida se bordeaba la balsa hasta ir a parar al actual green del 18. Los muy pegadores podían acortar por encima de la balsa.
- Hoyo 13: Un hoyo muy similar al actual hoyo 1, “Los Bunkers”, aunque el tee de salida estaba situado donde hoy está la calle Vila.
- Hoyo 14: El mismo par 3 “Frontón” que se juega hoy.
- Hoyo 15: El tee de salida estaba situado junto al green del “Frontón” e iba a parar a un green que estaba junto a la actual zona de prácticas de los infantiles.
- Hoyo 16: Desde cerca del green del 15 salía un par 3 corto, hacia un green cercano al actual green del 1. El lago es posterior, antes había una riera cercana al green.
- Hoyo 17: Un par 3 que partía desde la mitad de la calle del hoyo 1 actual, hacia la zona de prácticas.
- Hoyo 18: El tee de salida estaba detrás de la vía del tren, muy poco transitada en aquella época. El green estaba situado cerca de la casa club.
Esta es la tarjeta del recorrido original:
(Lectores de más de 90 años que recuerden el campo original: por favor comenten esta descripción.)
Centro Nacional de Golf, Madrid
El Centro Nacional de Golf Emma Villacieros lleva el nombre de la ex-presidenta de la Federación Española de Golf, en calidad de principal promotora. Sin discutir sus indudables méritos, me resulta curioso este personalismo; recuerda a la costumbre, antaño común, de denominar a los estadios de fútbol con el nombre del presidente de turno, como si fuesen obra suya exclusivamente, o fuesen ellos propietarios legítimos. Con todo, el nombre no ha calado entre los aficionados, que se refieren a esta instalación como el “campo de la federación”. (En la foto, los hoyos 2 y 3 desde el tee del 6).
Aunque sienta una irrefrenable afición al golf, es lógico pensar que construir un campo público de golf es un acto poco responsable de cómo usar dinero público, ya que puede ejercer competencia desleal al empresario privado que explota una instalación similar. Y sobre todo habiendo otros usos para emplear este dinero público (por ejemplo, devolverlo al contribuyente). En honor a la verdad, este campo es necesario por varias razones: además de que en Madrid hay innumerablemente más aficionados al golf que campos, el proyecto ha restaurado un área perdida para la ciudad, donde se acumulaban vertederos de escombros y por donde pululaban camellos y drogadictos en búsqueda mutua. Hoy el lugar, aunque el campo no sea un prodigio estético por su ausencia de árboles, es un lugar indiscutiblemente más bello que antes, y debemos agradecer el empeño de la Federación por esta obra. Madrid disfruta hoy de un campo de golf urbano, al que se puede acceder en metro o autobús y que pese a las críticas comunes resulta un recorrido retador e interesante. Lo creo apto para buenos jugadores y para principiantes. En la foto el 16, el hoyo emblemático, desde la sede de la Real Federación Española de Golf.
El campo aparece firmado por Dave Thomas (arquitecto contrastado de Belfry, Abama o Terre Blanche entre otros) y Jorge Soler-Peix, más el equipo de Green Project que lideran Alfonso Viador y Magi Sardà. Hay que aplaudir el trabajo de los diseñadores del campo para encajar un buen recorrido en una finca difícil por su orografía y tamaño. El campo goza de hoyos notables, entre los que se encuentran el 1, 2, 9, y la segunda parte, especialmente los últimos hoyos. Es un campo semi-plano y sin árboles, y esto lleva a algunos a decir aquello de “tipo links”, aunque francamente no tiene mucho que ver con un links. No es un campo fácil: estrecho, en demasiadas ocasiones las calles se estrechan más en en lugar de aterrizaje del driver. Si el rough está alto (como estaba cuando se inauguró) puede ser una pesadilla. Los greenes, notables. Los búnkers, aunque tienen buena arena, están en un estado penoso, certificando el intenso uso del campo.
El hoyo 1 es el par 5 más largo de la vuelta. Desde el tee podemos ver en ligera subida todo el camino al green: hay que empezar con tres buenos golpes para llegar. Se ve el ondulado de la calle, y cómo cae de izquierda a derecha.
El hoyo 2 es un par 4 con forma de codo de izquierda a derecha. Según seamos de pegadores podemos intentar acortar por la derecha o directamente apuntar a la calle, sin llegar a los bunkers que la protegen.
Un buen green protegido por un profundo bunker a la entrada en la parte derecha. Al fondo, las cuatro torres de la ex-ciudad deportiva del Real Madrid.
El hoyo 3 es un bonito par 3 a un green plan y protegido por un bunker a la izquierda.
El hoyo 4 es un par 4 estrecho, donde tendremos que apretar para llegar bien a calle. A la izquierda varios bunkers protegen la calle. El green es enorme y está bien guardado por un bunker en su parte izquierda. En la foto se aprecia la estrechez de la calle.
Pasamos a un par 5 largo, calle estrecha, bunkers de protección. La bola mejor por la parte izquierda. Nuevos bunkers esperan al jugador en el green. En este hoyo tuve la mala fortuna de irme por el rough de la izquierda: no es nada aconsejable.
El hoyo 6 discurre plano y paralelo, en parte, a la M-40. Por la derecha además varios bunkers, además del fuera de límites, nos obligan a apuntar por la izquierda. Un bunker protege por la derecha la entrada del green.
El hoyo 7 es un par 4 corto y con un green pequeño. Obligatorio ir por la parte izquierda de la calle. El 8 es un par 4 muy largo, con un drive en bajada que desciende hacia un green bien protegido por bunkers. Detrás, la zona de prácticas.
El 9, finalmente, es un par 3 largo en bajada y protegido por un lago por la izquierda. Hay un desnivel importante por lo que el tiro debe ser controlado. El green tiene un suave desnivel que ofrecerá putts divertidos.
La segunda vuelta abre con un par 5 largo en subida. Hay bunkers por la parte izquierda y derecha que hay que evitar. La calle gira ligeramente hacia la izquierda. El segundo golpe nos permite contemplar el green y sus bunkers.
El 11 es un par 4 relativamente corto, en ligera subida y recto.
El hoyo 12 es un hueso precioso. Nos invita a apretar el drive y tratar de ganar la máxima distancia en una calle descendente. El segundo tiro nos plantea si atacar bandera o ser más prudente y evitar el lago que atraerá las bolas más timoratas. El stance inclinado de la calle nos planteará dilemas adicionales.
El 13 es un dogleg enorme a la izquierda y en subida. No hace falta machacar la bola desde el tee, porque nos quedaremos a una distancia cómoda de un green invisible. Muchos bunkers protegen el green del acceso directo por parte de bombarderos. Hay que conocer el green y la posición de bandera para atacarlo convenientemente, porque guarda moderadas caídas.
El 14 es un par 3 larguísimo. El Monte del Pardo queda a la derecha del mismo. Una vaguada anterior al green recogerá los tiros de escasa potencia. También hay profundos bunkers esparcidos por sus inmediaciones.
El 15 nos enfrenta a una caída brutal desde el tee de salida, cosa que agradece un drive bien pegado y recto. No conviene mover mucho la bola porque los efectos la enviarían a un rough criminal, sobre todo por la izquierda. De nuevo muchos bunkers protegen al green.
El 16 es un par 5 espectacular, todo un prodigio de diseño estratégico. El clásico hoyo plátano con un lago esperando los tiros más agresivos. Por la parte izquierda, el agua, pero por la derecha tampoco hay que despreciar los peligros. La foto corresponde al Madrid Masters del 2009, donde este hoyo era el 18.
El 17 es un par 3 nuevamente largo, con agua a la izquierda. Hay que evitar los bunkers de la parte derecha.
Por último el 18 nos lleva directamente hacia la casa club en suave bajada. La línea por encima del bunker de la derecha acortará distancias, aunque podemos ir por la izquierda. El segundo tiro a un green en alto está protegido por agua.




































































































































